Ella nos escucha

Nos escriben desde una ciudad europea contando un favor de la Virgen de Torreciudad. La protagonista agradece su intercesión después de muchos meses de peticiones.

A menudo creemos que los milagros no existen, que sólo les suceden a un grupo selecto de personas con unas características determinadas. Yo quisiera contar el milagro que la Virgen de Torreciudad me concedió hace apenas unos días. Un milagro que puede parecer insignificante a los ojos de muchos, pero para mí es un milagro que todavía me hace llorar de emoción al ver cuánto nos quiere nuestra Madre y qué poco lo apreciamos.

Mi relación con Ella siempre ha sido muy buena, muy bonita, muy de Madre e hija. Pero por circunstancias de la vida, de la noche a la mañana, ésta se quebró y estuve muy alejada, de Ella y de mi fe.

Este ha sido (y sigue siendo) un año de muchas dificultades en todos los sentidos, materiales e interiores. Salir adelante siempre ha supuesto para mí un gran reto, y quise llevarlo yo sola, pero no lo lograba… Tenía un trabajo precario en el que debía estar de pie todo el día (estoy operada de las dos rodillas y el médico me desaconsejó vivamente estar muchas horas así). Para llegar a trabajar empleaba diariamente una hora y diez de ida y otra de vuelta, con un sueldo de media jornada. Y en el transporte tenía que invertir mucho dinero.

Un día, buscando entre mis papeles, encontré algo que en su momento, tiempo atrás, había pedido a la Virgen. Me removí tanto por dentro por haber perdido esa confianza con Ella, por haberme alejado de su vera, que en voz alta le dije que si Ella me sacaba de «ese pozo», yo iba a poner todos los medios. Ella nada me dijo, sólo me sonrió y…. me puse «manos a la obra». Empecé a mandar currículums diarios a montones, a dar voces entre mis amistades por si sabían de algo… Pero los meses pasaban y de ningún sitio me llamaban.

Una mañana, desesperada, mientras iba en el tren camino al trabajo, le escribí a mi Virgencina que, por favor, me encontrara un trabajo mejor, adecuado a mis condiciones. En el trabajo que estaba la situación era insostenible en muchos sentidos. Creí que Ella no me escuchaba, que no merecía que me escuchara porque mi conducta hacia mi Madre no era la más correcta en ese año. Pero Ella lo iba guardando todo en su corazón y esperaba el mejor momento para premiarme. Me llamaron para hacer un par de entrevistas pero de ninguna volvían después a llamarme. Sin embargo, a pesar de no rezar, de haber abandonado mi fe, seguí insistiéndole en que, si Ella lo creía necesario, me echara una mano y no sólo en el aspecto laboral sino también en que » volviera a convertirme».

A principios de febrero cogí una revista en la panadería donde salen sucesos del pueblo y los alrededores y allí leí un artículo sobre una residencia de ancianos. Me gustó y busqué la dirección para mandar un currículum. No había ninguna oferta ni nada, pero por probar no perdía nada. A la semana siguiente me llamaron para la entrevista. No me llamaban para trabajar como auxiliar de enfermería, que es lo que soy, sino como recepcionista. La semana pasada volvieron a llamarme y ahora… ¡el trabajo es mío! Mi Virgencina cumplió su promesa. Es un trabajo adaptado a mis necesidades: sentada, en el mismo sitio donde vivo, a 15 minutos de casa y con un buen horario que me permite acabar mis clases de Lengua de Signos sin problema, las cuales empecé la semana pasada.

Pronto iré a verla y le agradeceré en vivo y en directo todo lo que ha hecho por mí y por todas aquellas personas que, como yo, se acercan a Ella creyendo o sin creer (aunque en el fondo, sí que creen). Si algo he aprendido de todo esto es que los milagros existen (no es el primero que me concede), pero que en nosotros está el que pongamos toda nuestra confianza en Ella, en que nos arrimemos siempre a su corazón. Y no sólo para pedirle, sino también para agradecerle tantas cosas, porque también se lo merece. Ahora sólo le queda » mi conversión»…

Fuente: Torreciudad. org