Que mi hijo esté en el Seminario me aporta alegría y tranquilidad.

Te dejamos el testimonio de una Madre Burgalesa que tiene su hijo en el Seminario Menor. El post aparece en el pagina web de la diócesis.

Ana Isabel Mencía Rojas nació en la capital burgalesa, aunque su vida se ha desarrollado siempre en Aranda de Duero, donde vivió su niñez con sus padres. Estudió la carrera de Químicas en Valladolid y tras casarse ha seguido viviendo en Aranda con su marido y sus dos hijos. Sus parroquias de referencia son Santa Catalina, cuando vivía con sus padres, y ahora la de San Juan de la Veracruz, en la que imparte catequesis de confirmación. Actualmente uno de sus hijos, Alonso, de 13 años, se encuentra estudiando segundo curso de la ESO en el Seminario de Burgos, lo que supone un cambio importante en la vida familiar, a la espera de que su vocación sacerdotal pueda cristalizar.

Ana Isabel asegura que para ella no fue una sorpresa que su hijo anunciase que quería estudiar en el Seminario «porque se le veía venir.» «Se llevaba muy bien con un sacerdote, Raúl, que le llevaba algunos sábados al Seminario para participar en actividades para jóvenes. Luego comenzó a ir un fin de semana al mes y al fin me dijo que quería irse a estudiar al Seminario. Desde los 11 años lleva allí y está contento».

Describe a Alonso como «un niño inquieto y revoltoso cuando era pequeño, pero con las ideas claras; cuando se le mete una idea en la cabeza no para hasta conseguirlo. No me imaginaba de pequeñito que estudiaría en el Seminario, pero es así, él lo quiere y no nos oponemos». Por ahora, dice, es imposible saber si tiene vocación sacerdotal: «es todavía pequeño, está estudiando, aprendiendo muchas cosas sobre Jesús. Luego, ya se verá, hay que dejar que sea él quien decida su propio camino. De momento lo que sí es una realidad es que está muy contento en el Seminario con sus compañeros y profesores, y para mí eso es lo más importante».

Admite que al principio ha sido un poco duro, «sobre todo el primer año, porque es difícil salir de casa, estar sin sus padres y su hermano. Al principio le ha costado como a cualquier persona. También a nosotros, y a mí como madre me ha costado, porque a un hijo con esta edad se le echa mucho de menos en casa, pero luego ha sido muy llevadero, ya que ahora cada dos o tres semanas regresa a casa a pasar el fin de semana en familia y cuando él no viene nos acercamos nosotros a verle, así que lo sobrellevamos muy bien».

Ana Isabel dice que la suya es «una familia cristiana muy normal» «A mis hijos desde pequeños les he llevado a misa, a catequesis, han hecho la Primera Comunión, se han confirmado y creo que somos una familia como muchas otras que también son creyentes». Aclara que en ningún momento ha influido en la decisión de su hijo: «yo, como cualquier madre, he intentado darle buen ejemplo, pero no he querido influir en su decisión, lo único que le dije cuando me comentó que quería ingresar en el Seminario fue que si ese era su deseo, el tiempo sería como mínimo por un curso completo, que no le iba a sacar del Seminario antes con el curso colgado, y lo aceptó, era algo que tenía que afrontar con responsabilidad».

Tener un hijo seminarista le ha cambiado bastante, reconoce. «Ahora veo a los sacerdotes más cercanos, los tengo como amigos en los que puedo confiar, y también ha supuesto un impulso espiritual, porque yo era cristiana de misa dominical y no mucho más, pero ahora me encuentro hablando con Dios muchas veces y hago más oración». «Tener a Alonso en el Seminario me produce alegría y tranquilidad, no me genera ningún problema, me da más quebraderos de cabeza mi hijo mayor, que va a cumplir los 18 años, con un ambiente mucho mas peligroso que el que tiene Alonso, que en el Seminario está más protegido, además adquiriendo unos conocimientos que considero importantes y una educación en valores, que pase lo que pase, le va a dar confianza para afrontar su vida. Como madre estoy muy contenta y muy tranquila de que mi hijo esté en el Seminario».

Ana Isabel añade que egoístamente sí le gustaría que la vocación de Alonso fructificara, «pero como cualquier madre, yo lo que quiero es que mi hijo sea feliz, que desarrolle su vocación en un sentido o en otro y que sea feliz y se sienta realizado, si es como sacerdote fenomenal. Si mi hijo es feliz, yo como madre también lo soy».

Con respecto al sacerdocio en el mundo de hoy, considera que los sacerdotes tienen una gran tarea por delante: «Creo que la sociedad no les trata justamente y solo nos fijamos en lo malo y nada en lo bueno, que es la mayoría. Pero confío en que al final lo bueno siempre prevalece. Además, si Dios sigue llamando al sacerdocio es porque el sacerdote es necesario para conseguir un mundo mejor, y siempre contarán con su protección».

Fuente: https://www.archiburgos.es/2017/10/07/hijo-este-seminario-me-aporta-alegria-tranquilidad/