Testimonios

Dios escribe recto con renglones torcidos

Me propusieron el otro día que contara mi testimonio de cómo vivía yo la Fe y la verdad es que me quedé sorprendida. Rápidamente se lo fui a contar a mis amigas. No sabía muy bien qué responder y millones de preguntas aparecieron por mi cabeza: ¿qué podían aportar mis vivencias a los demás?, ¿quién soy yo para dar a conocer cómo vivo mi Fe?

Mis amigas me animaron a hacerlo y me preguntaron: ¿qué piensas contar? y, ante tantas preguntas que empezaron a surgir lo que tenía claro es que tendría que dejarme guiar.

Hola, me presento: me llamo Miryam. Tengo 20 años y estoy estudiando Medicina. Vengo de una familia donde Dios siempre ha sido un pilar bastante importante y siempre le tenemos presente. He sido educada con los valores cristianos y toda mi vida ha estado ligada a la religión: guardería católica, colegio concertado católico y ahora, universidad católica también. Aunque parece que mi camino en la religión ha sido obligado por los ambientes en los que he crecido, en realidad, siempre he tenido la libertad para poderme ir si así lo quería. Y siempre me he seguido quedando.

He hecho la comunión, me he confirmado y he estado en los grupos de Fe que me ha ofrecido el colegio durante toda mi etapa de la ESO y BACHILLER. No se explicarlo, pero había algo que me enganchaba para seguir ahí dentro. Supongo que tuve la suerte de tener dentro de mi propio colegio un espacio fuera de las clases donde seguir creciendo como persona, cultivar mi espiritualidad, compartir mis vivencias y aprender de las de los demás.

Suena muy bien, ¿verdad? Lo cierto es que esos grupos de Fe me ayudaron a vivir experiencias increíbles con las que pude reforzar mi Fe. Pero seamos realistas, nadie se ha encontrado en “la cumbre” de la Fe permanentemente. El camino de la Fe y de seguir a Jesús no es fácil y llano: hay subidas, bajadas, estancamientos; partes del camino donde te sientes solo, otras veces acompañado; tienes dudas, las consigues resolver, te surgen otras; te enfadas, te reconcilias…

Y ahí es donde me encuentro yo, en una fase de reconciliación. Al terminar el colegio, también dejé los grupos de Fe, no porque no hubiera más grupos en mi colegio, sino porque sentía que necesitaba buscar apoyo en otros lados y experimentar el camino de la Fe durante un tiempo sola. Y durante un tiempo lo había llevado bien, hasta que vino el COVID-19. Ver la misa por la tele no me servía para nada, no me calaba. Empecé a dejar de orar habitualmente, solo cuando estaba en exámenes y poco a poco fui descuidando mi relación con Dios: solo se limitaba a pedir por mis exámenes para que me diera fuerzas. Incluso había veces en las que ni siquiera le sentía, rezaba por rezar, por la costumbre supongo.

Además, he tenido momentos donde me he agobiado demasiado por la carrera, tanto que me cuestionaba lo que Dios quería de mí. Yo me metí en medicina por vocación, sentí que era lo que Dios quería de mí, pero es una carrera muy sacrificada y con muchos agobios, el camino se hace largo y cansado y ha acabado afectando a mi relación con Él. Han sido momentos de debilidad, de desgana y de no encontrarme con Dios. Hasta que una amiga me dijo una frase: “Dios escribe recto en renglones torcidos”. Muchas veces no comprendemos lo que Dios quiere de nosotros, que los planes que te ha encomendado son erróneos, pero ante nuestra vida llena de renglones torcidos, Dios escribe recto. Solo hace falta confiar. Hay una frase que me gusta mucho e intento repetírmela cada vez que lo necesito: “Dios no te va a dar una cruz con la que no puedas cargar”. Solo hay que confiar.

La verdad es que he tenido bastante suerte porque la uni nos da muchas opciones para poder reengancharte y seguir cultivando tu Fe en el ambiente universitario: grupos, misas, adoraciones, oraciones… También tuve suerte de dar con las que ahora son mis amigas de la universidad, que la mayoría de ellas también creen y han sido un gran apoyo para mí.

Siempre he pensado que Dios mueve muchas veces los hilos por ti y, en ciertos momentos, él quiere que acabes en un sitio determinado con gente determinada por lo que te puedan aportar, por lo que tú puedas aprender de ellos y a la inversa. Es lo que me ha pasado a mí. Por varias cosas que han pasado en mi vida, no considero casualidad el haber terminado estudiando en la universidad que estoy, ni tampoco las personas a las que he conocido y que ahora están en mi vida.

Cada uno tiene su forma de orar y su forma de reconocer como Dios llega a él. Para mí, Dios llega a ti, entre otras maneras, a través de las personas. Pueden ser desde actos tan sencillos que pueden estar relacionados o no con la religión: una sonrisa, un abrazo cuando lo necesitas, que te escuchen cuando tengas que desahogarte, que te acompañen a hacer oración un ratito… Hay tantas formas en las que el amor de Dios se manifiesta en tu vida de una manera tan sutil, que una vez empiezas a darte cuenta, es imposible parar de verlo.

Miryam Martínez

Artículos relacionados

No se han encontrado resultados.

Últimas entradas

Menú