Testimonios

Paula Vega, una evangelizadora en redes sociales

Me llamo Paula Vega, tengo veintiséis años y soy de Málaga. Trabajo como profesora
de religión y por las tardes estudio teología en un centro agregado a la universidad
Jesuita de Loyola. Vivo mi fe en mi parroquia junto a mi comunidad diocesana llamada
Ruah (soplo del Espíritu), además de colaborar en diferentes ámbitos de la Diócesis. El
poco tiempo que me queda lo dedico a ser apóstol digital, evangelizando en redes
sociales bajo el usuario @llamameyumi.

Evangelizar en redes sociales no fue una decisión de un día para otro, sino un proceso
donde el Señor fue iluminándome y mostrándome dónde tenía que estar. Comencé
usarlas en 2015, mientras estaba estudiando en Seúl, Corea del Sur. Desde allí compartía consejos, experiencias y también hablaba sobre cómo era vivir la fe sola en un país asiático. De ahí se creó el usuario “Llamame Yumi”; así es como me nombró mi profesora coreana al no saber pronunciar bien mi nombre.

Como cualquier joven de mi edad, yo compartía mi día a día sin grandes pretensiones.
No obstante, cuánto más importante se volvía mi fe, más se reflejaba eso en mi perfil
de forma natural y espontánea. Nunca he tenido miedo de hablar abiertamente de mi
fe y creo que es algo por lo que dar las gracias.

Fue a raíz de ser monitora en un campamento interreligioso, con musulmanes y cristianos donde volví a encontrarme con el Señor tras una crisis de fe. Fue entonces
cuando me fui animando a compartir mis reflexiones y experiencias sobre Dios y a dar
testimonio de lo vivido en aquel campamento. Eso hizo que muchas personas llegasen
a mi perfil y decidieran quedarse.

Progresivamente fui compartiendo más y más, pues muchas personas me decían que
mis palabras les ayudaban a rezar y conectar con Dios. No solo compartía reflexiones
sino también mostraba mi experiencia como estudiante de teología, los libros cristianos que leía o mi día a día en mi parroquia. Más tarde, observé que los jóvenes estaban sedientos de saber más sobre Dios y de ahí surgieron los post teológicos, donde transmito lo poquito que sé, con lenguaje sencillo y accesible para todos.

Tengo la suerte de que me siguen muchas personas de distintas realidades. Somos una
comunidad digital pequeñita pero muy variada. Creo que mi perfil es un lugar seguro
donde poder intercambiar experiencias y vivencias sobre nuestro ser y sentir Iglesia,
donde cada día recordamos lo muchísimo que el Señor nos quiere. Además, también
me siguen personas ateas o de otras confesiones, con las que entablo muy buenas y
enriquecedoras conversaciones.

Es indudable que las redes sociales tienen su parte positiva y su parte negativa. He de
reconocer que en más de una ocasión he sido víctima de comentarios despectivos, burlas, insultos y humillaciones por parte de anónimos que afirmaban ser cristianos. Por supuesto, duele. Sigo aprendiendo a gestionar esto y a dejarlo en manos del de arriba; Él sabe más.

Sin embargo, los aspectos positivos y la riqueza de las redes sociales han quedado muy
por encima de esos momentos negativos. Internet te permite conectarte con personas
de todo el mundo y es una ventana siempre abierta a la evangelización. Gracias a
compartir mi día a día como cristiana, he tenido experiencias preciosas con personas
de todo tipo.

Algunas personas me escriben porque algo que he escrito les ha ayudado, porque se
están planteando estudiar teología, porque se han acercado a la Iglesia después de mucho tiempo… Hay una anécdota muy especial que siempre cuento. Gracias a
mostrar mi fe en redes sociales, una antigua amiga se replanteó la suya propia, volvió a
la Iglesia y hoy es mi hermana de comunidad, recibiendo el sacramento de la Confirmación hace unos meses. Son sin duda numerosas experiencias donde puedo ser
instrumento del Señor y las cuales tengo el honor de saber.

Gracias a la oración he ido descubriendo lo que el Señor quería de mí. Hubo un día en
el que le dejé mi vida en sus manos y desde entonces, Él me ha ido conduciendo y
modelando para dar fruto a los demás. Me siento muy pequeñita pero también me siento un instrumento, un lápiz donde el Señor va escribiendo en la vida de las
personas. Cuando das tu “poco” el Señor lo transforma en “mucho”.

Nos vemos por redes sociales, nos seguimos rezando y seguimos bailando con el
Espíritu Santo.

Paula Vega

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