Cambiar el mundo

Agradecimiento

Cuando Mariazell me preguntó si estaría dispuesta a escribir para Jóvenes Católicos, tardé en contestar lo que tardé en situarme y ver que era capaz de asumir el compromiso.

Con una vida de mamá de adolescentes y jubilada, pensé que sería factible tener un artículo listo una vez al mes.

Aclarados los detalles, sentí un profundo agradecimiento a quien, sin conocerme realmente (nuestro conocimiento mutuo es virtual) se fiaba de mí y me proponía esta tarea.

Y me quedé pensando que hoy el agradecimiento está denostado.

Pasamos por la vida sin prácticamente mirar al de al lado y ni siquiera sabemos quiénes son nuestros vecinos. Preferimos ayudar al de lejos que ayudar al de la familia, que supone un mayor compromiso.

La verdad es que deberíamos primero ayudar a los de casa y luego a los demás. Deberíamos ser amables y agradecidos con el jefe y con los compañeros rollazo, con los amigos y los menos amigos y con los desconocidos.

Deberíamos dar las gracias continuamente por todo lo que tenemos y por lo que nos falta, por la luz, el sol, la noche y la luna. Por poder abrir el grifo y que salga agua, por la calefacción y el aire acondicionado, por la comida y la ropa, porque nos quieren y nos corrigen y porque formamos parte del corazón y de la vida de mucha gente. Y así, la rueda del agradecimiento rodaría llenando el mundo de sonrisas y expandiendo los corazones.

Y en corazones grandes, generosos y agradecidos es más difícil que anide el odio y que se siembre la discordia. Y es más fácil que el amor a los demás arraigue y se contagie.

Hoy leía que una famosa, en televisión, pedía que se rezara el Rosario por la paz del mundo. Y parece ser que ha sentado mal, siendo lo más sensato que he leído en toda la semana sobre la guerra en Ucrania. Por otro lado, una amiga me ha contado que en su parroquia rezaron el Rosario ante una Virgen Ucraniana adornada con la bandera del país. Me contaba que había echado de menos la bandera de Rusia, que ella creía que había que rezar por los dos países y sus gentes. Y creo que tiene razón. Y es que mi amiga es generosa y agradecida. Sabe que la paz puede depender de una sonrisa a tiempo.

Estaréis pensando, «ehhh, no te pases, que esto no es un periódico de tirada mundial, que esto es para jóvenes y ya sabes que los jóvenes, pues eso, vamos rápido, vivimos intensamente y queremos todo». Pues con más motivo, sois los que construiréis el futuro, los que intentaréis remediar nuestros errores, los que estudiáis y lucháis todavía con frescura, por un mundo mejor. Sois la esperanza de un futuro en paz, más agradecido y sonriente, que se construye desde el ahora.

Os animo a que deis las gracias y sonriáis. A que ensanchéis vuestros corazones amando al prójimo y a que recéis por la paz. Y poco a poco el mundo irá cambiando.

Así que, gracias Mariazell por creer que yo puedo hacerlo bien.

Elena Abadía

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