Testimonios

«En medio de tanto dolor doblé rodillas sin entender y le dije estoy aquí»

Para describir el Amor de Dios nunca hay suficientes palabras. A lo largo de estos 30 años, Él ha estado conmigo siempre, a pesar de que a veces no le he sentido. Me he intentado alejar por todo lo que me venía pasando, me estaba dejando sola. Le dije que no quería saber nada de Él porque no entendía su manera tan particular de decirme que me quiere, luego reaccioné y vi que me iría peor si lo hacía. Él, en lugar de dejarme con mis rabietas, me fue poniendo trampitas de Amor y me hizo volver con el corazón arrepentido y triste, lloraba ya no tanto por las pérdidas de mis seres queridos sino por la locura de querer alejarme de quien me ha amado y me ha cuidado siempre.

Estos 4 años fuera de mi país, lejos de mi gente, mis costumbres, me han sido muy difíciles. Años de pruebas, perdí al ser más maravilloso que me quedaba, aparte de 4 familiares muy cercanos de los cuales no pude despedirme. Y en medio de tanto dolor, confusión y, hasta cierto punto, enojo, doblé rodillas sin entender nada y le dije estoy aquí, haz lo Tú que yo ya no voy a pelear más, no me quedan fuerzas, entonces escuché esa voz dulce que me decía ¿Me amas? Como el buen Pedro respondí: sabes que te quiero, Señor (creo que el Amor va de la mano con la Fe). Si me quieres, confía en Mí, me lo decía así tan claro. Con vergüenza, por lo que había llegado a sentir, pedí perdón y un poquito más de fe para entender que su Amor para conmigo es infinito y que me basta eso para seguir y dar gracias en TODO momento. En lugar de quejarme por las ausencias que duelen, porque les queremos y les extrañamos, le di gracias por todo lo que aprendí de ellos, y me quedo con todo lo bueno y lo bonito que me regalaron, con esa vida que compartieron. Creo en el Amor y la Misericordia de Dios y sé que ellos están de camino a la casa del Padre y eso me hace feliz. Si las situaciones difíciles las vemos con ojos de fe, es todo más liviano, en Dios, con Dios nada es imposible.

La mejor herencia que pude recibir de mis padres fue la fe que cultivaron en mí desde pequeña. Él me ha puesto ángeles en este camino que me han enseñado a, no solo predicar con palabras, ellos predicaban con el ejemplo y eso ha sido maravilloso, he aprendido a ver a Jesús en el prójimo. Cuando tengo la oportunidad me acerco al necesitado y doy un poco de lo que he recibido de parte de Dios. Le pido siempre tener la gracia de verle y el corazón dispuesto para compartir parte de las maravillas que me ha regalado. Vivir con la Fe puesta en el Altísimo es la mejor decisión que yo he tomado. Él me ama, yo desde mi posición de pecador le amo y le sigo porque su Amor me hace fuerte.

Erika Luna

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