Un hombre un perro y un caballo

Esta semana estoy en Santiago de Chile impartiendo media docena de sesiones. El lunes, mientras me aclimataba al huso horario de acá me acerqué a comer al Mercado Central de Santiago, que es un“templo” para cualquiera al que le guste el pescado. Allí, mientras terminaba de comer, entablé conversación con un tipo simpatiquísimo que comía en la mesa de al lado.

Le expliqué el motivo de mi viaje y me contó esta historia:

Un hombre, un caballo y un perro caminaban por un valle seco en un día abrasador. Aunque ellos aún no eran conscientes, ya estaban muertos e iban avanzando en busca de su descanso eterno. El camino empezó a empinarse y andaban empapados en sudor y con mucha sed. En una curva de la senda vieron un magnífico portón de mármol con pomos y picaportes de oro. Estaba entreabierto y dentro vieron una fuente que brotaba agua cristalina y a un hombre que la custodiaba.

– Buenos días, ¿qué lugar es este? – dijo el caminante.

– Buenos días. Esto es el cielo – respondió el guarda.

– Tenemos mucha sed y es fantástico que hayamos llegado al cielo. ¿Podemos beber?

– Usted puede beber toda el agua que desee – dijo el guardián señalando la
fuente – pero no está permitido el acceso a los animales.

– ¡Oh! Pero el perro y el caballo son mis amigos y también tienen sed.

– Lo siento, los animales no entran.

El hombre se sintió muy decepcionado y rabioso, pero no estaba dispuesto a dejar a sus amigos con sed mientras él bebía. Así que siguieron caminando. La sed y el cansancio se multiplicaban cuando encontraron una puerta vieja semiabierta. Dentro había unos cuantos árboles y junto a uno de ellos, a la sombra, una fuente. También había un guardia.

– Buenos días. Estamos con mucha sed. ¿Podríamos beber agua? – dijo el
hombre.

– Adelante por favor, pasen y beban a voluntad.

El hombre, el perro y el caballo entraron y saciaron su sed. Cuando se habían repuesto preguntaron al guardia qué lugar era aquel

– El Cielo – respondió el guardia.

– ¿El Cielo? ¡Pero si nos han dicho en la puerta de mármol y oro que aquello
era el cielo!

– Aquello no es el cielo. Aquello es el infierno – aclaró el guardián.

– Pero entonces esa información provocará grandes confusiones – protestó
el hombre.

– De ninguna manera. En realidad nos hace un gran favor, porque allí quedan aquellos que son capaces de abandonar a sus mejores amigos en los momentos de dificultad.

Posiblemente, a la mayoría de nosotros no nos ocurra una situación tan límite con nuestros amigos o nuestros compañeros. Quizá muchos pensemos que en una situación así, nunca los abandonaríamos. Posiblemente. Pero quizá estamos cometiendo pequeños abandonos en momentos que ellos nos necesitan. No son momentos de vida o muerte, pero quizá ante un problema profesional, un nuevo reto, una crisis familiar, un bache emocional… no ponemos todo nuestro hombro para que se apoyen. O más: ni siquiera somos conscientes de que pueden estar atravesando un mal momento.

No olvides que muchas veces, detrás de las puertas de mármol y oro, de la gente con la que pasas la vida, no hay muchas fuentes, y algunos necesitan que les dejes tu cantimplora. ¡Abre los ojos a ello!

Esta entrada es del Blog de nuestro amigo Carlos Andreu  al que puedes acceder desde el enlace que te dejo.