Catequesis

Familia: amor, educación y libertad

Una vez que hemos establecido la esencia de la familia, ahora sí que podemos afrontar esas claves del amor, la educación y la libertad y ver cómo se hacen específicas en el seno de la familia.

1º. El amor en la familia.

Se trata de un amor sin preferencia. El amor de padres e hijos se fundamenta en la filiación misma y no en afinidades que uno haya elegido. Y eso lo comprobamos fácilmente y lo saben perfectamente los padres y madres que estáis aquí. El hijo es siempre tal y como los padres no lo hubieran querido, pero incondicionalmente amado por ser quien es.

La familia es siempre el amor entre el padre carroza y el joven atontado; entre la madre histérica por el orden y la limpieza y los hijos que lo rompen todo y lo dejan patas por hombros. Pero esto es lo que hace de la familia escuela de caridad. Ahí es donde verdaderamente se aprende a ser comprensivo, paciente, generoso, porque o lo aprendemos o estamos perdidos.

2ª Clave: La educación en la familia

La educación en la familia se fundamenta en ser una autoridad sin cualificación. Como decíamos antes: el hijo viene cuando viene, no espera a que uno esté preparado, a que le den el carnet o el certificado.

Pero ahora —podría decir alguno— muchos esperan y el hijo no viene cuando viene sino cuando ellos quieren que venga. Es cierto, y ese es un gran problema, porque siguiendo ese criterio el Estado debería hacer un riguroso examen para permitir que alguien tenga un hijo.

Y por eso es tan importante darnos cuenta de que la familia no tiene primordialmente que ver con un proyecto educativo sino con una realidad: la filiación. Con un hecho: este es mi hijo.

La cualificación no es la que fundamenta la autoridad. La autoridad no proviene de haber aprobado un examen estatal para tener un hijo, sino del hecho de que uno ha recibido el don del hijo.

Esto es lo que aportan el padre y la madre y que no es de incumbencia del experto ni del maestro.

Así se entiende la naturalidad con la que en algunos momentos se zanja una discusión con el hijo que cuestiona por qué tiene que hacer esto o lo otro: «Porque te lo digo yo que soy tu padre».

3ª Clave: La libertad en la familia.

Aquí tenemos un modo de vivir la libertad y educar a los hijos en la libertad que es todo un arte. Porque en la familia se vive una libertad sin independencia. Esa libertad sin independencia responde a lazos que no son contractuales. Podemos cambiar de socio, pero no podemos cambiar de hijo.

Vistas estas tres claves, podemos volver a preguntarnos ¿Qué es una familia? Responde Hadjadj: la familia es el cimiento carnal de la apertura a la trascendencia.

¿Qué significa esto? Que en la familia, el varón va más allá de si hacia la mujer, y viceversa, y lo mismo sucede con los padres con relación a los hijos. En la familia estamos llamados a descubrir al otro en cuanto que otro.

Nos abrimos, nos trascendemos al otro, porque el otro va más allá de nosotros mismos. Nos tenemos que abrir a la fuerza, la familia nos saca de nuestro yo, de nuestro egoísmo porque constantemente los otros nos reclaman: nos reclama la esposa o el esposo, nos reclaman los hijos, nos reclaman las facturas del agua y de la luz… Todo eso nos saca de nosotros mismos, y casi siempre nos saca de quicio.

La familia puede ser muchas veces el lugar en donde uno puede decir: «aquí no hay quien viva», porque uno querría vivir el sólo, sin alguien que te quite el mando de la tele o se coma el último helado que quedaba en el frigorífico. Pero por eso en la familia se originan los conflictos, las discusiones, las broncas, y también por eso es donde se debe originar el perdón y la reconciliación.

Pero es que desde el origen la familia no funciona bien. El hombre se justifica ante Dios por su desobediencia acusando a su mujer y la mujer echa la culpa a la serpiente, Caín mata a Abel…

Esa es la realidad de la familia herida por el pecado. Y por eso el Redentor ha querido venir al mundo en una familia, para restaurar la imagen y semejanza divina del ser humano.

José Gil Llorca

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