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Enrique Bonet. ¡¿Cura yo?!

En un ambiente cristiano es normal que los chicos, por lo menos alguna vez y con distintos grados de seriedad, se hayan preguntado si Dios no quiere que sean sacerdotes.

Es normal. Una Persona a la que queremos mucho nos ha pedido “rogad pues al Señor de la mies que envíe obreros a su mies”; y se ha quejado “la mies es mucha y los obreros son pocos”. Jesús nos dice que hacen falta sacerdotes y lógicamente los buenos cristianos se preguntan: ¿seré yo el que hace falta?

En la dirección espiritual uno se encuentra con esta inquietud… aunque muchas veces desubicada. Algunos se plantean esta opción y son los únicos que lo hacen; nadie en su entorno -incluyendo su director espiritual- los ve de negro. Otras veces hay una especie de ansiedad vocacional -que no parece sana-. Se quiere resolver el tema si puede ser, ayer. Se tiene prisa, pero las cosas de palacio van despacio. Y las de Dios, muchas veces también.

Hay un video (recomiendo verlo) de Robert Barron, antes de que fuera nombrado obispo, que da algunas pistas para el discernimiento. La primera es -la que él llama- la “prueba del gozo”. Si te imaginas a ti mismo como sacerdote, eso ¿aumenta en ti la alegría, el amor, el gozo? Esa es una buena señal.

Por eso, en ocasiones, cuando alguien me viene con esta inquietud, además de calma, le recomiendo que lea. Que lea historias de sacerdotes y, al verse inevitablemente proyectado en lo que lee, que haga la “prueba del gozo”.

Pensando en esto quería hablar de algunos libros de este género (se podrían citar muchos otros) que a mi me han gustado y ahí os los dejo:

Un cura se confiesa”. Un libro, ya viejo (la primera edición es de 1955), que cuenta como nació y se fraguó la vocación de J.L.Martín Descalzo -un sacerdote y periodista mediático y de moda en los 70 y 80-. Bien escrito, plasma con belleza sentimientos comunes pero decisivos.

Don y Misterio”. En esta obra -publicada con motivo del quincuagésimo aniversario de su ordenación sacerdotal- el propio Juan Pablo II nos cuenta su historia vocacional. A través de los acontecimientos que se van narrando es bonito ver cómo con pequeños sucesos se forja el sacerdocio del que luego fue un coloso en la Iglesia.

Vasija de barro” es como un horario prototípico de un cura. Escrito con humor por un estadounidense, muestra un sacerdote de carne y hueso. No es autobiográfico pero deja ver a la perfección como en la vida del sacerdote se entremezcla de una forma tremenda lo más trascendente con lo más prosaico.

Entusiasmo”. Una reciente novela de Pablo d’Ors que es tan parecida a su vida que podría confundirse con una autobiografía. Aquí el relato vocacional es un poco más tempestuoso pero igualmente interesante. Desde el agnosticismo familiar a la vocación sacerdotal. Se ve el impacto que tiene el acompañamiento espiritual y la amistad con el sacerdote.

Lo bueno que tienen estos libros es que son historias de curas normales. No como aquellas que más parecen libros de aventuras -aunque reales como “Un seminarista en las SS” o imaginarias como “las llaves del reino”-. También algunas biografías de santos recuerdan un poquito aquello de “cualquier parecido con la realidad (ordinaria) es pura coincidencia”. En los libros que he mencionado, la aventura es la de la vida ordinaria: el día a día del sacerdote.

Estas lecturas no serán algo definitivo en un posible discernimiento pero ayudarán a pensar, a rezar y frecuentemente a descartar una vocación que no es para nosotros. En otros casos, animarán a tomarse más en serio el discernimiento. Pero en todo caso, habremos leído una historia que de seguro nos ayuda.

Leer estos libros -y otros semejantes- puede darnos alguna luz. Después, lo importante es la propia oración y la ayuda del acompañamiento espiritual. Conocer a “tu cura” y ver cómo vive, es muchas veces definitivo.

Enrique Bonet

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