¿Eres adolescente y estás pensando en abortar?

No te conozco, pero lo que sí sé es que eres adolescente y estás embarazada. Yo fui madre con 15 años. Sé que estás confusa, que tienes miedo y que la incertidumbre es muy difícil. Sé que crees que un bebé ahora va a ser un obstáculo en tu vida, que la va a dificultar o incluso a arruinar. Sé que piensas que eres demasiado joven y que el resultado sería una niña cuidando de otro niño. Sé que crees que no puedes afrontar todas las responsabilidades que conlleva tener un niño ni capaz de hacer los sacrificios correspondientes. Sé que te preocupa el qué dirá la gente. Que el dinero, que los estudios, que la falta de ayuda, etc.
Conozco todas y cada una de las dudas y los miedos que sientes en este momento.
¿Pero sabes lo que también conozco? Conozco el cosquilleo en el estómago cuando escuchas por primera vez los latidos de su corazón. Conozco la grandeza del momento en el que te enseñan la nueva vida que crece en tu vientre a través de una ecografía. Conozco los momentos imaginando cómo crece en tu interior y qué tamaño tendrá. Conozco la alegre duda de saber si es niño o niña. Conozco la inevitable idea de cómo será su carita, a quién se parecerá. ¿Qué nombre me gustaría que lleve el resto de su vida? ¿Combina con sus apellidos?
Es hermoso.
Pero además, conozco algo que tú todavía no. No me importó la opinión de la gente, no me importó la falta de recursos, no me importó la falta de ayuda, no me importó mi edad, no me importó la situación en la que estaba con el padre de mi hija, no me importó estar en el instituto. Ciertas malas decisiones trajeron un bebé a mi vientre. Y eso era todo. Todo lo que importaba, la única realidad.
Y ahí estaba yo, con 15 años, un bebé, las clases, sin hablarme con mi madre, un novio que sólo se dirigía a mí para hacerme sentir una basura, sin trabajo y sin amigos que se hubieran quedado a mi lado. No te voy a pintar las cosas de color de rosa porque no lo son. Fue duro, terriblemente duro, pero no desistí. ¿Y sabes por qué no lo hice? Porque me bastó coger a mi hija en brazos por primera vez para saber que todas y cada una de las dificultades que se presentaran en mi camino no serían nada en comparación a la plenitud y la felicidad que ella aporta a mi vida. Ella era mi motor, mi fuerza, mi empuje, mi luz y mi guía. Me bastaba mirarla para saber que todo valía la pena. Me bastaba una sonrisa para saber que había tomado la mejor decisión de mi vida.
Hay veces que las cosas parecen imposibles. Pero una vez que empiezas el camino y le pones ganas, se van abriendo puertas y oportunidades. Sí, tenía 15 años y mi situación no era la más adecuada. Pero a mi hija nunca le faltó ropa, pañales, comida, cama, etc. Porque cuando confías, la vida se pone de tu parte.
Ahora yo tengo 23 años y mi hija 8. Terminé la ESO, estudié una FP de grado medio, aprendí inglés y me saqué el carnet de conducir. Empecé haciendo trabajos basura pero en todos y cada uno puse entusiasmo y amor, tratando de sacar el máximo provecho y aprendizaje. Y así poco a poco fui escalando.
Ahora tengo un trabajo que me encanta y comparto mi vida con la persona que ha sacado lo mejor de mí. Tengo a mi lado a mi princesa querida, la que todos los días me dice que me quiere y me llena de besos y abrazos. Ella pone rumbo a mi vida y me acompaña en el viaje con su risa y su amor. Es una personita increíble. Allí por donde pasa hay alegría. Todos los días doy gracias a la vida por ponerla en mi camino. No importa cuán difícil haya sido. Tenerla junto a mí todo lo vale.
Ahora dime, ¿Vas a quedarte con la duda de saber cómo será tu vida junto a tu hijo de aquí a unos años?, ¿No quieres saber cómo será su carácter, su personalidad y su físico?
¿Realmente quieres perderte la experiencia más maravillosa por la que puede pasar una mujer?
Soy un claro ejemplo de que si se quiere, se puede. Si tú quieres, puedes. Olvídate del resto de cosas y personas. Sólo importas tú y tu hijo. Espero que tomes la decisión adecuada.
Gracia Aguilar