Catequesis

San Patricio de Irlanda

El evangelizador de Irlanda nació alrededor del año 387 d.C. en la villa romana de Bennhaven Taberniae, al Norte de Inglaterra, que entonces pertenecía a la provincia imperial de Britania. Era hijo de un decurión –concejal y cobrador de impuestos– con sangre bretona llamado Calpurnio, quien a su vez era diácono e hijo de un sacerdote –aún no se constituía el celibato sacerdotal–. Pese a que Patricio creció en un entorno muy devoto, el tema de la religión le era bastante indiferente durante sus primeros años de vida.

Cuando tenía unos 16 años, alrededor del 403, fue secuestrado por piratas sajones junto a otros jóvenes del Norte de Britania, siendo vendido como esclavo a un terrateniente pagano irlandés llamado Milcho. Patricio le sirvió como pastor de sus ovejas, y si bien intentó varias veces escapar sin éxito, nunca intentó matarlo ni tampoco le tuvo rencor. Por su parte, la Divina Providencia hizo que el joven aprovechara éste tiempo de esclavitud corporal y sufrimiento para emprender un camino de conversión. En palabras de él, fue en ése período cuando conoció al verdadero Dios. Patricio aprovechaba las largas jornadas de pastoreo, en las que pasaba la mayor parte del tiempo solo, para orar; asimismo, sus prolongadas caminatas entre los bosques, costas y montañas de Irlanda lo hicieron admirar la grandeza del Creador, reafirmando su fe y llenándolo de un gran amor y temor a Dios.

Seis años después, el joven tuvo un sueño en el cual Dios le indicó que se marchase a la costa ya que ahí habría un barco que lo recibiría para liberarse de su cautiverio. Fue así que Patricio, huyendo de su terrateniente, caminó más de 300 kilómetros hasta que llegó al litoral del condado de Mayo, donde efectivamente había un barco, empero, su capitán no quería subir al joven a bordo. Luego de mucho insistir, el capitán accedió a llevarlo hasta la península de Armórica, actualmente Bretaña, Francia. El viaje fue muy azaroso, y luego de una tormenta de tres días, el barco encalló en costas deshabitadas del Norte de Francia. Esto hizo que Patricio y la tripulación vagasen sin rumbo por un mes, y cuando se acabaron los víveres, el capitán, quien era pagano, cuestionó al joven si su Dios tenía el poder de auxiliarlos en esta situación. Patricio, con gran fe, elevó una oración e instó a sus acompañantes a que hicieran lo mismo y convirtiesen su corazón a Nuestro Señor. Después de orar, al poco rato se cruzaron con una piara de cerdos, matando a varios y comiendo espléndidamente.

Finalmente, llegaron a un lugar habitado y Patricio pudo volver a su casa paterna en Britania luego de cruzar el canal de la Mancha. A sus 22 años, siguió cultivando una vida de oración y trabajo en el campo; sin embargo, al poco tiempo sintió el llamado de Dios mediante una visión en la cual escuchó las voces de los habitantes del bosque de Foclut, uno de los parajes en los pasó más tiempo en Irlanda, que le pedían que regresara para evangelizarlos. Patricio no vaciló, y en cuanto le fue posible se encaminó a Francia para recibir la formación sacerdotal adecuada para misionar entre los celtas.

A partir de éste momento, los detalles de su vida se vuelven difusos, aunque se sabe que, una vez en Francia, entró en contacto con el obispo San Germán de Auxerre, quien le enseñó exhaustivamente todos los aspecto de la doctrina cristiana. Después de unos años, San Germán lo ordenó como sacerdote, y al poco tiempo acompañó a su obispo en un viaje a Roma, donde conoció al papa Celestino I. El pontífice, viendo la buena formación, sencillez, y laboriosidad del sacerdote, le encomendó que misionase en Irlanda ya que aún era tierra de paganos. Patricio aceptó sin dudar esta gran labor, y entonces el papa decidió consagrarlo como obispo para que en cuanto llegase a Irlanda no tuviese complicación en administrar los sacramentos de la confirmación y el orden.

Aparentemente, el nuevo obispo regresó a Irlanda en el año 431, con 44 años de edad, y desde que piso esta isla comenzó a catequizar a sus habitantes. Su estilo sencillo de predicar y carácter afable y devoto pronto hicieron que ganase un número sustancial de almas para Cristo, mayormente del pueblo llano; en cambio, los terratenientes y druidas –sacerdotes paganos celtas– veían con mucho recelo al recién llegado. Muchas veces intentaron desacreditarlo con falsos rumores sobre que llevaba una vida licenciosa, pero a todas luces eran infundados, y antes bien les demostraba lo contrario al practicar el ayuno, oración y limosna. Otros llegaron al grado de agredirlo físicamente. Muchos de los fieles ofrecían vengarlo, pero él les contestaba que eso iba en contra de las enseñanzas de Cristo y los instaba a que orasen por sus enemigos.

Su apostolado se prolongó 30 años, durante los cuales cristianizó a la mayor parte del pueblo irlandés gracias a su testimonio viviente y a sus homilías sencillas. Famosa es la imagen del santo explicando el misterio de la Santísima Trinidad con un trébol. Ya hacia el ocaso de su vida, se cuenta que San Patricio subió a una montaña a rezar y hacer ayuno durante toda una jornada, luego de la cual bajó al llano y dio una bendición general a todo el pueblo de Irlanda. La tarde de ése día, el 17 marzo del 461, el anciano obispo expiró en la tranquilidad de su casa. Tenía 74 años.

Pensemos un poco qué nos puede enseñar éste santo, ¿Aprovecho mis ratos de soledad y silencio para hacer oración?, ¿Invito con caridad, cortesía y respeto a mis amigos y colegas a que conozcan más a Dios?, ¿Rezo por los que me han hecho daño y le pido a Nuestro Señor que encamine sus corazones hacia la conversión?, ¿Hablo con sencillez y sin pretensión de los misterios de la fe? En esta memoria del santo, pidamos su intercesión para que a semejanza de él demos un testimonio vivo de oración, predicación y caridad, especialmente a aquellos que no practican nuestra fe, para mayor Gloria de Dios. Que así sea.

Francisco Draco Lizárraga Hernández

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