Entrevistas

Fray Abel de Jesús: «Va a haber un resurgir en la Iglesia»

Abel Hernández Llanos es un joven tinerfeño (Los Realejos), de 28 años. El día de su profesión religiosa en la Orden de los Carmelitas Descalzos se convirtió en fray Abel de Jesús, OCD, y descubrió la llamada a una misión especial. 

Hoy, tiene un canal de YouTube que alcanza casi 20.000 suscriptores y crece exponencialmente. Además, siembra una fecunda semilla por medio de las redes sociales. Por otro lado, le encanta pintar y suele expresar de esa manera su fe y su devoción. Y, por si fuera poco, acaba de publicar un libro llamado Internet y vida contemplativa. Cómo hacer que tu espiritualidad sobreviva en la era digital, con PPC.

Toda esta labor le ha llevado a aparecer en diversos medios de comunicación tradicionales, como La Razón, quien lo ha denominado “el pensador millennial  más potente del hecho religioso en nuestro país”. Jóvenes Católicos también ha tenido acceso a este testimonio, en una entrevista personal con Fray Abel:

¿Cómo se te ocurrió transmitir tu fe a través de las redes, a través de internet?

En realidad, no fue una cosa que se me ocurriera, sino que yo lo sentí como una vocación. Me parece importante. Fue el día de mi profesión religiosa que yo experimenté, de alguna manera y contra todos mis planes, que el Señor me llamaba a evangelizar en YouTube. Fue una llamada bastante concreta y así la experimenté en aquel momento, a pesar de que por aquel entonces no solía usar las redes. De hecho, vivía prácticamente en la abstinencia digital desde que entré a la orden. Y eso, a pesar de que tenía ciertos estudios de Comunicación, hechos cuando yo estuve en el seminario diocesano, donde pasé casi cinco cursos. 

Tenía gran interés por los medios de comunicación, pero también había renunciado a ello, por así decirlo. En virtud de mi vocación contemplativa. Sin embargo, ese día experimenté que el Señor me llamaba; y, cuando el Señor llama, ¡casi no hay nada que hacer! Uno tiene que lanzarse a la misión que el Señor le pide. En ese momento, lo que hice fue comenzar un discernimiento con los superiores, con los acompañantes… que terminó con la apertura del canal de YouTube.

Háblame del proceso de preparación, tanto técnico como personal.

Mira, fue bastante rápido. Estuve en torno a un mes formándome. O un mes y medio. Porque tenía bastante olvidadas ciertas nociones básicas de comunicación y de técnica audiovisual. Yo había usado Premiere y Photoshop, pero llevaba tiempo sin utilizarlos, por lo cual mis conocimientos estaban bastante empolvados y hubo que desempolvarlos, ¿no? Entonces, me harté de ver tutoriales, vídeos y estudiar cómo funcionaba la propia plataforma de YouTube. Así fue que el día de Santa Teresa del año 2019 empezó esta aventura.

¿Esperabas el resultado que estás teniendo?

Partía del hecho de que internet es un lugar muy complicado, porque uno nunca sabe por dónde va a ir la respuesta de la audiencia. Es muy difícil establecer patrones, leyes… No hay fórmulas en internet. Siempre estás sometido a lo inesperado. Incluso, esto tiene una razón técnica: los propios algoritmos son desconocidos para las propias plataformas. ¡Es muy difícil! Hay que tener un nivel de intuición muy grande para entender estos algoritmos que, además, muchas veces incluyen por sí mismos factores aleatorios, para aumentar el suspense y la adicción.

Por tanto, yo no podía establecer cuál iba a ser la respuesta de la gente? Sí que sabía, y lo sigo sabiendo, que, en proporción, hay muy pocos divulgadores cristianos. Se crea muy poco contenido católico en internet, muy poquito, en comparación con otros colectivos, y demás. Y donde hay mucha demanda y muy poca oferta, uno puede intuir que a poco que haga, va a tener cierta respuesta y cierta acogida, como ha sido el caso.

Y, ¿cómo te ha afectado todo esto a distintos niveles?

Ha sido un desafío muy grande, muy radical. Porque es algo que trastoca toda la vida: no sólo una dimensión de ella, sino toda la existencia. Tanto desde el punto de vista social como desde el punto de vista espiritual. En realidad, ha sido un proceso muy largo y serio de discernimiento, de contraste, de lucha… a nivel interior. Y eso me ha llevado a tomar muchas decisiones. Por ejemplo, vivir en la semi-abstinencia digital, que creo que es imprescindible, en mi caso, para mantener un sano equilibrio en la vida contemplativa. Yo no uso smartphone y tampoco tengo internet en mi celda, sino que lo tengo a parte, en un lugar aislado, para aprender a diferenciar bien dónde está el espacio de internet y dónde está el espacio de mi vida cotidiana.

Eso, primero. Después, también, intentar trabajar sin internet, ¡precisamente para avanzar más rápido! Porque, cuando uno se adentra en toda esta estructura, internet lo hiperestimula para generarle dependencia. Eso me ha llevado a tomar este tipo de decisiones. Bueno, todas las reflexiones de mi historia personal, así como propuestas y herramientas para el discernimiento, están consignadas en el libro Internet y vida contemplativa: es el fruto de todo ese drama interior de afrontar una vivencia apostólica en internet sin querer perder el carácter contemplativo de mi propia vida. Un carácter contemplativo que, en realidad, todo cristiano debería tener.

Solo la oración nos permite la eficacia que el Evangelio pide de nosotros.

¿Cuáles te gustaría que fueran los frutos de estos proyectos que estás desarrollando?

Por un lado, el canal de YouTube es eminentemente divulgativo, y me gustaría que tuviera un impacto, sobre todo, en los jóvenes. Es decir, que los jóvenes llegaran a conocer más profundamente, más íntimamente el amor de Jesús. Y la razonabilidad de ese amor y de su propia existencia. Después, el libro quiere ser una herramienta que pretende ayudar en los procesos de discernimiento, especialmente, de las personas que se consideran a sí mismas “contemplativas” o que dan gran importancia a la vida de oración. Específicamente, a los institutos de vida consagrada (monjas, monjes, conventos…) y cualquier casa de formación. Pero también para cualquier otra persona que quiera tomarse en serio su contemplación. Me gustaría que el impacto del libro afectara, sobre todo, a la vida de las personas. Que aprendan a valerse de los beneficios que internet nos ofrece, sin dejarse perjudicar por sus potenciales peligros, que sí los tiene.

¿Qué le dirías a un joven que se decide a compartir su fe a través de las redes, inspirado por tu contenido?

Yo le diría que cuenta con todo mi apoyo. Somos muy poquitos para los que deberíamos ser, en realidad. Además, le recomendaría dos cosas: primero, que lleve una vida de profunda oración, porque sólo la oración nos permite la eficacia que el Evangelio pide de nosotros, escondida y espiritual, y no sólo de los números (es lo que nos permite permanecer en la vocación misionera); y, en segundo lugar, que se forme bien. No podemos estar de cualquier manera. ¡Hay que conocer el medio, hay que conocer el ambiente! Hay que aprender cómo llegar sin hacer más daño que beneficio. A veces, pasa por diversos motivos. Así que, teniendo en cuenta que se puede hacer más daño que beneficio en la red, conviene formarse bien y tener una profunda vida espiritual.

Ahora que la Iglesia está siendo especialmente atacada por los medios de comunicación, ¿cómo ser testimonio en medio de la vida cotidiana, también digital?

Es importante, en medio de esta tesitura, evitar la polarización en la medida de lo posible, que es lo que internet quiere conseguir de nosotros; es decir, que nos radicalicemos cada vez más en una postura extremista, ¡eso es lo que internet quiere de nosotros! Y sería un fracaso absoluto y rotundo que nosotros cayéramos en eso. Por tanto, importante: evitar la radicalización. E intentar evitar, en la medida de lo posible también, las rencillas ineficaces, que son muy tentadoras, muy atrayentes, pero no sirven para el fin al que el Señor nos llama, que es la construcción de la propia Iglesia. Más bien, sirven para construcción de nuestros propios egos personales y eso, desde luego, no ayuda.

Es posible que estemos pasando por un cierto invierno. Pero después del invierno, siempre llega la primavera.

En tu canal, has hablado de la Iglesia en diversas ocasiones. Actualmente, atravesamos como Iglesia un proceso sinodal activo que implica “caminar juntos”, escuchando al Espíritu Santo. ¿Dónde crees que reside la clave de este proceso?

No sé si lo que se me ocurre es, a lo mejor, un poquito crítico. Diría que el camino sinodal va a triunfar si realmente es honesto. Porque, generalmente, lo que suele pasar es que favorecemos mucho la libertad, la participación, la pluralidad… salvo cuando esa pluralidad se opone a nuestras propias consideraciones y, ¡eso no puede ser! Eso sería absurdo. Es lo que a veces pasa: “Aquí hay pluralidad y libertad hasta que alguien piensa distinto que yo”. Eso, en el fondo, es engañarnos a nosotros mismos.

Creo que si el camino sinodal se convierte verdaderamente en un espacio de libertad y de pluralidad, tenemos posibilidades de que esto salga adelante y renueve la vida de la Iglesia. Pero, si es la “pluralidad de los que piensan como yo”, entonces creo que nada vamos a conseguir.

Finalmente, ¿qué mensaje de esperanza nos trasladarías desde tu experiencia?

Yo creo que hay que desalentarse por las potenciales carencias que veamos en la Iglesia. Es posible que estemos pasando por un cierto invierno vocacional, teológico o eclesial. Pero después del invierno siempre llega la primavera. Cuanto más frío sea el invierno, húmedo y desagradable, con más fuerza va a brotar la belleza de la primavera. Estoy seguro de que ya falta menos para que llegue. Estoy convencido. Va a haber un resurgir en la Iglesia.

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