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El suicidio: vivir después de la muerte

Cada día se suicidan en España una media de once personas. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística, el suicidio es la principal causa de muerte entre los jóvenes españoles. Sin embargo, muchas veces desconocemos cómo prevenir esta situación e incluso cuáles han sido sus causas. La psicóloga Cecilia Borràs fundó en 2012 la asociación “Después del Suicidio” tras la muerte de su hijo con el objetivo de ayudar a otros supervivientes.

ntes de morir, Miquel envió un SMS a su madre pidiéndole perdón por lo que iba a hacer. Era un viernes de marzo de 2009 y ella no quiso dar más importancia a la notificación que había recibido mientras trabajaba. Como cada mañana, había ido a despertar a su hijo de diecinueve años para que no se durmiera antes de ir a la escuela, y ese aviso podría significar cualquier cosa. Sin embargo, lo que no sabía la psicóloga Cecilia Borrás es que ese iba a ser el último día en el que iba a ver a Miquel: se había quitado la vida.

Cuenta Cecilia que Miquel era un joven como muchos otros: un amigo leal con sus amigos, muy bromista, y amante de la música. Un perfil que puede encajar con las características de cualquiera de las once personas que en España pierden la vida a diario por su propia cuenta, sin motivo aparente, de manera silenciosa e inesperada. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística el suicidio se ha convertido en la primera causa de muerte no natural en España con 3.941 defunciones en 2020, el año con más víctimas por suicidio en nuestro país y que afecta principalmente a personas de entre 19 y 25 años.

Hoy, doce años después, Borràs sigue buscando explicaciones a la pérdida de su hijo. “El suicidio es una de esas imágenes que ves por la televisión y no te las crees. No entiendes lo qué ha pasado ni sabes porqué ha pasado”, explica la psicóloga, que en 2012 fundó junto a su marido y a su cuñado la asociación de supervivientes Després del Suicidi (DSAS), para precisamente dar a aquellas personas inmersas en el duelo por suicidio el apoyo que ellos en su día no encontraron.

“El suicidio es una de esas imágenes que ves por la televisión y no te las crees. No entiendes lo qué ha pasado ni sabes porqué ha pasado”

Desde esta entidad sin ánimo de lucro insisten en que es fundamental no estigmatizar a aquellas personas que han perdido a alguien por causa del suicidio, ya que muchas veces “la culpabilidad puede ser causa de una nueva pérdida”. De hecho, según Borràs, una persona que ha sufrido una pérdida por suicidio tiene tres veces más riesgo de desenvolver una conducta suicida que alguien que no haya sufrido. Y es que la OMS, que sitúa el suicidio como problema de salud de nivel mundial, calcula que este puede producir una afectación grave entre 6 y 10 personas del entorno de la víctima. Esto supone que hasta 18.000 personas se vean afectadas anualmente por el suicidio.

“La mayoría de los supervivientes no cuentan con recursos ni información sobre como afrontar una pérdida”, asegura el vicepresidente de la DSAS y cuñado de Cecilia, Carles Alastuey. En el proceso del duelo, explica, no existen tiempos y en ningún caso se puede forzar a los supervivientes. “Nosotros hemos pasado por lo mismo que la gente a la que atendemos y dejamos que hablen con total libertad, primero con nosotros y luego en grupos con más gente. Muchas veces necesitamos un abrazo por encima de un tratamiento psicológico y nosotros buscamos ser ese abrazo. No queremos forzar un cambio, sino que sean ellos los que marquen el ritmo”, explica.

Para Carles, uno de los caminos para que el suicidio deje de ser tabú es normalizar la conducta suicida. En la misma línea, la psicóloga Anna Quintana, asegura que esta es parte del ser humano: “El pensamiento suicida en ningún caso nos convierte en malas personas, hay riesgo en muchísimas situaciones de nuestra vida y es algo que se debe acompañar y visibilizar”. Por ello, según Quintana, esta conducta debe tratarse de manera correcta tanto en los medios como en el ámbito educativo y sanitario. En este último, muchas veces se dan altas ocultando esas conductas por querer guardar confidencialidad con el enfermo y con los familiares.

Por su parte, Alastuey cree que desde los medios de comunicación se intenta entender cada vez más este fenómeno, pero sin embargo sigue prevaleciendo el sensacionalismo. “Cuando informamos de una muerte no deberían hacerse especulaciones ni hablar de la vida privada de esa persona, sino cuál es la realidad del suicidio, que muchas veces se olvida”, insiste.

Desde esta perspectiva, entidades como la Asociación Catalana de Prevención del Suicidio, abogan por implantar políticas eficaces de prevención y normalización del suicidio. “Creemos que es necesario el apoyo social e institucional para poder afrontar de la manera más positiva posible para esta muerte tan dolorosa”, explica la también superviviente Clara Rubio. Su madre sufría depresión, una de las principales causas del suicidio y que en muchos casos sigue siendo tabú, y decidió quitarse la vida “para no seguir sufriendo ni hacer sufrir a los que la rodeaban”.

“Tenemos muy arraigado el sentimiento de culpa, pero hay mucha gente que necesita ayuda y es muy importante hablar”, explica el periodista Anxo Lugilde, que en su libro “La Vieja Compañera. Mis treinta años de lucha contra la depresión” cuenta como la depresión le ha llevado en más de una ocasión a pensar en el suicidio. Se la diagnosticaron cuando tenía quince años pero no lo asumió hasta que a los veintiuno se intentó quitar la vida por primera vez. “Coqueteamos constantemente con la idea del suicidio, creemos que nos puede resolver todos los problemas que tenemos, pero no es más que una manera de agrandar el sufrimiento de los que nos rodean”, explica.

Por ello, Lugilde cree que la salida a una depresión o a una tentativa de suicidio debe ser pedir ayuda, sin esconderse. Junto al tratamiento personalizada que ofrecen, desde entidades como la DSAS o la ACPS colaboran con el Ayuntamiento de Barcelona para atender posibles casos de conducta suicida a través de la línea gratuita el 900 925 555. Sin embargo, Anna Quintana reconoce que “desde el ámbito de la salud muchas veces cuesta acompañar y empatizar y la principal vía es establecer medidas concretas para detectar la conducta suicida que nos permita acudir a esas personas y hablar con ellas”.

A raíz de la pérdida de su hijo, Cecilia Borràs ha visto como la sociedad se siente incómoda hablando de la muerte hasta el punto de esconderla. Ella y su marido tardaron casi dos años en pedir ayuda y cuando la encontraron creyeron que la mejor manera de reconstruirse era contando su historia. Y es que, para Cecilia, “el suicidio es una salida extrema ante un sufrimiento extremo que nosotros no supimos ver y que muchas veces proviene de un trastorno mental que en nuestra sociedad no hemos aprendido a normalizar”.

Óscar Llena

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