¿De verdad son tan importantes los pobres para la Iglesia?

El próximo domingo, día 19, en la Iglesia celebramos la I Jornada Mundial de los Pobres por iniciativa del Papa Francisco. El Pontífice, en el mensaje que mandó para la preparación de esta jornada, nos responde a dos preguntas muy importantes que todos podemos habernos planteado alguna vez:

¿Por qué es importante la figura de los pobres en la Iglesia? ¿Desde cuándo es importante?

En las primeras páginas de los Hechos de los Apóstoles Pedro pide que se elijan a siete hombres «llenos de espíritu y de sabiduría» (6,3) para que se encarguen de la asistencia a los pobres. Este es sin duda uno de los primeros signos con los que la comunidad cristiana se presentó en la escena del mundo: el servicio a los más pobres. 

No solo Pedro vio desde el principio que los pobres habían sido los predilectos de Jesús, su Maestro, también Santiago en su carta nos habla de ellos:

Y sin embargo, ¿no son los ricos los que os tratan con despotismo y los que os arrastran a los tribunales? […] ¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Es que esa fe lo podrá salvar? Supongamos que un hermano o una hermana andan sin ropa y faltos del alimento diario, y que uno de vosotros les dice: “Dios os ampare; abrigaos y llenaos el estómago”, y no les dais lo necesario para el cuerpo; ¿de qué sirve? Esto pasa con la fe: si no tiene obras, por sí sola está muerta» (2,5-6.14-17).

¿Quiénes se encargan de los pobres en la Iglesia de una manera especial?

El Papa nos recuerda que el Espíritu Santo no ha dejado de exhortarlos a fijar la mirada en lo esencial. Ha suscitado, en efecto, hombres y mujeres que de muchas maneras han dado su vida en servicio de los pobres. Cuántas páginas de la historia, en estos dos mil años, han sido escritas por cristianos que con toda sencillez y humildad, y con el generoso ingenio de la caridad, han servido a sus hermanos más pobres.

Nos invita a recordar especialmente la figura de uno de sus santos predilectos: san Francisco de Asís, quien no se conformó con abrazar y dar limosna a los leprosos, sino que decidió ir a Gubbio para estar con ellos. Él mismo vio en ese encuentro el punto de inflexión de su conversión. 

¿Qué puedo hacer yo por los pobres?

A veces encontramos un montón de discursos vacíos y demagogos sobre los pobres, muchos se llenan la boca con los pobres sin haber visto uno nunca, sin haberse hecho uno nunca con ellos… Franscisco nos ayuda a aterrizar tantos deseos de hacer el bien a los más necesitados; nos dirige estas palabras:  no pensemos sólo en los pobres como los destinatarios de una buena obra de voluntariado para hacer una vez a la semana, y menos aún de gestos improvisados de buena voluntad para tranquilizar la conciencia. Estas experiencias, aunque son válidas y útiles para sensibilizarnos acerca de las necesidades de muchos hermanos y de las injusticias que a menudo las provocan, deberían introducirnos a un verdadero encuentro con los pobres y dar lugar a un compartir que se convierta en un estilo de vida. En efecto, la oración, el camino del discipulado y la conversión encuentran en la caridad, que se transforma en compartir, la prueba de su autenticidad evangélica.

Si en nuestro vecindario viven pobres que solicitan protección y ayuda, acerquémonos a ellos: será el momento propicio para encontrar al Dios que buscamos. De acuerdo con la enseñanza de la Escritura (cf. Gn 18, 3-5; Hb 13,2), sentémoslos a nuestra mesa como invitados de honor. 

Es importante también que nos comprometamos a organizar diversos momentos de encuentro y de amistad, de solidaridad y de ayuda concreta. Podrán invitar a los pobres y a los voluntarios a participar juntos en la Eucaristía de ese domingo 19 de noviembre, de tal modo que se manifieste con más autenticidad la celebración de la Solemnidad de Cristo Rey del universo, el domingo siguiente

¿Cómo puedo seguir yo a Jesús pobre si no me falta de nada?

No hace falta vestir con una túnica para hacerse uno pobre con Jesús cuando no le falta de nada, porque la pobreza es una actitud del corazón que nos impide considerar el dinero, la carrera, el lujo como objetivo de vida y condición para la felicidad; es la medida que permite valorar el uso adecuado de los bienes materiales, y también vivir los vínculos y los afectos de modo generoso y desprendido. 

Debido a la extensión del mensaje y a su riqueza, no podemos detenernos en más detalles, pero te invitamos a leerlo íntegro  https://w2.vatican.va/content/francesco/es/messages/poveri/documents/papa-francesco_20170613_messaggio-i-giornatamondiale-poveri-2017.html.

¡Benditas las manos que vencen las barreras de la cultura, la religión y la nacionalidad derramando el aceite del consuelo en las llagas de la humanidad. Benditas las manos que se abren sin pedir nada a cambio, sin «peros» ni «condiciones»: son manos que hacen descender sobre los hermanos la bendición de Dios!