Te quiero, Jesús. Y te amo, con todo mi corazón, con toda mi alma, con toda mi mente y con todas mis fuerzas.
Hoy, el Señor le pregunta esto a Pedro, a su mano derecha, pescador de hombres elegido, que traicionó a Jesús en vida física. Se lo pregunta para redimirlo, perdonarlo y que el propio Simón-Pedro pueda perdonarse a sí mismo.
Es momento para reflexionar: ¿Cuántas veces le he de decir al Señor que mi amor es verdadero teniendo en cuenta todas las traiciones o desaires que le he proferido?
Que te haga caso, Señor, cuando me dices: SÍGUEME.

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