Entregar la vida a Dios, sea en la vocación que sea, merece siempre la pena. Antonio Navarro Carmona

Hoy tenemos la suerte de entrevistar a Antonio Navarro Carmona, sacerdote de la Diócesis de Córdoba, recientemente nombrado responsable de la Pastoral Universitaria de esa diócesis.

Antonio, lo primero, ¿Cómo descubriste tú la vocación y porque piensas que ha merecido la pena dar tu vida a Dios siendo sacerdote?

La vocación no se descubre de un día para otro, sino que es un proceso lento de maduración y de escucha de lo que Dios quiere para ti. También hay que tener en cuenta que Dios se sirve de las circunstancias y de las personas que pone a tu lado para marcar tu camino. En mi caso, yo conocí el Seminario siendo adolescente, y acudía a convivencias y encuentros con otros chavales de mi edad. Era un ambiente estupendo, compartiendo con ellos risas y momentos lúdicos a la vez que ratos de oración y de encuentro con el Señor. No sé explicarlo, pero me sentía en mi sitio y decidí entrar como seminarista. Los años en el Seminario me ayudaron a descubrir que Dios me quería como sacerdote suyo, siempre con la guía de los formadores que la Iglesia te brinda para acompañarte.

Entregar la vida a Dios, sea en la vocación que sea, merece siempre la pena, porque Él nos sitúa en el lugar de la Iglesia y del mundo donde mejor podamos dar fruto. Como sacerdote, es un gozo poder ser testigo de la acción de Dios en la vida y el corazón de muchas personas. Es más, es un privilegio ser el canal por el que Dios pueda actuar, sobre todo en los sacramentos, donde Él regala su amor y su misericordia, acompañando a los fieles en su camino de seguimiento de Cristo. También los feligreses son un regalo grande, no solamente por el cariño que te brindan como pastor suyo que eres, sino porque te ayudan a ser mejor sacerdote y a vivir con fidelidad tu propia vocación, superando los momentos difíciles que nunca faltan, sea cual sea nuestra vida.

Has pasado varios años estudiando en Roma. En concreto en la Universidad Gregoriana, ¿Qué han supuesto para ti vivir en la ciudad donde vive Pedro, el centro de la vida de la Iglesia?

Cuando los sacerdotes van destinados a Roma, van con la tarea de realizar una serie de estudios para luego ponerse al servicio de la diócesis en los campos de la enseñanza y la formación de los seminaristas y los laicos. Son años de lectura y aprendizaje que ayudan a crecer desde el punto de vista intelectual, y eso es un regalo. En mi caso, me dediqué al estudio del islam y su relación con la doctrina cristiana y la misión de la Iglesia. Para mi ha sido un descubrimiento. Conocer el islam me ha ayudado a reflexionar mejor mi fe católica, a conocer a los que no creen ella y las razones que les mueven, y a comprender mejor ciertos fenómenos que suceden en nuestro mundo, ya que es un tema de inmensa actualidad.

Por otro lado, como bien apuntabas, esa estancia en Roma no fue solamente estudiar y leer. Vivir en el centro de la Cristiandad, junto al Papa, el Sucesor de Pedro, es una experiencia eclesial. Allí encuentras a toda la Iglesia, cristianos y sacerdotes de todos los países, con los que compartes la única fe que nos une más allá de culturas e idiomas. Desde el punto de vista humano y cristiano, esas personas con las que convives te enriquecen con su forma de vivir el seguimiento de Cristo, te hablan del contexto de sus países, de cómo se desarrolla allí la misión de la Iglesia… En definitiva, estar en Roma te da una mirada global de toda la Iglesia… ¡y te admira aún más su riqueza y grandeza!

Te acaban de nombrar responsable de la Pastoral Universitaria de tu diócesis, Córdoba. ¿Retos, desafíos?

Los desafíos son muchos, ya que los sacerdotes estamos acostumbrados a “jugar en casa”, a actuar en nuestras parroquias e instalaciones, donde atendemos a los que vienen a nosotros. La Universidad es “salir fuera”: se trata de un ámbito externo e independiente, donde se mueven personas de todo tipo e ideas, entre los cuales hay muchos que piensan que la religión no pinta nada en el campo de lo intelectual, como algo contrario a la razón o que debe situarse en lo puramente privado. Esto es un falso prejuicio: hay que demostrar y explicar por qué lo es y, de este modo, intentar romperlo. A la vez, hay muchos estudiantes y profesores que son católicos, y que viven su labor desde un punto de vista cristiano. La Pastoral Universitaria afronta el reto de ser el punto de referencia para todos ellos, coordinándolos para que su presencia en la Universidad sea fermento y luz hacia aquellos que están lejos de la Iglesia, ofreciendo un rostro cercano y amable de la misma. Asimismo, lo peculiar de la Universidad es la investigación y conocimiento en todos los ámbitos del saber. El cristianismo, en su largo recorrido histórico, tiene un gran legado cultural, ético y humanístico que ofrecer al “campus”, lugar en el cual todos los pensamientos deben tener cabida y entrar en diálogo desde el respeto, caminando juntos en la búsqueda de la Verdad. 

Hoy muchos jóvenes creen que hay una cierta desconexión entre su vida y lo que la Iglesia les propone, ¿Qué piensas, cuales serían las posibles soluciones? ¿Qué puede hacer la Pastoral Universitaria para que Dios no sea un desconocido en la universidad?

Personas y jóvenes hay de todos tipos. Soy consciente de que, para un buen número, la Iglesia tiene una fama horrible. Sin negar las culpas y negligencias que los miembros de la Iglesia han cometido, esta mala opinión es exagerada por los medios de comunicación, y está mal fundamentada y llena de ideas erróneas. La solución pasa por mostrar el rostro de la Iglesia real, tal y como es, y no como la muestran ciertos medios; entrar en diálogo, acoger y escuchar. Muchos no han conocido nunca a un cura o a alguien católico, y puede suponer un descubrimiento positivo si se tiene el debido talante. 

Otros han tenido alguna mala experiencia con la Iglesia o la religión, o simplemente pasan de todo aquello que suponga reflexionar y se dedican a vivir por y para “pasarlo bien”, sin “rallarse” ni hacerse pregunta profunda alguna. Con ellos, es incluso más difícil. Sinceramente, a veces prefiero a los que tienen una opinión, aunque sea contraria, a aquellos “pasotas” que ni tienen opinión ni les interesa tenerla. Provocar preguntas puede ser la vía, en este caso.

 Sin embargo, hay muchos jóvenes que buscan un sentido de la vida, que piensan y reflexionan sobre qué es lo bueno y lo verdadero, y qué camino es el correcto. Con ellos hay muchas posibilidades, y la acción pastoral puede dar fruto desde el encuentro, la cercanía y el afecto, mostrando a Cristo como Aquel que puede saciar los deseos profundos del corazón humano y como el Camino que conduce a la Verdad y la Vida plena, feliz. El encuentro personal y el clima de confianza, en este caso, es imprescindible. Somos sembradores, y hay que ser pacientes y constantes: solamente Dios sabe cuándo vendrá el fruto.

Muchísimas gracias Antonio y esperamos vernos pronto.