#HiloSacerdotal

Ayer, cuando leí este #HiloSacerdotal en Twitter, de mi amigo @javiviendo, no pude menos que darle las gracias y pedirle que me dejara publicarlo. Aviso: @Suseando es su novia con la que se casa en breve. ¡Aquí va el hilo!

Hoy como cada 27 de mes ofrezco el día en oración por las vocaciones sacerdotales. Además deseo ofrecer un testimonio sobre el don del sacerdocio en mi vida. Comienza el .

Lo cuento como experiencia personal, como miembro de una Iglesia que se duele por tan graves pecados y tanto encubrimiento, tanto engaño. No es mi intención esconder o tapar toda la mierda que está saliendo, ni matizarla un solo gramo.

Pero si todos tenemos la responsabilidad de ser transparentes entonces tengo que hablar de tanto bien recibido, aunque el Padre vea en lo escondido y juzgue todo, por lo menos que la mirada sobre los sacerdotes sea un poquito mejor.

Yo nací en una familia creyente y así mi madre (qepd) quiso educarme, desde pequeñito (más) en el afecto a la figura del sacerdote (incluso cuando alguno no nos caía demasiado bien).

Sobretodo desde mi pubertad en mi parroquia el trato fue excelente: fui monaguillo, entre en el coro, fui a convivencias, oraciones comunitarias, pronto diversas peregrinaciones. Y el trato se extendía no solo a los sacerdotes de la parroquia sino a otros. También al Seminario.

No solo no me han hecho ningún mal, al contrario, me han hecho muchísimo bien, algo que solo Dios pagará debidamente. Y no es que nunca me haya enfadado o haya discutido con ninguno, pero donde ha podido haber diferencias y desencuentros también ha habido perdón y concordia.

Por el testimonio de muchos puedo decir que nació la pregunta de si el Señor me quería sacerdote a mí también. Me dejó claro que no, pero he seguido y seguiré rezando para que a muchos llame y respondan que si. Y a los que ha llamado que les sostenga con su Gracia.

Tantos han hecho de mi gran parte de lo que soy: el entorno, la formación, la dirección espiritual, hasta trabajo. Pero sobretodo me han dado a Jesucristo en la Eucaristía, me han perdonado los pecados, me han enseñado a rezar y a querer a la Virgen y a muchos santos.

Me han dado esperanza y consuelo, alegría y muchas risas. Me han ayudado a querer más a a ser mejor laico, a querer más a la Iglesia. Y todo lo que queda.

Con muchos he compartido tiempos y espacios físicos en tantos lugares y con muchos otros también por aquí.

A todos y cada uno un enorme gracias con el corazón en la mano. Por el don de vosotros mismos, entregado a Cristo y a su Iglesia.

Sé que hay gente que no pueda decir lo mismo, sé que hay gente que aunque les cientos de testimonios así no cambiará sus historias o sus prejuicios. Sé que en nada cambiará los males cometidos. Pero hay que contarlo todo.

Que no se trata solo de rezar por el aumento de las vocaciones, hay que rezar por los que están dando su vida, a veces con muchas dificultades personales, familiares, sociales, espirituales.

Dios os bendiga a todos, también con santos sacerdotes cerca. Y a los sacerdotes, mi oración y afecto. Gracias.