El evangelio de ayer nos trae un gran reto: guardar la Palabra de Dios.
Ese desafió, como vemos en aquellos que su vida ha sido iluminada por la fidelidad al evangelio, tiene dos pequeños termómetros: lo que dicen los testigos de nuestra vida (familia, los amigos o los compañeros de trabajo) y la verdadera Paz.

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