Testimonios

Mi experiencia sobre el amor de Dios

Hoy me gustaría contar mi testimonio sobre una experiencia muy bonita que tuve hace un par de semanas en un retiro, al que al principio me costó mucho decidirme a ir.

Lo cierto es que no había ido a un retiro desde que era adolescente y apenas recordaba en qué consistía…pero este año, acababa de trasladarme a una ciudad nueva a vivir y justo me llegó el aviso de que se haría un retiro en febrero; como supuse que recién llegada no tendría muchos planes, decidí apuntarme en el mes de enero y siempre dándome la oportunidad de no ir si al final me arrepentía.

El caso es que conforme se iba acercando el momento de ir, trataba de encontrar cualquier excusa que me convenciese de que no valía la pena que fuese, aunque la realidad es que en el fondo prefería seguir con mis planes de salir y entrar con mis amigos de siempre, antes que ir a un sitio donde no conocía a nadie y que tampoco sabía si nada más llegar, ya me iba a querer ir.

A día de hoy, casi dos semanas después, solo puedo dar gracias a Dios de haberme regalado ese fin de semana, que a día de hoy es uno de los mejores que recuerdo en mucho tiempo.

La verdad es que nada más llegar, ya estaba rodeada de gente maravillosa, que no conocía de nada y sin embargo, me sentí super acogida por cada uno de ellos…y algo que me sorprendió bastante, es la devoción con la que rezaban algunas de las personas que nos recibieron…tanto que reconozco que al principio me chocó bastante, y estaba convencida de que yo nunca tendría esa devoción tan grande.

Al principio, sentía que el domingo cuando acabase el retiro saldría igual que como cuando llegue…sin embargo, cuando entramos en la capilla a adorar al Santísimo, no quise pedirle nada, solo que me permitiese abrir el corazón, sentirme cerca suya y saber qué quería de mi. Y qué poco tiempo tardó en responder a mi oración…en ese momento, cuando quise abrir mi corazón al Señor de verdad sin juzgar lo que sentía o creía en ese instante, supe que el que yo estuviese en esa capilla no era fruto del azar, sino que Él había estado mucho tiempo esperándome.

Hasta ahí, fue una experiencia muy entrañable…pero el segundo día, fue mejor aun; ese día que sentí al Señor tan cerca, decidí entregarle mis preocupaciones, mis miedos, mis inquietudes…y ponerlas en sus manos en esa segunda Adoración; y fue ahí cuando pude experimentar un amor tan grande que supe con total claridad que muchos de esos tormentos no eran más que fruto del pecado, que Dios me quiere tanto que no le importa cuántas veces caiga, pero que si todo este tiempo hubiera sabido lo mucho que me quiere, habrían muchas cosas en las que ni siquiera hubiese caído porque ni siquiera me habrían interesado.

La verdad es que a lo largo de ese fin de semana, hubieron momentos en los que puedo asegurar que experimenté un amor de Dios infinito, tan grande que te hace querer y valorar a los demás y a uno mismo inmensamente por el simple hecho de ser idea suya, de ser hijos suyos…

Y lo mejor de esta experiencia, no fue sólo haber experimentado estar tan cerca del Señor esos días, la gente con la que compartí esas vivencias, o los momentos tan bonitos que vivimos…lo mejor de todo es que dos semanas después, sigo experimentando la cercanía del Señor todos los días…si hoy me preguntasen por qué razón me siento tan feliz, mi respuesta sería que es por haber experimentado por primera vez un amor tan grande de Dios, y tener la certeza de cuánto nos quiere a cada uno de nosotros, sin importar nuestros defectos o debilidades…hasta nuestras flaquezas las quiere, y precisamente por eso, debemos saber siempre que estamos en este mundo para amar, servir y ser muy felices.

Pilar Hernández

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