Cambiar el mundo

¡Papá, no te vayas!

Sin lugar a dudas, San José constituye el ejemplo de paternidad en el que cualquier padre debe reflejarse, precisamente porque en él, se refleja la Paternidad con mayúsculas de la Santísima Trinidad.

De él, San Leonardo de Portomauricio, dijo San José es la prueba de que, para ser un buen y genuino seguidor de Jesucristo, no se necesitan grandes cosas, basta con tener las virtudes comunes, simples y humanas, pero deben ser verdaderas y auténticas”.

Sin embargo, en un mundo donde impera la imagen por encima de la palabra escrita, una escena de apenas dos minutos, puede reflejar también la belleza y la dureza de la paternidad. Es necesario remarcar, que resulta iluso, osado y arriesgado comparar una secuencia de imágenes de una película “profana” con la verdadera paternidad, pero nos puede introducir o acercar a la figura paternal.

En el año 2000, el actor australiano Mel Gibson, estrenaba “El Patriota”, dando vida a Benjamin Martin, un personaje ficticio inspirado en héroes de la reciente historia norteamericana. Viudo, padre de siete hijos, antiguo héroe militar y afectado por la Guerra de la Independencia, se debate entre tomar parte en el conflicto, dejando a su familia o permanecer junto a ellos, eludiendo la llamada a las armas.

Obviando el desarrollo de la historia, en uno de los compases finales de la película, tras un fugaz encuentro con su familia, se despide uno a uno de sus hijos, pero al llegar a la pequeña Susan, ésta, lo rechaza con un silencio culpabilizador, apartándose de cualquier posible contacto afectuoso.

Ante la reacción de la hija pequeña, Benjamin se aparta prudentemente, y monta su caballo, dispuesto a emprender el viaje de regreso con su compañía. En el momento de arrancar al galope, Susan lo llama desesperadamente, mientras corre a su encuentro, con gritos desgarradores de “Papá, papá. ¡No te vayas! ¡No te vayas! “. Embargado por la emoción, Benjamin desmonta aprisa del caballo, para fundirse en un enternecedor y sentido abrazo con su hija, a la que promete regresar en cuanto pueda.

Esta escena, acompañada de una brillante banda sonora que realza la belleza y el dolor de esos instantes, atrapa al espectador, introduciéndolo de lleno en la acción y conmoviendo profundamente sus sentimientos.

Podríamos establecer un paralelismo con la paternidad divina, siempre paciente y misericordiosa, que, aunque sufre desplantes por nuestra parte, no deja de esperar nuestro regreso. Podríamos pensar en la parábola del hijo pródigo, que, aún habiendo abandonado la casa paterna, siempre tiene un lugar en ella.

Podríamos pensar en tantas y tantas veces, que, recibiendo las gracias y dones de Dios, seguimos empeñados en hacer nuestra propia voluntad, aunque sea errónea. Dios, como Padre solícito, sale a los caminos a esperarnos, con la esperanza de abrazarnos con todas sus fuerzas y para siempre.

Aprovechemos este tiempo cuaresmal, para corresponder a ese abrazo paternal y celebrando de esta manera, con todo el sentido de la fiesta, el Día del Padre.

El Patriota

Francisco Javier Domínguez López

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