Muchos de nosotros estamos volviendo a casa con ilusiones nuevas y todos con la esperanza de ayudar a muchos a descubrir a Jesús. El secreto es volver a la Casa, ser templo del Espíritu Santo y para eso: vida de oración.

Artículo anteriorFernando: el primer peregrino en cama adaptada
Artículo siguienteFruto de un estupro, hoy es sacerdote