La mujer a la que escuchó el Papa Francisco.

El periódico Hoy de Extremadura ha hecho una gran entrevista a la mujer que escuchó el Papa Francisco. Aquí te la dejamos.

Esta mujer es una Catalana de nacimiento y sevillana de adopción. Tiene 12 hijos, 22 nietos y 25 bisnietos. Estudió Teología y recita pasajes de los libros sagrados de memoria. María Asunción Milá (1919) se ha dejado las manos durante tres cuartos de siglo escribiendo cartas y cartas para convencer a la Iglesia del sinsentido de la pena capital. Tenía claro que había que ir a la raíz. «El hecho de quitar una vida es horrible. Pero el principio que lo justifica es aún más grave». Así que se impuso una tarea de gigante: lograr que desaparezca del Catecismo.

Desde el cura de su parroquia sevillana hasta el Papa de turno, su fe fue más fuerte que los silencios a sus misivas. Hasta que el 27 de marzo de 2015, en plena Pascua, Francisco le respondió: «Tomo en cuenta lo que me dice y pediré que se estudie un cambio». El 2 de agosto de 2018, el Pontífice argentino ordenó que la palabra «inadmisible» estuviera en el Catecismo.

– Que una civil catequice a la Iglesia y no al revés es lo máximo.

– Me dan un protagonismo que me halaga pero que yo no merezco ni tengo. Lo importante era acabar con una gran contradicción y responder a una pregunta: ¿cómo podemos evangelizar con un Catecismo que legitima el homicidio?

– ¿Ese 2 de agosto puede ser un antes y un después para lograr la abolición total?

– La pena de muerte es tan vieja como la historia de la humanidad. No somos responsables de recibirla, pero sí de transmitirla. Esa es nuestra responsabilidad en cada etapa histórica. Y se puede gobernar una sociedad sin tener derecho a la vida o la muerte de nadie. Ese es el gran cambio que se tiene que producir.

– ¿Cuánto de sagrado tiene una vida para usted?

– Me he pasado la vida escribiendo a todos esos que dicen que ‘la vida humana es sagrada’. Muchos obispos me han dicho a lo largo del tiempo ‘yo pienso como usted’. Pero que me lo digan a mí no sirve para nada. Otros insistían en que la vida humana era ‘inviolable’. ¡A mí me llevaban los demonios con esos argumentos! La Iglesia ha sido siempre un sí, pero no.

– Y a lo largo de la historia, esa misma Iglesia ha estado cerca de los que aplicaban la pena de muerte.

– No nos dábamos cuenta como sociedades de que aún no hemos salido del paganismo. Me ha quedado claro después de estudiar Teología. Cuando pienso en la liturgia de la Semana Santa ¡me espanto! Se empeña en mostrar que Cristo nos salva con su muerte. Es al revés: fue con su vida con la que nos salvo.

– Muchas veces se ha justificado esa pena porque eran casos de extrema necesidad o legítima defensa de la sociedad.

– ¡Todavía peor! Cuanto peores son las circunstancias más deberíamos apreciar el valor sagrado de cada vida humana. Y matar al homicida no es más que perpetuar el crimen a lo largo de la historia.

– Otras iglesias cristianas, como las de Estados Unidos, defienden esa forma de venganza social.

– El 2 de agosto el alcalde de Nueva York dijo que estaba tan impresionado que lucharía contra la pena de muerte. Eso sería maravilloso. Pero también me carteo con un condenado a muerte en la cárcel de Livingstone (Texas), la más dura de EE UU. Hace poco se ejecutó a un reo y el gobernador del Estado, que es católico, se marchó ese día a visitar los Santos Lugares. En fin…

– Muchos estados islámicos la justifican, también países de religiones orientales como Japón…

– Deberíamos hermanarnos porque todos somos hijos de Abraham, tenemos la Biblia y Dios no mata a Caín. Solo lo marca.

– No era lo mismo luchar en tiempos de Franco que después. A usted le dio aún más fuerzas el ajusticiamiento de Salvador Puig Antich ,el último garrote vil, en 1974.

– Bueno, estábamos mal vistos por algún sector. Pero era tal la convicción que teníamos que no me afectaba. Creían que les apoyábamos políticamente, pero solo defendíamos sus vidas, no sus ideas.

– Su labor no se explica sin la complicidad de su marido, Manuel de Salinas.

– Fueron 68 años de felicísimo matrimonio. Con él recorrí despachos de curas, obispos o generales. Siempre me repetía: es la vida la que te enseña que es verdad que el Evangelio es verdad.

– ¿Qué opina de otro poder humano sobre la vida: el aborto?

– ¡Me espanta! Hay católicos que rechazan la vida del no nacido pero critican la pena de muerte. No les entiendo. Pero tampoco a los contrarios: los que defienden la vida y apoyan el ajusticiamiento.

– A punto de cumplir cien años, ¿le dará tiempo a sus últimos grandes retos: acabar con el menosprecio a la mujer en la Iglesia y con la guerra?

– Si durante tantos siglos no se acabó con la pena de muerte porque parecía inevitable, ¿por qué no pensar lo mismo de la guerra? También del avance de la mujer. Todo se logra con fe. Pasarán muchos siglos, pero algún día hay que empezar.

Fuente: https://www.hoy.es/sociedad/iglesia-20180819004229-ntvo.html