La Vigilia a la Inmaculada sigue mostrando que seguimos siendo tierra de María.

Entre las Vigilias de la Inmaculada tiene enorme tradición la que se celebra desde hace años en la Catedral de la Almudena. Y ayer, miles de madrileños han participado de nuevo junto a los que estaban en la Basílica Hispanoamericana de la Merced y la Basílica de María Auxiliadora.

Presididas por el arzobispo de Madrid, cardenal Carlos Osoro Sierra; el arzobispo emérito, cardenal Antonio María Rouco Varela, y el obispo auxiliar, monseñor Juan Antonio Martínez Camino, SJ, respectivamente, en las tres celebraciones se ha sentido el lema de este año: María, estrella y camino para una nueva juventud.

A apenas diez meses del Sínodo de los Obispos convocado por el Papa Francisco para hablar del discernimiento vocacional y de los jóvenes, la Vicaría de Evangelización –encargada de la organización– ha querido volver la mirada hacia estos y pedir por sus opciones de vida.

En el caso de la catedral, el rosario inicial ha estado dirigido por una familia con varios niños pequeños y otro en camino; una estudiante de Arquitectura que está sopesando irse a la misión; una pareja de novios que discierne su vocación matrimonial; un joven seminarista, y un matrimonio con un hijo preparándose para entrar en el noviciado de la Compañía de Jesús.

Después, dos miembros del Instituto Secular Hijas del Corazón Inmaculado de María han leído parte de las palabras que el Papa dirigió hace unos días a los participantes en el Congreso Internacional de Pastoral Vocacional y Vida Consagrada: «Es esencial conocer bien nuestra sociedad y la actual generación de los jóvenes de tal modo que, buscando los medios oportunos para anunciarles la Buena Nueva, podamos anunciarles también el evangelio de la vocación. De lo contrario estaríamos dando respuestas a preguntas que nadie se hace».

Aludiendo al lema, en su homilía en la Eucaristía que ha cerrado la vigilia, el Cardenal Osoro ha subrayado que «en la historia de la salvación es María la que nos entrega la juventud, la que nos enseña a ser jóvenes», «la que nos hace descubrir que Ella es el cántico nuevo: nos ofrece las maravillas que Dios hace en el ser humano». «No es la edad lo que hace cantar un cántico nuevo, sino acoger o no a Dios. Él nos ha elegido como eligió a nuestra Madre, la Virgen María, sin pecado, limpia y pura, para mostrar el rostro de Dios en este mundo», ha aseverado.

En esta línea, el purpurado ha recordado que «Adán y Eva quisieron ser Dios, se apartaron de Dios» y ha advertido del riesgo de hacer lo mismo. «Queridos hermanos, ¿no estaremos haciendo un mundo de viejos porque retiramos a Dios, escondemos a Dios? ¿No estaremos haciendo un mundo sin fuerza, sin horizontes?», se ha preguntado.

Los cristianos –ha proseguido– debemos ser «discípulos misioneros como nos invita el Papa Francisco» y para hacerlo María es el mejor espejo en el que mirarse, con su alegría, su seguridad y su sí incondicional a Dios. «María tuvo dificultades, pero se puso en camino y atravesó una región montañosa, y llevó alegría. ¿No nos querrá decir algo el Señor en este momento de la historia? No seamos quejicas, el quejica no conquista nada ni a nadie, se ensimisma en sus quejas».

La Virgen lo hizo, además, «con la seguridad de un Dios que la quiere, que la ama, que cuenta con Ella, que va a hacer cosas que son imposibles, que va a venir a su propia vida, que va a aposentarse en su vientre»… «Tengamos esta seguridad, esto supone escuchar la Palabra de Dios; tened tiempos de oración, de diálogo con Dios», ha concluido el arzobispo de Madrid.

Articulo Original Arzobispado de Madrid