Italia llora por la muerte de la Voz de la Misión.

Hoy ha fallecido a los 88 años de edad Piero Ghedo uno de los misioneros-periodistas más importantes de Europa.

El Padre Guedo nacio en 1929 en Tronzano Vercellese, asistió al seminario diocesano de Moncrivello (Vercelli);  ingresó en el PIME en 1945, y fue ordenado sacerdote en 1953. Su sueño era partir como misionero rumbo a la India, pero desde su ordenación siempre se le solicitó dedicarse a la prensa. Él mismo recordaba que, durante mucho tiempo, pidió continuamente a sus superiores poder ir  a misionar, aunque sin éxito. En compensación por ello, viajó por el mundo como quizás nadie lo hizo y conoció el mundo misionero en todas sus facetas y en todas las latitudes.

Convencido de que la misión universal es responsabilidad de todo fiel, en 1961 se contó entre los fundadores del Centro Misionero PIME de Milán, donde, con el Pbro. Amelio Crotti y el Pbro.  Giacomo Girardi, difundieron la cultura, información y labor misionera en Italia y en el mundo. Las campañas del Centro del PIME para paliar el hambre en el mundo, en favor de los refugiados vietnamitas y camboyanos, por la paz en el Líbano, la Vigilia misionera por la Jornada misionera mundial, han marcado la vida de muchas generaciones de jóvenes.

Formaron parte de esta labor la fundación “Manos tendidas” en 1964 y de la Editorial Misionera Italiana (EMI) en 1955.

Desde 1959 hasta 1994 fue director de la revista mensual “Mundo y Misión”, una de las herramientas más preciosas para abrirse a las problemáticas mundiales y comprender la contribución cristiana a la edificación de la Iglesia y al desarrollo. En un período de grandes conflictos ideológicos, él pudo conjugar una neta identidad eclesial con una apertura y una dedicación a los flagelos sociales en el mundo, convencido de la contribución insustitible del Evangelio para la plena dignidad del hombre.

En esta línea, que es aquella del Concilio Vaticano II,  yendo a contracorriente, él fue el primero en denunciar –tras haberlo visto con sus propios ojos, en Vietnam- la ideología violenta de los vietcong, alabados por todo el mundo, testimoniando la opresión que éstos ejercían sobre el pueblo vietnamita.

Aunque valorizando a Helder Camara, el obispo de Recife – que fue llevado a Italia precisamente por el Centro PIME- siempre fue crítico de la derivación marxista de una parte de la Teología de la Liberación latinoamericana.

Asimismo, en el tema del hambre en el mundo se destacó por las denuncias obvias (colonialismo, explotación, etc.) y por las soluciones fáciles (inversiones como apoyo, transferencia de tecnología,  etc.) para mostrar que –como afirman los misioneros – el desarrollo tiene una dimensión cultural. Para vencer el subdesarrollo, es necesaria la educación y la evangelización, que restablece al hombre mismo, y su dignidad de ser protagonista de la historia.

Dicho equilibrio también fue valorizado por los papas: en 1962, siendo en aquel entonces periodista del  Osservatore Romano, fue elegido por Juan XXIII para desempeñarse como perito en la redacción del decreto conciliar Ad Gentes; en los años ’90. Juan Pablo II lo eligió como redactor de la encíclica “Redemptoris Missio”.

La actividad del padre Gheddo fue múltiple: director de “Italia misionera”, para desarrollar la sensibilidad evangelizadora entre los jóvenes; de “Misioneros del PIME”, para la comunicación de las experiencia directas de las fronteras misioneras. Durante años colaboró con la RAI-TV, explicando el Evangelio del domingo; en la radio RAI, brindando un breve mensaje por la mañana (“El evangelio de las 7.18”); con Radio María y con varias publicaciones laicas: con “Gente” y con “Il Giornale” Indro Montanelli, de quien se había vuelto amigo.

El Padre Gheddo escribió más de noventa volúmenes, con una treintena de traducciones en el extranjero, y recibió varios premios al periodismo.

Desde 1994 hasta 2010 fue director de la Oficina histórica del PIME en Roma, publicando varias historias de las misiones del PIME en el mundo, además de biografías de algunos miembros del Instituto. Profundamente convencido de que el mundo necesita modelos y experiencias, Gheddo también impulsó las causas de beatificación de diversos misioneros del PIME: Giovanni Mazzucconi, Paolo Manna, Clemente Vismara, Mario Vergara (y, próximamente, Alfredo Cremonesi). También trabajó para la documentación de los siervos de Dios Marcello Candia, Angelo Ramazzotti, Felice Tantardini, Carlo Salerio, Egidio Biffi) y de otros, como Leopoldo Pastori y Mons. Aristide Pirovano.

Amerita una mención especial su dedicación a la causa de beatificación de sus padres, Rosetta Franzi (1902-1934) y Giovanni Gheddo (1900-1942), emprendida en 2006, a pedido del obispo de  Vercelli, Mons. Enrico Masseroni. Luego de algunas dificultades, entre ellas, el hecho de que un hijo no puede promover la causa de beatificación de sus padres, en 2015 el nuevo arzobispo de Vercelli, Marco Arnolfo reimpulsó la causa nombrando una nueva postuladora, la abogada Lia Lafronte. Los libros de Gheddo sobre sus padres, “El testamento del capitán” con las cartas de su papá, Giovanni, enviadas desde la guerra con Rusia (San Pablo, 2002) y “Estos santos padres” (San Pablo, 2005) se convirtieron en best sellers por la difusión que obtuvieron entre muchas familias.

Desde el 2014, el padre Gheddo, debido a la necesidad de recibir atención médica y cuidados a diario, se mudó a la Casa Ambrosiana de la diócesis de Milán, en Cesano Boscone. Desde allí, siguió trabajando casi hasta el final, dedicándose a su blog y enviando hallazgos y reflexiones sobre la misión.