Mi boda con Jesús.

Testimonio de la hermana Ana Isabel de la Cruz, que hizo su Profesión Temporal en la Orden de Hermanas Pobres de Santa Clara, para los lectores de «Padre nuestro» y que reproducimos en nuestra web.

Una de las cosas que he aprendido de nuestros Padres, Francisco y Clara de Asís, es su entrañable amor a la Iglesia y su deseo de colaborar con ella para que «El Amor que no
es amado» sea conocido y amado por todos. Es por eso que me acerco a todos vosotros, hermanos de nuestra Iglesia de Toledo para compartir el gozo de haber sido llamada a esta maravillosa vocación, desde otra diócesis lejana, la de Sevilla, en una tierra que me vio nacer ycrecer, mi pueblo de Montellano.

Me llena el corazón de gozo y agradecimiento el saberme y sentirme elegida y amada desde toda la eternidad. Ya desde el seno de mi madre, «El más bello de los hijos de los hombres» se fijó en mí, me eligió y me cuidó durante estos años, para celebrar conmigo una alianza de amor eterno que será plena en el cielo.

Recuerdo temblorosa esa intuición que me ha acompañado desde niña, el deseo de entregar mi vida a «algo grande», que después se convirtió en «Alguien
grande» con nombre propio: Jesucristo.

Revivo en mi corazón el día y la hora en que sentí Su mirada, Su Palabra que me llamaba, el día en que fui elegida para una misión en concreto, para estar junto a Él, para amar y dejarme amar, y hacer a otros partícipes de este mismo amor… Ser Luz, ser cauce de vida, ser raíz que alimente y sustente, ser corazón orante que interceda, que alabe y adore en el Cuerpo de la Iglesia.

Los jóvenes quizá somos inquietos, queremos vivir cada momento como si fuese único, el último… y así viví este día: disfrutando de cada detalle, de cada Hermana que saludaba, de cada familiar y amistad que me acompañó.

Presidió la celebración don Juan José Jiménez Espinosa, Sacerdote diocesano, que me ha ayudado en el camino vocacional. Concelebraron nuestro párroco y capellán, don Leocadio Yugo, y numerosos Sacerdotes, entre ellos varios hijos de este pueblo, y mi gran amigo
Manuel Jiménez Carreira, formador en el Seminario Menor de Sevilla. También
compartieron la celebración dos de nuestros hermanos franciscanos más cercanos: el P. Carlos Bermejo y el P. José Álvarez.

Me he visto arropada por el cariño de Hermanas Clarisas de otras Fraternidades y Religiosas de otras Congregaciones; y numerosos familiares y amigos que desearon estar presentes en mis bodas con Jesús.

Llegó el momento de dar mi «Sí» a Jesús. A cada «Si quiero» crecía mi gozo y el deseo de darlo todo, el gozo de pertenecer a un carisma tan impresionante como el nuestro, el gozo de ser Hermana con las Hermanas, el gozo de ser Hermana Pobre, hija muy amada de mi Madre Clara y mi Padre Francisco.

Y el momento de arrodillarme para pronunciar la fórmula de la Profesión en manos de la Madre. Y el momento de firmar sobre el altar mi alianza con Jesús… Sentía que Él también firmaba a mi lado y que este documento era definitivo.

El Señor me va haciendo profundizar poco a poco en la Misión que Él me encomienda como Contemplativa, y me apasiona. No me quita nada, me lo da todo, con una condición: que me entregue del todo a Aquel que del todo se ha entregado por mi amor.

No renuncio a nada, ni siquiera a la maternidad. Hoy puedo decir que me siento madre de todos vosotros, sí, madre espiritual desde lo oculto. A muchos de mis hijos veré su rostro, otros muchos no los veré; pero allí en el cielo, cuando algún día vaya, muchas voces oiré que me llamarán: «Madre, madre…» y en ese momento contemplaré sus rostros y me daré plenamente cuenta del sentido de entregar mi vida con Cristo por el mundo.

Deseo ser fiel y necesito de vuestra oración para que este Si dado a Jesús sea cada día más pleno y más libre.

Fuente: http://www.architoledo.org/wp-content/uploads/2017/03/PN-1468-22-de-octubre.pdf