Testimonios

Lo que Dios quiera, cuando Dios quiera y como Dios quiera

Este es mi lema de vida, el de Mario, un chico de 23 años recién cumplidos, normal y corriente como cualquier otro que, en un momento de su vida tuvo un encuentro directo con Dios y…. ¡¡Sorpresa!!, me terminó de enganchar y, hoy por hoy, cada día me sigo enamorando más de Él.

Desde bien pequeño he destacado por ser un chico bastante extrovertido y abierto a conocer a gente. Al estudiar desde siempre en un colegio católico, mis primeros pasos en la Fe comienzan con muy poquitos años y, puedo presumir que, desde que tengo memoria, me he sentido muy arropado y acompañado de la mano de María, nuestra madre, ¡¡Y qué regalazo!!

Es cierto que he tenido mis idas y venidas en la Fe, siempre he estado en grupos de Fe de mi colegio, pero, durante muchos años, y sobre todo tras entrar en la universidad, he estado muy desconectado de lo que verdaderamente significa sentirse hijo de Dios, ser cristiano. No profundizaba más allá de lo que quería, simplemente me definía como cristiano, pero eso de ir a misa cada domingo no terminaba de ir conmigo. A lo largo de mi vida toqué fondo de muchas maneras, sentía que, si ni yo mismo me quería y aceptaba, ¿Cómo lo iba a hacer Dios?, no me sentía suficiente para Él, lo veía como un Dios lejano, pero qué equivocado estaba.

Fue tras 19 años de vida y, tras muchísimo tiempo de desconexión cuando, a raíz de un retiro descubrí que el Señor no había parado de gritarme para que fijase mi atención en Él durante toda una vida y, una vez me dejé, le bastó un fin de semana para abrirme los ojos y poder experimentar por primera vez de corazón lo que era sentirse querido por Dios.

Hasta entonces me costaba muchísimo ligar las palabras joven y cristiano en una misma frase, y no es porque pensase que era algo imposible de conseguir, sino porque lo veía como un pedazo de reto que no merecía la pena asumir, pero, ahora puedo decir con una sonrisa de oreja a oreja que ha sido el reto más bonito que he aceptado en mi vida.

He descubierto lo que significa la palabra LIBERTAD. Vivía en el mundo con una venda que me impedía ver más allá del YO, y que guay es disfrutar de cada minuto cuando te deshaces de ella y comienzas a valorar los pequeños detalles del día a día, porque así es cuando de verdad comienzas a vivir.

VIVIR para mí es ver a Dios reflejado en cada una de las personas que me cruzo durante el día, en casa, disfrutando de esas cervezas con amigos hasta las tantas hablando de cualquier tema y terminar riéndonos por cualquier tontería o, incluso en esa conversación con un amigo cuando alguno tiene el más mínimo bajón. VIVIR es exprimir cada minuto de un retiro de Effetá, un ratito con Él delante del santísimo simplemente disfrutándole sin decir nada o cualquier día en la cofradía deseando que llegue el día esperado para poder acercar a Dios al pueblo. VIVIR es querer a los demás y sobre todo aprender a quererme como solo Él me quiere.

Porque, cuando descubres de verdad lo que implica ser cristiano y te dejas llevar por Él, todo va sobre ruedas. Aprendes a ver que su voluntad es lo mejor y que, Lo que Dios quiera, como Dios quiera y cuando Dios quiera, se convierte en un lema de vida, ya que sabes con certeza que Su plan supera mil veces cualquier otro que te puedas llegar a imaginar.

Intento disfrutar de cada día como si fuese el último, con mis bajones como todo el mundo, pero siendo consciente de que en Él puedo descansar cualquier tipo de preocupación. Y es así cuando, fijando mi mirada en Él e intentando ser Su instrumento diariamente me siento cada día más cerca del cielo, donde sé que me espera con los brazos abiertos y, teniendo claro que, a día de hoy, como bien dijo en su día el Papa Francisco, tenemos que armar lío, salir a la calle y dar ¡¡Gloria a Dios!!

Mario Zafra Núñez

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