Cambiar el mundo

El ser humano es ternura en potencia

La hermana María Dolores Otero, de las Clarisas Capuchinas de Murcia, nos regala un precioso artículo en el que quiere anunciar al mundo que merece la pena caer en la cuenta de que Dios es un ser enamorado de cada uno de nosotros y que merece la pena pagarle con la misma moneda.

También nos pide que no dejemos de rezar por la conversión de todas las hermanas y para que el Reino de Dios crezca en los Monasterios de clausura.

«Decir ternura es decir intercambio de amor gratuito. Por eso a Dios lo podemos llamar ternura, porque Él es la ternura infinita y eterna de donde recibimos como don su ternura para poder desarrollarla, madurarla y regalarla.

El ser humano nace como ser de ternura, necesitado de ella y deseoso de compartirla. Cuando al recién nacido le falta esta ternura, crece agresivo y, en su subconsciente, empieza a nacer un deseo de venganza o revancha permanente. Y esto, ¿por qué?…. Sencillamente porque se trata de una vida infantil no realizada en el amor.

Todo ser humano, desde el momento que nacemos, nos abrimos a la sonrisa de la relación que manifiesta un deseo de ternura. El primer llanto de un recién nacido no es pidiendo alimento corporal, sino más bien un poco de ternura de su madre expresada en la suavidad de sus manos, en la dulzura de sus ojos y en la ternura de un beso puro propio de una madre.

La sonrisa tierna hacia el otro nos hace crecer en ternura. Todos somos mendigos de ternura desde el niño que nace hasta el anciano que fue llevado a una residencia y se pasa mirando, cada vez que suena el timbre, con la esperanza de que lleguen sus hijos a regalarle las migajas de su ternura.

La ternura no pertenece a la lógica del tener sino a la del ser. La vida es el fruto de la ternura y bondad de Dios hacia cada uno de nosotros y, la manera como vivimos este regalo divino, es el regalo que le hacemos a Dios.

El secreto para ser tierno o bondadoso de corazón está en dejar que el amor de Dios llene nuestro corazón, ya que solo en el corazón de Dios podemos encontrar la plenitud de la ternura para poderla compartir, no solo con los amigos sino también con los que objetivamente vemos y sentimos que no nos aman. Tal vez no nos amen porque nunca tuvieron una madre que sembrara en ellos un poco de ternura. Ahora somos nosotros los que tenemos que regalársela porque más vale tarde que nunca. La ternura es la fuerza de un amor humilde que se opone a la brutalidad de la fuerza.

Los cristianos tenemos un maestro y modelo de quien podemos ver y aprender la asignatura de la ternura. Me refiero a Jesús de Nazareth. Él quiso salvarnos por la fuerza de la ternura. Fue el único hombre que nos amó tanto que murió con los brazos abiertos, en actitud de abrazarnos a todos, porque Dios nos quiere ayudar si nosotros nos animamos a amarlo.

Hubo un hombre que sí se animó a seguir a Jesús, fue Francisco de Asís. Él se llenó de amor hacia los pobres de pan y de fe. Se hizo campeón de rigor y tierno como una madre para pobres y ricos. Fue un hombre que renovó la Iglesia y el mundo.

Y, es que la ternura no es para cobardes y gente ruin, sino para los humildemente fuertes, para los capaces de generosidad y responsabilidad porque se trata de ser tierno con fortaleza y fuerte de ternura.

Vivimos para aprender a ser ternura y para vivir la ternura de ser».

Marienma Posadas Ciriza

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