Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden

Esta petición es potente… el perdón, ¡vaya tema! Pero es que, además, tiene dos partes: Perdóname Señor porque yo perdono al que me ofende.

Vayamos por partes…

¿Para qué buscas el perdón de Dios? ¿Qué es lo que buscas cuando vas a pedir el perdón de Dios? Pedimos que aquello que nos separa de Dios sea aniquilado, el mal es la ausencia de bien, por tanto, pedimos que todo aquello que nos divide, nos separa se termine, se aniquile, se borre. Y Dios vuelva a estar en nuestro corazón. Cuando vamos a la Confesión le estamos diciendo al Señor: «Quiero vivir en tu corazón, vivirTe a ti. Que nada me separe de Ti, y todo aquello que me separa elimínalo». No solo buscamos consuelo, fortaleza, sino sobre todo consolar el Corazón de Cristo, que nada nos separe de Él. Lo que quiero de verdad es tenerte a Ti. ¿Cómo vives tú la confesión? ¿Qué es lo que más desea tu corazón cuando te confiesas? ¿Qué crees que es lo que más está deseando el Señor? 

Y la segunda parte: «Como nosotros perdonamos a los que nos ofenden»

Jesús nos pide  que seamos  Su imagen y, por tanto, igual que Él nos perdona, nosotros también tenemos que ser capaces de perdonar, de llevar la misericordia de Dios a todos, incluso a aquellos que parece imposible perdonar. Acoger el perdón y ofrecerlo es lo que más nos asemeja a Dios. Nos pide que amemos como Él. ¡Cuántas veces nos dice en el Evangelio que amemos, que perdonemos…!

«Un mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a los otros; que como yo os he amado, así también os améis los unos a los otros» (Jn 13, 34). «En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros» (Jn 13, 35).  «Anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. (Mt 5, 24).

Es muy clarificadora la parábola del deudor que no perdona (Mt 18, 21-35).

Si no tomamos la iniciativa en el perdón, somos incapaces de amar bien y hasta el final. Quien perdona es quien más ama, es la lógica del amor, es reconocer que la otra persona te importa. 

Perdonar con el perdón de Dios y como Él perdona: 

«El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra: «Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra». E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra. Ellos, al oír estas palabras, se iban retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos; y se quedó solo Jesús con la mujer, que seguía en medio. Incorporándose Jesús le dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?» Ella respondió: «Nadie, Señor». Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más»» (Jn 8, 1-11).

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«—Señor, ¿cuántas veces debo perdonar a alguien que peca contra mí? ¿Siete veces? —No siete veces —respondió Jesús—, sino setenta veces siete.» (Mt 18, 23). 

«Padre, perdónales porque no saben lo que hacen» (Lc 23, 34).

¿Cómo perdonas tú? ¿Hasta dónde?

El día que no perdones, no amarás.