Los frutos del Camino Neocatecumenal

No son pocas las veces que se escuchan voces criticando tal o cual cosa del Camino Neocatecumenal. No es aquí el lugar para debatir sobre este punto, lo que es difícil de refutar son los innumerables frutos por todo el mundo y, como no, en la vida consagrada.

Son muchas las chicas que han descubierto su vocación gracias al Camino.

Como cuenta la hermana Yolanda, maestra de novicias del Monasterio de San José de las Carmelitas Descalzas de Antequera, que las monjas más jóvenes de la comunidad son del Camino: «La hermana Nazaret tiene 34 años, es natural de Brasil y lleva cuatro años en este Monasterio, ella es juniora e hizo su profesión temporal el 8 de septiembre del año pasado. Y las hermanas Marcela (28), Carolina (31) y Judith (27) son naturales de Colombia y novicias en este monasterio, al que llegaron hace dos años y medio. Y las hermanas Marlen (35) y Tatiana (28), también de Colombia, son postulantes y acaban de llegar hace poco tiempo. Todas ellas proceden del Camino Neocatecumenal».

Marcela (28 años, Bogota), cuenta que llegó al Monasterio de San José hace dos años y medio y su historia arranca: «La primera vez que sentí que el Señor me quería para él tenía 14 años y me encontraba en un encuentro de jóvenes del Camino Neocatecumenal, en mi país. En ese momento pensé que había algo más grande por vivir pero se quedó solo en el anhelo. Pasaron los años, entré a la Universidad, estudié Fisioterapia y Enfermería y comencé a trabajar dando clases en la Universidad y en un hospital. Seguía yendo a la comunidad pero realmente vivía como cualquier joven, sin saber buscar a Dios. Cuando peor estaba, llegó la mirada del Padre, esa que es solo amor. Ocurrió en una Eucaristía en la que el Evangelio era el del Hijo Pródigo. Y, como dice mi santa Madre Teresa de Jesús, para mí fue la primera de muchas determinadas determinaciones. La llamada no es algo fácil de explicar ni  describir porque Dios nos llama a todos los jóvenes de maneras muy particulares. La respuesta se da solo en el corazón de quien se siente amado, respetado, valorado por este amor sobrenatural que es Dios uno y trino. Teniendo siempre presentes las palabras del papa Benedicto XVI, cuando dice que Dios no quita nada y lo da todo, me quise fiar de Él y dejar de lucha inútilmente contra quien yo creía ser y dejar a Dios ser el protagonista de esta historia. Cuesta muchísimo, no es fácil salir de mi familia, mi tierra, mis comodidades, de quien creía ser y ponerme en marcha como los misioneros. Todo por amor y para que los demás crean en este amor que no quita nada y lo da todo. En especial, esa extraña pero inevitable felicidad de lo cotidiano, lo pequeño y lo aparentemente  inútil de nuestra vida. Desde este hermoso lugar del Monasterio de las Carmelitas Descalzas de Antequera, donde experimento día a día el amor de Dios representado en las hermanas y en nuestro querido obispo D. Jesús, en los sacerdotes, los seminaristas y los laicos y en toda la gran familia diocesana malagueña que somos parte de este Cuerpo Místico que es su Iglesia universal, bajo el amparo de la Santa Virgen María del Monte Carmelo».

Fuente: Diócesis de Málaga