«A veces hay que creer para ver»

«A veces me preguntan si, sabiendo todo lo que iba a pasar, volvería a tener a Candela. La respuesta es que sí. No me perdonaría haberme perdido esa alegría inmensa aunque tenga que estar triste el resto de mi vida», cuenta Carmen Díaz a Alfa y Omega.

Carmen reconoce su tristeza tras la muerte de su hija de 9 años después de sufrir un cáncer, pero la transforma en alegría a través del servicio a los demás, implicándose en la investigación para la lucha contra el cáncer.

Ella explica que uno de los legados que le ha dejado su hija es su alegría en en la enfermedad: «Mamá, no es tan malo tener cáncer. Fíjate, ¡así estamos juntitas todo el día!».

Y en el plano espiritual le ha dejado otro gran legado cuando madre e hija iban con frecuencia a la Capilla del hospital y hablaban de Dios. Candela contó que sentía el abrazo de Dios. «A veces hay que creer para ver». Estas palabras se han quedado fijadas en la memoria de Carmen Díaz. De ellas saca el ánimo para rehacer su relación con Dios, con quien discute a menudo porque se niega a «que me haya enviado a Candela solo para quitármela y hacerme sufrir».

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