La Cruz Y Fray Pablo María de la Cruz

Cambiar el mundo

Sin Autor

Para que podáis conocer a Fray Pablo María de la Cruz, un Futuro Santo Joven Católico.
Jóvenes católicos, entre otros, hemos sido instrumento para darle a conocer a miles de personas.

Ayer el Presidente de la Conferencia Episcopal Española entregó al Papa una carta del Provincial que adjuntamos:

LA CRUZ Y FRAY PABLO MARÍA DE LA CRUZ, O.CARM.
Donde la cruz florece…

“Se dirigió a Jesús diciéndole:
¡Loco de Amor! ¡Tú estás loco de Amor”
(Sta. Mª Magdalena de Pazzi, O.Carm. 13 de junio de 1584)

Salamanca, 25 de mayo de 2024

1. Me une a Ricardo y a Mari Carmen la fe en Jesucristo. Un pilar sobre el que hemos edificado un tesoro que se llama amistad. Nos conocimos en una comunidad neocatecumenal en la Parroquia de S. Martín (Salamanca). Desde su matrimonio, esta amistad se extendió un día a su familia y a sus hijos (Miriam, Carmen, Juan, Noemí y Pablo). La primera vez que conversé con Pablo – mirándonos cara a cara y hablando muy superficialmente de la enfermedad– fue el día 2 de agosto de 2017 [los que venís de Madrid] en La Maruca, tomando una tapa, en la C/ Velázquez 54, al lado de la parroquia de los carmelitas de la C/ Ayala. Ricardo y Noemí lo acompañaban aquel día a la primera cita de oncología en el Hospital 12 de Octubre. La segunda vez que volvimos a charlar, en aquella ocasión largo y tendido, fueron los días 17 a 26 de agosto de 2021. Ricardo me comunicó que Pablo, después del autotrasplante y la resección del páncreas, no estaba muy entonado. Me preguntó si conocía algún monasterio u hospedería donde pudiera salir del encerramiento de Salamanca, desconectar de los hospitales y estar en contacto con la naturaleza. Le conté que me iba 10 días de vacaciones con mi familia a Onda (Castellón).

2. Allí, los carmelitas, atendemos una parroquia, un colegio y un santuario mariano, dedicado a Ntra. Sra. de la Esperanza. ¡Qué mejor sitio! El lugar está rodeado de naturaleza, huertos de naranjos y está ubicado en el Parque natural de la Sierra de Espadán. Le indiqué que, si le parecía bien a Pablo y no le aburría el ritmo de los frailes, podía venirse a descansar unos días a la hospedería del convento. Y Pablo aceptó la invitación. A partir de aquel momento comenzará con cierta asiduidad a frecuentar, después de aquella experiencia, este Convento de S. Andrés. Aquí venía, de hecho, algún domingo por la tarde a reunirse con un grupo de jóvenes para hacer lectio divina o recibir una catequesis bíblica. Otras veces, aquí detrás, en la Capilla del Santísimo hacían una adoración eucarística, participaban en la liturgia de las horas con los frailes o aprovechaban para celebrar el sacramento de la reconciliación. Su falta de disciplina en el horario se da cuenta que no le ayuda. Empieza a buscar, a raíz de su experiencia en Onda, una “rutina” saludable. En estas circunstancias, incorporará el coloquio espiritual en su vida de fe.

3. “Quiero conocer a los santos –exclama un día–.” “Bueno, pues, acércate a aquellos que te atraigan. Son amigos de Dios, nada malo te enseñarán… Asómate a sus escritos, contempla cómo compartían nuestro mismo barro, cómo descansaban en el Señor y cómo la gracia de Dios los transformó…”. Inmediatamente cae en la cuenta que algunos “amigos de Dios” habían sido también purificados en el crisol de la enfermedad y, entregando sus vidas como ofrenda agradable al Señor, fueron felices. Empezó a leer escritos sencillos de algunos santos, especialmente del Carmelo por el sitio que le acogía. Le atraían
cuatro cosas: su actitud contemplativa, la mística de la Cruz, su amor a la Eucaristía y su devoción a la Virgen María.

4. Pablo se acercó a Tito Brandsma, carmelita neerlandés, a cuya canonización, el día 15 de mayo de 2022, tenía pensado, en principio, participar con un grupo de jóvenes de Salamanca. De hecho, su hermano Juan asistió. Los ciclos de quimioterapia y su convalecencia, al final, se lo impidieron. Quedó impactado por la humanidad de su santidad y por su amor a Jesús-Eucaristía en el infierno del campo de concentración. Tito era un hombre de salud frágil. Hombre despierto e
inteligente, que llegó a ser Rector de la Universidad de Nimega, destacó por ser “normal”, afable, generoso y entregado al prójimo. En medio del campo de exterminio, la fuerza le venía a Tito de la Eucaristía. De hecho, se organizó en torno a él una pequeña red eucarística clandestina que distribuía a escondidas el Cuerpo de Cristo en medio de aquel infierno… La funda de las gafas de Tito –le sorprendió a Pablo– eran el sagrario. Allí estaba Dios escondido. Tito además de distribuir la Eucaristía en el campo de concentración transformando aquel infierno en un Cielo compuso un poema titulado “Ante Jesús” que impresionó a Pablo. Lo meditó en más de una ocasión a los pies del Crucificado que se encuentra en el coro de esta iglesia de El Carmen de Abajo (Salamanca). Al mismo tiempo, Dios le concedía, a Pablo, a los pies de la cruz, grandes momentos de consolación y alivio en medio de la enfermedad. Fue, por aquel entonces, cuando hizo suyo un verso del poema, que repetirá, frecuentemente, a modo de jaculatoria, en su oración, y que, luego, utilizó en su invitación a la profesión religiosa: «La cruz es mi alegría, no mi pena». Después de un retiro de Effetá regresó radiante, con la certeza de que se podía estar en paz en el sufrimiento y en la adversidad. ¿Cuál era el secreto…? Subir a la cruz y descansar allí con Jesús, su Amado.

5. Llega a su vida, a través de los coloquios, la devoción a Sta. María Margarita de Alacoque, la cual le ayudó a avivar la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. De hecho, en el reverso de la fórmula de su profesión religiosa en la Orden del
Carmen, el día 25 de junio de 2023, dibujó nuevamente una cruz florecida. Aquel día hizo voto de vivir en obsequio de Jesucristo, unido más estrechamente a Cristo en pobreza, obediencia y castidad. En esta ocasión en el centro de aquella cruz
exuberante representó también el Sagrado Corazón de Jesús roto por amor a él y a la humanidad. María Margarita en una de sus visiones describe cómo la cruz “cubierta de flores” se convierte en una cruz “llena de espinas”. Y Pablo, al meditar este pasaje, sintió la inspiración de invertir los términos: el tronco abrupto de la cruz “lleno de espinas” se transformaba en una cruz “llena de flores”. Él decía: “No es lo mismo”. Recuerdo oír decirle, “ojalá que al vea esta cruz llena de vida le entren
ganas hasta de morirse”.

La corresponsal de COPE en el Vaticano e Italia, Eva Fernández –como decía el P. Salvador– el día 2 de agosto de 2023, en la rueda de prensa en el avión que trasladaba al papa Francisco a la JMJ de Lisboa, le regaló a Su Santidad de parte de los periodistas españoles, el dibujo que Pablo había hecho de esta “cruz florecida” junto con una carta póstuma en la que Pablo encomendaba las intenciones del Papa en su oración. Mons. José Luis Retana Gozalo, Obispo de Ciudad Rodrigo y de Salamanca y el M.R.P. Salvador Villota Herrero, Prior Provincial de los carmelitas de la Provincia de Aragón, Castilla y Valencia de S. Juan de la Cruz expresaban con asombro y gratitud lo vivido días atrás (profesión y el
funeral) en el Convento carmelita de San Andrés. Así mismo, solicitaban al Prior General de la Orden del Carmen que la carta de fray Pablo María de la Cruz, pensando en el bien que pudiera hacer en tanta de gente de buena voluntad y, sobre todo, a los jóvenes, le fuera reenviada al papa Francisco. De hecho, el día 29 de julio de 2023, festividad de santa Marta, el Prior General de la Orden del Carmen, Rvdmo. P. Míceál O’Neill, O.Carm., le hizo llegar al papa Francisco de forma oficial la carta de Pablo.

6. El Crucificado del coro de esta iglesia, donde la comunidad carmelita reza las completas –allá arriba–ha sido confidente del inmenso amor de Jesús a Pablo. Recuerdo que él mismo contó que un día, estando de rodillas en oración delante del Crucificado, encontró una espina de la corona del Cristo. La recogió́ y la guardó como el regalo más grande que pudiera haber recibido. Y comentó después que sintió que era un guiño del Señor, una invitación del mismo Jesús que le susurraba:
“¿Entonces, Pablo, me quieres ayudar?”. Sintió impotencia y sólo se atrevió a responder: “¡Me encantaría, pero mírame: estoy hecho un cacharro”. “¡No tengas miedo. Tienes aún mucho que ofrecer! ¡Tú entrégate a mí, que del resto me encargo Yo”. A propósito del ¡tienes aún mucho que ofrecer! contaba la anécdota de uno de los capellanes del hospital que viendo tanta operación, tanta cicatriz en su cuerpo y tanta extirpación, le dijo: “Mira, Pablo, lo importante no es cómo vamos a llegar al Cielo, sino que los trozos que queden de nosotros lleguen al Cielo…”. Y le daba mucha risa. Lo cierto es que aquel día bajó del coro entusiasmado, con el rostro iluminado como Moisés cuando descendió del Sinaí. Había visto la gloria de Dios en su Hijo levantado en la Cruz, su descanso. Ahí sintió la inspiración de que su vida sería más fecunda “muriendo que recuperando la salud”. De hecho, así lo expresó y muchos de vosotros lo habéis oído en varias ocasiones.

7. Pablo, que pedía al Señor ser “pequeño y pobre”, descubrió en otra santa, Teresita del Niño Jesús —que murió con solo 24 años enferma de tuberculosis— una profunda “historia de amor”. No tenía vigor, dice ella, para subir por las escaleras del voluntarismo, el esfuerzo y la perfección. Le llamó la atención cuando la joven dice: «¡El ascensor que ha de elevarme hasta el Cielo son tus brazos, Jesús! Y para eso no necesito crecer, al contrario, tengo que seguir siendo pequeña, tengo que empequeñecerme más y más… Voy a pasar mi Cielo haciendo el bien en la tierra». Descubre nuestro hermano que él también cabía en el “ascensor misericordioso” de Teresita. Más adelante meditará en otro texto de la carmelita: “Tengo vocación de apóstol. Quisiera recorrer la tierra y plantar tu cruz gloriosa en tierra de misión (de infieles)…”. Y lo deseaba… Pablo comenzó a rendirse. En los brazos de Jesús nada malo le podía suceder… Un día le envió a Mari Carmen, su madre, un texto que decía así: “No ocurrirá nada que pueda estar en contradicción con Su voluntad. Él está velando y ayudando. A todos”. A todos… Teresita hacía barquitos de papel y los sumergía en una jofaina llena de agua. La santa siente que su vida es un barquito zarandeado por la tempestad. Esta escena impresionó a Pablo y empezó también, como ella, a llamar al barco de su vida “abandono”. Se conservan, de hecho, un par de barquitos de papel que él mismo confeccionó y que puso en su cuarto, en el domicilio familiar. Uno de estos barcos –siempre junto a Jesús Sacramentado, su mejor compañero de habitación– lo depositaría en el altarcito que preparó en la habitación 615 del Hospital Clínico Universitario de Salamanca, luego en la unidad de paliativos de los Montalvos, y, por último, en la celda que el prior le asignó aquí en el Convento de San Andrés.

8. De la mano de san Juan de la Cruz descubrió con asombro que las manchas que deja el “hombre viejo” no saltan fácilmente y que, como dice el santo, éstas sólo salen con la lejía del Espíritu Santo. El primer entusiasmo no bastaba, la lucha seguía. Empezó a rezarle como un loco al Espíritu Santo. Me insistía que tenía que hacer un Seminario de Vida en el espíritu. Le dije: “No tengo tiempo”. Me insistía que tenía que convencer a su madre para que asistiera también. Le dije: “Bueno, eso sí se lo diré, pero tampoco sé si tendrá tiempo”. Y vislumbró, asimismo, a niveles muy hondos de conciencia –muy profundos– que unión con Dios en el amor y purificación de nuestro ser son la cara y cruz de la misma moneda. La
experiencia de la “noche oscura” le llevó a musitar en medio de fuertes dolores: «¡Más dolor, más amor! Entiendo el inmenso amor de Jesús a cada uno de nosotros… ¿Cómo no me he dado cuenta antes?».

El día anterior a la profesión, y, más adelante, en otro par de ocasiones, Pablo experimentó que, en medio del dolor que lo machacaba, el “obsequio” y la “entrega” eran ya la única motivación de su vida. Y, aunque tuviera que ir atado con cuerdas como el Sr. Barns en Los Simpson, iba a subir a la cruz, no por esfuerzo, por pura gracia de Dios. Ante la debilidad total frente a la enfermedad, asume, poco a poco, que la humildad consiste en levantar las manos, como Jesús en la cruz, y rendirse por amor, ya que, como dice san Juan de la Cruz, así lo leyó en sus escritos: “El alma no teme morir cuando ama, antes lo desea”. De la misma manera, pero con sus palabras, en una entrevista radiofónica les decía Pablo a los jóvenes: «“Me han dicho que me quedan unos meses para irme con el Padre y me parece que es mucho… Nunca es pronto para encontrarse con Dios». Donde cabía encontrar la expresión “nunca es tarde”, extrañaba el oír “nunca es pronto”. La vida verdadera
no se computa en años, sino en entrega. Dios es de fiar, por lo que “morir, para estar con Cristo, es con mucho lo mejor”.

9. Otra vida que ayudó a Pablo fue la del beato –ya casi santo– Carlo Acutis. También rezó con él. Este joven italiano, llamado el ciberapóstol de la Eucaristía, murió tan sólo con 15 años, pero los suficientes para que por su testimonio muchos corazones, especialmente jóvenes, encontraran a Jesús. La vida de Acutis, aficionado a los videojuegos y a la programación, que amaba el fútbol y la Eucaristía, generó gran interés en la vida de Pablo. En más de una ocasión se le oyó repetir alguna de las frases inspiradoras del beato Carlo: “La Eucaristía es mi autopista hacia el Cielo… Para encontrarnos con Él basta con que entremos en la Iglesia”. Y también: “Al estar ante Jesús Eucaristía nos hacemos santos”. En la profesión religiosa de Pablo, en las letanías de los santos, por su expreso deseo, se elevaron oraciones al beato Carlo Acutis, al Hno. Rafael y, siguiendo nuestro consejo, se añadió también a la carmelita santa Teresa de los Andes, los cuales, los tres, murieron muy jóvenes y, en medio de la enfermedad, encontraron sabiduría en la cruz y fuerza en Jesús-Eucaristía. De hecho, más adelante escribiría y dejaría anotado que se dijese en su funeral, especialmente a los jóvenes: “El que quiera hablar conmigo lo tiene muy fácil, que se acerque a la Eucaristía, allí me tienen siempre en línea. Hermano, si sentimos el mismo fuego en el amor a Jesús-Eucaristía, tú y yo somos UNO”. Junto con la conversión de los jóvenes para que encontraran el amor de Dios a través de Jesús Eucaristía, y desterrar en nosotros el miedo a la muerte, la unidad de la Iglesia era para él algo importantísimo. Convicción y casi obsesión: ser uno… Ofrecía su vida por la unidad de Iglesia, a la que llamaba con amor Madre, para que todos los movimientos, itinerarios, grupos eclesiales, Congregaciones y Órdenes religiosas fueran uno, de forma que la división no afease su rostro y brillase en medio de nuestro mundo, y en la misma Iglesia, la belleza del Cuerpo de Cristo. Esta gracia se la concede la Virgen de Fátima.

10. El cuerpo de Pablo se va desmoronando, y crece, en cambio, el hombre interior. La incredulidad y la duda en medio de la enfermedad, vaivenes, días mejores y peores, dan paso poco a poco a la ofrenda y a la confianza. Todo en la más absoluta normalidad. Le envolvía a Pablo una sensación extraña como si Jesús le pidiera ahora algo distinto: ¿Acaso entregarse enteramente a Él como consagrado? Haciendo oración en la Capilla del Santísimo de los carmelitas, el P. Alfredo abre la Biblia al azar y un pasaje del profeta Isaías, que antes leyó el P Salvador, le revuelve por dentro. Un pasaje que en otras ocasiones ya había presidido su vida: “Dice el Dios que te creó, Jacob, el que te formó, Israel; no temas, porque yo te he redimido. Te he llamado por tu nombre, tú eres mío… No temas, porque yo estoy contigo” (Is 43,1ss.). Lectura que, más tarde, se proclamaría para su profesión religiosa. El canto con el que culminó aquel momento de adoración rezaba así: “Sólo a ti pertenezco” –texto musicalizado de Sta. María Margarita de Alacoque–. Esta frase le golpea por dentro: “¿Por qué Dios pone este anhelo en mi corazón? ¿Esta voz es mía o es Dios?” –se pregunta–. Eso es lo que intentaba discernir. Se lanzó a la aventura. Contactó con los Hermanos de Belén de la Asunción de la Virgen y de San Bruno en el sur de Francia y fue a conocerlos el día 8 de febrero de 2023. Vino realmente entusiasmado, alegre.

El día 15 de mayo de 2023 le comunican que su precaria salud le impediría seguir aquel estilo de vida austero y ascético y era mejor que no iniciase el proceso. En cierto modo lo intuía. Estaba en paz… Alguna vez –y lo confieso aquí esta mañana– pensé en los coloquios: “Dios mío, como nos diga que quiere entrar en los carmelitas me muero de pena si hay que decirle que no”. Lo confieso. Salió a relucir en aquellas circunstancias su madurez humana y espiritual y sentí que debía hablarle con calidez y afecto, pero siempre desde la verdad –regla de oro en el acompañamiento espiritual–. Le dije a Pablo que su salud no ayudaba, pero que no se preocupara si no se le abrían las puertas en la vida religiosa: “Mira, Pablo, vete al Crucificado del coro, con el que tantas veces has conversado amorosamente, ponte de pie delante de Él, abrázalo y entrégate por entero a Él: tu alma, tu mente, tus fuerzas, tu corazón… Él lo sabe todo, ha conquistado ya tu libertad. Ama a Cristo —como decía el Hno. Rafael—, lo demás ¿qué más te da? Lo tienes ya todo. ¿Qué más necesitas?”. Su respuesta fue sorprendente. «Una madre que me acoja: la Iglesia». Luego he entendido que aquella respuesta no venía de él. Él no tenía formación teológica, nadie le ha dicho esto. ¿De dónde saca aquello? “Una madre que me acoja”, aquella respuesta la puso Dios en su corazón. Confieso que me descolocó. Le di mi bendición. Sólo me atreví a decirle para acabar el coloquio: “Sigue rezándolo… Ya hablaremos cuando quieras otro día”.

11. Ese otro día no se hizo esperar, fue el 31 de mayo de 2023, la Visitación de Nuestra Señora. El oncólogo, en Madrid —tal como él mismo explicaría en una entrevista radiofónica— le informó que su afección era irreversible y que le quedaban pocos meses de vida. Esa noche, al regresar de Madrid, Gene lo trajo junto con sus padres aquí al Convento de S. Andrés, y se encontró con los jóvenes de Effetá. Al día siguiente, y sin andar con rodeos, me informó que ya no quedaban más cartuchos y que se iba con el Señor. Me preguntó, también sin evasivas, que si habría alguna manera de solicitar a la comunidad carmelita del Convento de San Andrés (Salamanca) su ingreso en la Orden del Carmen. Deseaba consagrarse a Dios, entregarse a Jesús y pedía morir con el hábito carmelita a los pies de la Virgen del Carmen. Le apunté que su salud era un grave impedimento. No obstante, a lo largo del coloquio le comenté que en el Carmelo, de forma hiper excepcional, se habían dado casos en los que la profesión se había hecho “in articulo mortis”. Él no sabía qué era aquello. Le expliqué de forma muy vaga que la Iglesia, con la solicitud de una buena madre, en peligro de muerte simplificaba al máximo las normas… y todo lo hacía fácil. Como hacen las madres: buscan que las cosas sean fáciles. Además, sus motivaciones debían ser discernidas… Estando así las cosas, recordé la visita que el célebre escultor Venancio Blanco —hombre profundamente creyente— hizo al Convento carmelita de S. Andrés y en la que fui testigo cómo Ricardo, el padre de Pablo, le pidió oraciones por su hijo. ¿Lo recuerdas? Y Venancio le respondió: «Yo he visto en mi vida muchos milagros, pero siempre los veía a toro pasado, ahora he aprendido a esperarlos».

12. Pues el milagro esperado se dio… Su solicitud no podía ser un acto devocional o un premio de consolación porque no hubiera otra salida. Así le explicó Pablo al Procurador General, M.R.P. Michael Farrugia, sus intenciones y por qué hacía la petición. Leo literalmente: “Veo como voluntad de Dios que me haya traído al Convento de San Andrés, al Carmelo, al lugar donde vivió san Juan de la Cruz, maestro de la “noche oscura” que estoy atravesando; aquí me reúno con los jóvenes a
rezar, a celebrar la Eucaristía, a la adoración; aquí me dirijo espiritualmente con los carmelitas, aquí ha madurado mi fe, aquí me he encontrado con Jesús-Eucaristía, al que quiero recibir todos los días hasta que Dios me llame; aquí me he encontrado con el amor maternal de la Virgen María, a la que deseo consagrarme con todo mi ser. ¿Puedo ingresar y morir en la Orden del Carmen como fraile?”. Más tarde con mucho sentido del humor apuntó que la Virgen del Carmen, llamándose su madre “Mari Carmen”, un capote le echaría –lo dijo él, la retranca nunca la perdió–; y que Ricardo, su padre, arquitecto, con la reforma del edificio, se pasaba más horas aquí en el convento que en su casa…

El día 11 de junio, Solemnidad del Corpus Christi, se envió al Procurador General de la Orden del Carmen, en Roma, una carta explicativa, junto con la consulta sobre la posible admisión “in articulo mortis” del joven Alonso Hidalgo. Se adjuntaban también las razones de su petición. La respuesta, después de una llamada teléfonica desde Roma recabando más información, era favorable a la admisión, haciendo una observación de carácter canónico: la profesión religiosa, al ser “in artículo mortis” era válida jurídicamente si, efectivamente, la muerte acontecía. Y Pablo esto lo leyó y lo escuchó. Si Pablo, en cambio, debido al tratamiento oncológico o por un milagro recuperaba la salud, su profesión no tendría valor jurídico y, por lo tanto, debería realizar como todo “pichichi” todo el proceso formativo: prenoviciado, noviciado, profesión temporal y profesión
solemne. Pablo hizo en tres días lo que otros hemos hecho en 7 u 8 años. Asesorados por el Procurador en la Curia General de Roma y conociendo que la legislación canónica, “in articulo mortis” amparaba en principio su incorporación en la Orden del Carmen, se presentó y se recibió entonces el voto favorable de nuestro Superior Mayor, el Prior Provincial de la Provincia de ACV (cf. 13 de junio de 2023) y, seguidamente, el voto favorable por unanimidad del Consejo Provincial de la Provincia de ACV de S. Juan de la Cruz (cf. 17 de junio de 2023).

13. Pablo ingresó en el noviciado carmelita el día 21 de junio de 2023. Realizó su profesión religiosa a la Orden del Carmen el día 25 de junio de 2023. A partir de ese momento como dice el adagio latino Nomen est omen (El nombre es todo), su nombre era nuevo, Fray Pablo Mª de la Cruz, María y el misterio del Crucificado serían los pilares de su vida de forma notaria y pública en medio de la Iglesia. Se aferró a la cruz, no sólo existencialmente. A partir de ese momento, muchos lo visteis con una pequeña cruz que recibió ese día de la profesión, a la que iba siempre aferrado, y que Prado le había regalado y traído de Belén. La profesión religiosa –con susto incluido por su desvanecimiento y que Nacho, médico, resolvió con un tortazo– fue un derroche de alegría. La presidió, al igual que el funeral Mons. José Luis Retana. Pablo Mª profesó en manos del Prior Provincial, P. Salvador Villota Herrero. Estuvo 20 días de fraile. Disfrutó del don de la fraternidad, de la alegría de la vida comunitaria, de vestir el traje de bodas (el hábito carmelita), de participar en la Liturgia de las Horas, de celebrar la Eucaristía, de la animada recreación en el refectorio… hasta que el día 1 de julio le asaltó un dolor intrusivo que no cesaba. La cruz seguía llamando a su puerta. La cruz era fiel a su cita. Los médicos decidieron que había que ingresarlo en la unidad de paliativos de los Montalvos. David, el esposo de Débora, fue un ángel, en paliativos. La comunidad carmelita, su familia y amigos rezaron, tal como él les indicó, “no por su curación, sino para que se fortaleciera su fe”, pues el combate que le esperaba era duro. Recuerdo que el día 3 de julio pude acompañarle en el turno de noche. Comentamos un par de películas, La canción de los nombres olvidados, de François Girard y Vete vive, de Radu Mihaileanu. Salimos a la terraza y en medio del encinar hacía mucho fresco aquella noche. Vino la enfermera, nos llamó la atención con toda la razón del mundo, advirtiéndonos que nos íbamos “a morir de frío”. Pablo Mª, con fina ironía, tosiendo, susurró: “Sí, sí, de frío… y de alguna cosa más”. Retranca hasta el final…

14. A las 4.00 AM rezamos un Ave María y escuchamos la versión musicalizada de la oración del santo Cura de Ars, divulgada por el papa Benedicto XVI en el año 2010 para celebrar el año sacerdotal, y que el P. Salvador Villota nos había enviado
días antes. Decía así: “Te amo, oh Dios mío, y mi deseo es amarte hasta el último respiro. Te amo, oh Dios mío, infinitamente amable y prefiero morir amándote que vivir un solo instante sin amarte. Te amo, Señor, y la única gracia que anhelo es amarte
eternamente. Te amo, oh Dios mío, deseo el Cielo y tan solo poseer la felicidad de amarte perfectamente. Dios mío, si mi lengua no puede decir a cada instante, a cada hora “te amo”, que mi corazón te lo repita cada vez que respiro”. En ese momento Pablo Mª me apuntó que, efectivamente era así, que “él sentía eso y mucho más”. Y me mostró una conversación mantenida con una amiga suya, a la cual conocí el día de su funeral. Conversación que ambos me dejaron reproducir. La joven, al final de la celebración, estaba recogiendo flores de la “cruz gloriosa”, pues iba a secarlas y conservarlas como recuerdo. Le pregunté si era ella la que le había enviado a Pablo Mª, el día 27 de junio, la canción de Pedro Capó, La fiesta. Me dijo que sí. Su amiga le contaba que el día de su profesión fue algo maravilloso y que lo vio feliz. Y él le contestaba dando razón de dónde venía su alegría: “Es que [Dark Robin, pseudónimo de ella] estoy muy enamorado. Y estoy viviendo con quien Amo. Y no puedo ser más feliz, porque muero de amor por Él. Y si muero, me voy con Él […] Es que la muerte es tan bonita a su lado […] Es que he tenido la suerte de conocer al Amor […] es que es el Amor con mayúsculas”. Sin palabras.

15. En la tradición cristiana amor y dolor van siempre juntos. Cruz, vida, resurrección siempre juntos… Getsemaní estaba a la vuelta de la esquina. El miedo, la oscuridad profunda frente a la muerte, sueños no realizados y truncados le asaltaron la noche del 10 de julio de 2023. Rezamos el Padrenuestro y repetía: “Líbranos del mal. Líbranos del mal. Líbranos del mal…”. Su deseo manifestado en repetidas ocasiones era regresar al convento y entregar su vida aquí a los pies de la Virgen María. Y así sería. Aquella noche, Fray Pablo María rezaba intensamente. En otro momento había implorado a los amigos y conocidos que orasen por él: «Querida familia y amigos en el Señor. Os comunico que estoy bien y con muchas ganas,
si Dios quiere, de volver al convento de S. Andrés. Pido al Señor una última gracia: entregar allí mi vida a Jesús, a los pies de la su Madre, la Virgen María. Me siento cansado, es verdad, pero confieso que he sido y soy feliz. Jesús Eucaristía que me ha
acompañado estos días, ha sido para mí el mejor paliativo a mis dolores. Os pido que me encomendéis al Señor, pues sé que llegan tiempos difíciles y que me espera el gran combate de la fe. Pedid a Dios que mi fe no vacile y no dude nunca de su Amor. Que en medio de la noche oscura, revestido de las armas de la luz, pueda aferrarme a la Cruz de Jesús, mi Amado, único Camino hacia el Cielo». Después de la noche llegó la aurora, y, al amanecer, el día 11 de julio, a las 7.45 AM, Pablo entregó definitivamente su voluntad al Señor. Fue su consumatum est, sabedor de que empezaba la recta final. A modo de letanía, presentó al Señor sus intenciones:

«Por los jóvenes que no conocen a Dios… Por los que no se sienten amados ni queridos… Por los que llenan el vacío con más vacío… Por los que caen en las adicciones… Por los que están enfermos… Por los que están solos… Por los que buscan la felicidad en la afectividad… [Todo es ofrecer más y más…] Por los jóvenes de la Iglesia, para que no se escandalicen [de ella] y permanezcan en ella… Por los jóvenes que están desorientados y engañados, sobre todo con el tema de la sexualidad… Por los que no se atreven a dar el paso a entregar su vida a una vocación en la Iglesia… Por los que piensan suicidarse o ya lo han hecho… Que tengamos buena conciencia… y distingamos entre el bien y el mal… Que sepamos buscar a Dios… Que todo sea para gloria de Dios… Por todos los que rezan por mí… Por nuestros bienhechores… Y [por] todas las intenciones que me han enviado… Rezo por ellas y se las presento al Señor». Ese mismo día, después de su ofrecimiento, se preparó el traslado de Pablo al Convento de S. Andrés.

16. La Virgen de la Primavera le acompañó durante sus últimos meses. Una de las noches en paliativos, antes de dormirse, fue anotando la descripción que de Ella hacía para enviársela a su amiga Isa Montejo, una joven amiga de Talavera, a
la que le pidió que, con sus indicaciones, le pintase un cuadro. Así le indicó: “Es una virgen que ya ha visto la Pasión, pero sabe lo que viene después, la Resurrección. Y es una virgen arrodillada en un prado… No lleva velo. El pelo es castaño y lo lleva suelto. Lleva entre sus brazos una cruz pequeña. Y la está sosteniendo con las manos, como si estuviera sosteniendo a su hijo pequeño. La cruz de madera tiene en el centro una corona pequeña de margaritas. Y como es primavera, están cayendo los pétalos de las margaritas. En la cruz, en la zona de los clavos (las manos, los pies y el costado) reposa un pétalo rojo. La Virgen lleva flores en el pelo. Y se ve que alguna lágrima desciende por su mejilla, pero, por encima de todo, se le ve que está alegre”. Isa iba realizando el boceto en acuarela. Y sobre las pruebas que Isa le iba enviando por Whatsapp, Pablo Mª le volvía a enviar sus observaciones. Isa le prometió que el boceto, pintado en acuarela, después de la JMJ, con más calma se lo pintaría en acrílico.

Así se despedía del papa Francisco en su carta: “En el Carmelo, el Jardín de Dios, antesala del Cielo, crece María, el Girasol de Dios –su flor preferida– a la que me gusta llamarla e imaginármela como la Virgen de la Primavera. A Ella le pido que transforme los desiertos del dolor en jardines de consolación y en sus manos deposito la evangelización de los jóvenes”. El día 15 de julio, sábado, víspera de la Solemne conmemoración de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo entregó
su vida a Dios. Acabada la solemne procesión de la Virgen del Carmen, el día 16 de julio, por las riberas del Tormes, empezó el velatorio, aquí en la Iglesia. Duró toda la noche, fue un momento de oración y de alabanza en torno a Jesús Eucaristía. El árbol de la Cruz, adornado con flores, se transformó en árbol de Vida Eterna. Jesucristo, vencedor de la muerte, brillaba en medio de la asamblea. El funeral fue una auténtica fiesta que se prolongó después de su sepultura en el Cementerio de la Virgen de la Salud y en el ágape que había dejado organizado a ritmo de playlist para sus amigos aquí en el Convento de S. Andrés.

Como decía Mons. José Luis, “qué grande es Dios y qué bella es la Iglesia y el Espíritu que trabaja en ella y a cada uno de nosotros. La vida débil de Pablo dará frutos insospechados para los que estamos siendo testigos de su entrega”.

Muchas gracias.

P. Desiderio García Martínez, O.Carm.

Salamanca, 25 de mayo de 2024
Fiesta de Sta. María Magdalena de Pazzi, carmelita