Laura Cardenal Medina, voluntaria: “Cada día en el Cottolengo es un mundo de alegría”

 Laura Cardenal Medina, alicantina, tiene 22 años y estudia el ciclo de formación profesional en Infantil en el IES Figueras Pacheco, sueña con poder trabajar en el ámbito de la Educación, para lo que se está formando y en su tiempo libre hace voluntariado en el Cottolengo de Alicante, una residencia con pocos recursos que llevan unas religiosas inspiradas por el padre Jacinto Alegre, un jesuita español.

 

¿En qué consiste exactamente el voluntariado que haces en el Cottolengo?

Ayudar en lo que sea, porque andan escasos de todo, más de personal, no tienen dinero para pagar a personas para que les ayuden. Cada vez hago algo diferente, según las necesidades, unas veces es darles de comer, otras en la cocina echar una mano para poner la comida o recogerla… Cada día es un mundo, un mundo de alegría.

 

¿Con quién vas a hacer este voluntariado?

Voy con mis amigas que a través de la Asociación Cultural Tonaira, vamos una o dos veces al mes a  ayudar.

 

¿Vale la pena dar un poco de tu tiempo a los demás?

Siempre merece la pena. Yo he aprendido a  organizar mejor mi tiempo, cuantas más  cosas tengo que hacer, más aprovecho el tiempo.

 

¿Qué es lo mejor de ser voluntaria?

Lo que recibo. No hay ningún día que me vaya de la actividad del voluntariado sin haber aprendido algo nuevo, por lo que a mí me ayuda a ser mejor persona.

 

Una anécdota

Una niña de 16 años con parálisis cerebral residente, cuando nació todos los médicos dijeron que era imposible que transmitiera algún gesto o sentimiento con la cara y esta niña hoy sonríe, es feliz en el Cottolengo, gracias al cariño de las religiosas. Y su mejor manera de agradecer las cosas, es a través de una sonrisa.

 

Lo más difícil

Cuando regreso al voluntariado y no encuentro a alguien… Por otro lado, el irme sin haber podido finalizar mi tarea, por falta de tiempo y de mucho trabajo para pocas manos. Hay más de 60 personas y solo dos religiosas para atenderlo. Con esto quiero decir que no entiendo como siendo tantas personas en el mundo, nadie pueda dar de su tiempo a estas personas que de verdad lo necesitan.

 

Lo mejor

Lo poquito que yo les puedo dar y lo agradecidas que están siempre, con una sonrisa. 

 

Laura, además de ser voluntaria en Cotolengo, eres estudiante y catequista, ¿de dónde sacas las fuerzas?

Creo que las fuerzas las saco de Dios. ¿Cómo? Gracias a la oración personal, a la Eucaristía diaria y en la confesión frecuente.

Cada vez que estoy ayudando en el Cotolengo, a través de esas personas, veo a Dios, porque detrás de cada persona hay un poquito o un mucho de Dios. Cada uno está creado a imagen y semejanza de Dios. Cada vez que ayudamos a cada una de estas personas es como si estuviera ayudando a Dios.

 

Navidad está a la vuelta de la esquina, ¿qué nos recomiendas para estos días?

Siendo muy generosos con nuestro tiempo: visitando a pobres, hacer recogida de alimentos y llevarlos a familias necesitadas. Así transmitir la Navidad como yo la vivo. Creo, también, que lo más importante es estar pendiente de la propia familia de sangre, saber que necesitan, que es lo que les gusta, tener detalles, el pasar por alto los defecto, las riñas…

 

Un libro para estos días

El Belén que puso Dios, de Enrique Monasterio.

 

¿Con qué sueña una estudiante de Magisterio y Ciclo en Infantil?

Mi mayor ilusión es que todos niños alcancen conocimiento porque cuanto más sabes, más capaz eres de conocer la verdad y esa verdad te va a llevar a la felicidad.