Testimonios

Mi modelo a seguir es Alexia

Saber que tienes una persona en el cielo, que intercede por ti y que puedes tratar con total confianza porque ya es una relación de amistad, es una gran ayuda para un cristiano que se propone vivir de forma seria y decidida el seguimiento a Jesús.

Para mí, esa persona, es Alexia.

Cuando conocí la verdadera historia de Alexia me quedé profundamente impactado. Una niña, de 14 años, que sufrió una terrible y dolorosa enfermedad siendo un ejemplo constante de virtudes humanas y cristianas para los que estaban a su lado.

De Alexia se pueden destacar muchas virtudes, pero a mí siempre me han impactado particularmente dos: la confianza en Dios y la alegría.

Abandonarse en las manos de Dios, confiando en Él, y aceptando en todo Su voluntad. Su familia y sus profesoras cuentan que, desde muy pequeña, saludaba al Señor en el Sagrario particularmente con una frase: “Jesús, que yo haga siempre lo que Tú quieras”.

Ese fue el ancla de toda su vida: hacer lo que Jesús quisiera en cada momento y confiando plenamente en que todo lo que Dios dispusiera para ella era lo mejor.

La noche del 4 de febrero de 1985, la primera que pasó ingresada, después de comunicarle que tenía un diagnóstico muy grave, que no se podía mover para nada y que habría que operar de inmediato, después de hablar y rezar con su madre, ya de madrugada, dijo: mamá no te preocupes, estoy tranquila.

Esa tranquilidad no viene de un mero esfuerzo humano que, viendo la situación que tenía que enfrentar, ya sería mucho… Esa tranquilidad y serenidad que demostró durante toda su vida y, particularmente, a lo largo de su enfermedad, estaba enraizada en una confianza absoluta en Dios, que era su Padre y no le podía enviar nada malo. Todo un ejemplo para mí que muchas veces, ante el más mínimo contratiempo, pierdo la paz y la serenidad.

Otra virtud que siempre me ha sorprendido de Alexia ha sido su alegría.

Los que la conocieron cuentan que vivió con una inmensa alegría su enfermedad, dentro de todas las molestias y dolores que padeció. Las personas que en sus últimos días fueron a su habitación de la Clínica de Navarra, salían impresionados de la serenidad, la paz y alegría que se palpaba en ella y en su familia.

Alexia es todo un ejemplo. Confieso que muchas veces me dan «bajones» por cosas que en realidad no tienen importancia. Entonces miro la estampa de Alexia que siempre llevo en mi móvil y siento que intercede para que no pierda la paz. Es como si me dijera que todo lo que pueda ocurrir es por un bien mayor y que todo está en manos de Dios consiguiendo entonces que la serenidad vuelva a mi alma.

Doy gracias a Dios por poner en su Iglesia ejemplos que muestran que la santidad sigue siendo posible hoy. Siguiendo las enseñanzas de San Josemaría, enseñanzas que basaron la práctica de la fe en la vida de Alexia, “para conseguir la felicidad no se necesita una vida cómoda, sino un corazón enamorado”. Y Alexia lo tenía… vaya que si lo tenía. Conocer su historia y su ejemplo me ayudó a descubrir lo que Dios quería para mí.

Conocer su vida cambió la mía, por ello, siempre estaré eternamente agradecido – y nunca mejor dicho-. Sirvan estas líneas para mostrar mi cariño, devoción y agradecimiento a la Sierva de Dios, Alexia González – Barros con el deseo (y la certeza) de que pronto, muy pronto, nos podremos dirigir a ella como Beata Alexia.

Guillermo José Sanz

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