Con síndrome de Down cumplen 25 años de matrimonio

El diario ABC publica una historia de amor, de lucha, de perseverancia… Un ejemplo para todos de un matrimonio con síndrome de Down:

Hace tres décadas, Kris Scharoun-DeForge fue a bailar, vio a Paul DeForge e inmediatamente se enamoró. Reflexionando sobre ese día, no duda en afirmar: «Miré a Paul a los ojos y vi mi futuro».

La pareja, que tiene síndrome de Down, celebró sus 25 años de matrimonio el 13 de agosto de 2018, fecha en la que decidieron renovar sus votos.

«Tienen un amor incondicional», comenta Susan Scharoun, la hermana de Kris. «Se complementan totalmente el uno al otro».

El apoyo mutuo sigue siendo el secreto de este matrimonio de décadas. «Ella es más vulnerable emocionalmente y él siempre ha sido su roca», asegura Scharoun.

Pero llegar al altar no fue fácil. Muchos se oponían a su relación y no creían que las personas con síndrome de Down pudieran casarse. «Tuvieron muchas dificultades», reveló Scharoun. «Pero debían tener derecho a tomar esa decisión».

«Cuando se acercaban a la fecha de compromiso por sus cinco años de relación y realmente querían casarse, comenzamos a planear su boda», dijo Scharoun.

Si bien la pareja compartió muchos años felices juntos, ambos enfrentan complicaciones de salud. Kris tiene diabetes tipo 1 y Paul demencia. Las personas con síndrome de Down tiene menor esperanza de vida y suelen padecer enfermedades relacionadas con el envejecimiento de forma precoz. Paul se encuentra en una unidad de cuidados intensivos y Kris continúa viviendo en su apartamento con supervisión. A pesar de que Paul recibe una atención excelente, ha sido un cambio difícil para la pareja.

«Tuvimos que decirle que no iba a regresar y todo se volvió realmente difícil para ella», dijo Scharoun. Kris estuvo en el hospital durante dos semanas con neumonía y la pareja celebró su renovación de votos en la capilla de allí. Todavía pueden verse varias veces a la semana.

A pesar de sus problemas de salud, Scharoun dice que su hermana y su cuñado son una prueba de que las personas con discapacidad intelectual pueden tener matrimonios satisfactorios.

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