Testimonios

«Estamos hechos para amarle y ser amados». Ana Trigo

Me llamo Ana Trigo, soy una chica de 20 años y estudio tercero de Medicina en Madrid.

Mi camino de fe es un camino sencillo, sin grandes pretensiones ni una gran conversión.

Dios quiso para mí que naciera en una familia católica que me ha educado en la fe desde pequeñita. Y qué gran regalo.

Pero me ha costado casi 20 años darme cuenta de lo afortunada que soy.

He ido siempre a un colegio católico y sí recuerdo tener una fe viva durante mi infancia y adolescencia.

Pero al comenzar la carrera, como pasa en muchas ocasiones, te distraes, conoces gente nueva, sales de tu ambiente, y eso me cegó un poco.

No es que dejara de rezar ni de ir a misa, sino que, poco a poco, fui llenando mi vida de cosas que rellenan pero te dejan a medias.

Salía y entraba más que nunca, tenía un millón de planes y Dios… bueno, le reservaba 5 minutos antes de dormir y la misa de los Domingos.

Este ritmo de vida me dio una aparente felicidad, pero al final, siempre sentía que no disfrutaba al 100%, como si no fuese libre del todo. Y ahí es cuando entendí lo que significa la «esclavitud del pecado».

Cuando llevas una vida de espaldas a Dios (o por lo menos de costadillo, sin mirarle directamente a los ojos), cuando piensas antes en ti mismo que en los que tienes en frente, nuestra naturaleza no nos permite alcanzar la plenitud. Porque estamos hechos para amarle y ser amados, y eso era lo que a mí me pasaba, le necesitaba a Él.

Y Dios, que ve en lo más profundo de cada uno y sabe darnos lo que necesitamos en el momento preciso, quiso hacerse notar en mi vida, de manera sencilla, a través de personas buenas, alegres y sobre todo que te hacen querer ser como ellas.

Acaso no hemos conocido todos a alguien que transmite alegría, paz, una bondad fuera de lo normal?

Pues esos son los angelitos que Dios nos pone para que no nos desviemos demasiado del camino, para darnos una colleja y decirnos: Colega! Que te estás perdiendo la belleza de la vida!

Con el tiempo y gracias a varias personas, me he dado cuenta de que nuestra naturaleza nos lleva irremediablemente a Él, tenemos una sed inmensa de amor que Él sacia. Y una vez conoces esa sensación ya nunca jamás quieres dejar de sentirte amada así, con un cariño que te hace ir con una sonrisa por donde vayas, dando testimonio de Su Amor.

Ana Trigo

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