Mirar hacia dentro de uno mismo y de los otros requiere no quedarse solo “viendo” lo exterior, valorando y juzgando a nuestros amigos o a nuestra pareja según sus actitudes y comportamientos. Conocer al otro exige ver en profundidad y para ello se necesitan momentos de silencio, de mirar al otro sin prejuicios y entrar en contacto con su ser más profundo, con lo que realmente siente, piensa y vive.
Para llegar al corazón del otro es preciso liberarnos de lo que nosotros proyectamos sobre ellos y de nuestros prejuicios. A veces creemos conocer al otro y en realidad solo vemos su exterior. Creemos saber cómo se siente y en realidad no lo sabemos.
La confianza en el otro permite ver lo invisible, la fe en el otro permite llegar más lejos. Cuando abrimos el corazón y confiamos podemos dejar que el otro sea quien verdaderamente es y no lo que nosotros esperamos o imaginamos. Cuando buscamos conocer al otro en profundidad podemos sorprendernos y descubrir su permanente novedad. Amar es ver con ojos nuevos, es mirar más allá de lo visible.
Miguel Pastorino
Tomado del Blog Ser Persona de D. Vicente Huerta
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