Cuando me obligaban a arrodillarme hacia La Meca, yo repetía: Te amo, señor Jesús

Rebeca, víctima de un secuestro por el grupo terrorista Boko Haram, ha presenciado la muerte de su hijo y ha concebido a otro fruto de una violación de un terrorista; nunca se ha alejado de Jesucristo y no ha dudado de su fe en ningún momento.

¿Cómo fue la huida cuando Boko Haram (grupo yihadista) entró a la aldea?

Eran las 5 de la tarde, cuando yo me estaba duchando y entraron al pueblo. Mi marido estaba en el campo detrás de casa. De repente, oímos gente gritando: ¡Se están acercando! Al poco tiempo, llegó mi marido corriendo y me dijo que cogiera a los niños y que huyéramos. Salí y cogí a los niños pero me alcanzaron. Le dije que corriera porque estos grupos siempre matan primero a los varones. Me separaron de mis 2 hijos y también a las mujeres que estábamos casadas y las que no. Allí los terroristas nos explicaron que nos enseñarían el Corán y a vivir como yihadistas. Yo no hacía caso y un día les dije: “¿Cómo me justificas que lo que me enseñas es el camino de Dios? Todos los explosivos y las muertes, ¿cómo me lo vas a justificar?”

Y uno de ellos cogió a mi hijo mayor y lo lanzó al río de la zona y murió ahogado. Él me dijo: «Ahora él está con Dios».

¿En algún momento dudaste de tu fé? En tu secuestro, ¿cómo rezabas?

No, tenía completamente aceptada mi fe porque toda mi familia es cristiana. Incluso cuando estaba sola y me obligaban a rezar, yo seguía rezando el rosario que me sabía de memoria. Nunca dudé de mi fe ni cuando me violaron. Un día íbamos yo y 5 hombres y me dijo uno de ellos que tenía que casarse conmigo. Después de que me violaron varias veces durante el mes, me quedé embarazada y ya no quisieron volver a verme. Ni en esta situación dudé de mi fe en Cristo. Cada día rezo por mi fe y he aprendido la esperanza después de que mataran a mi hijo. Después de dar a luz al pequeño, vi que mi otro hijo no había sido destinado a los campos de trabajo. Ni un solo día me aparté del amor de Dios.

Al principio rechazaste a tu hijo Cristóbal, fruto de una violación, ¿cómo te cambió la mirada que tenías sobre él?

Sufrí mucho con el padre del niño y yo llegué a odiar al propio niño. En el momento de huir tenía la tentación de abandonarlo pero mi fe hizo que yo lo llevara conmigo y ahora está donde está. Yo tenía miedo de que creciera, y por cuestión de sangre, el niño fuera igual de malo que su padre. Por ello fui a hablar con el padre de allí y él me llevó a hablar con el Obispo monseñor Joseph D. Bagobiri y él me ayudó a ver que el niño no sería peor que su padre y que el Espíritu Santo me ayudaría a educarlo a él y a mi otro hijo en la fe cristiana. Yo no renegaría a Jesús por nada en el mundo.

Rebeca, has vivido un secuestro, te obligaron a convertirte, tiraron a tu hijo al río… Has conseguido escapar, pero… ¿has perdonado?

Sí que he perdonado, con toda mi alma. Los perdono porque mi fe me enseña a perdonar. Ni en sueños lograría odiarlos. Yo rezo por ellos.

Durante la charla, también habló el sacerdote que estuvo ayudando en Rebeca después de su secuestro.

Dios es el centro de todo. Todo lo que tenemos, hacemos o somos es sólo por gracia de Dios

Esta charla la ha organizado Ayuda a la Iglesia Necesitada. Esta fundación sirve a la Iglesia católica en su labor evangelizadora. Rebeca ha confesado que esta fundación le ha salvado la vida y que es la que ofreció alojamiento y alimentos allí, tanto a ella como al padre que le acompañó. Su director, Javier Menéndez Ros, ha contado su visita a Nigeria y ha contado con qué precariedad viven allí y donde, sin embargo, la fe los mantiene firmes.

“Tenemos el arma, la solución: la oración”

También se ha contado con la presencia del cardenal y arzobispo de Valencia, Monseñor Antonio Cañizares, que ha transmitido su admiración hacia Rebeca y hacia todos los cristianos que son perseguidos. Ha manifestado su deseo de que oremos todos nosotros por la persecución cristiana que a veces parece que está lejos, porque somos espectadores, pero que es una realidad que no solo se vive en países lejanos, en España también hay persecución cristiana.

El periodista que ha conducido la charla, ha concluido diciendo que “las palabras “perdón” y “sufrimiento” han recobrado un nuevo sentido”. Sufrir por no vivir la fe y perdón a quién mata a tu familia.

Una vez finalizada la charla, se ha celebrado una vigilia de oración donde se ha rezado por todos aquellos cristianos que son perseguidos por su fe, especialmente por Nigeria.

Rebeca es el ejemplo de fe que tienen los nigerianos. Su ejemplo de valentía, esperanza y perseverancia ha calado en todos los que han acudido. Sin duda, ha sido una charla que se recordará de ahora en adelante.

Clara Mollá Pagán