Testimonios

“Cuando soy débil, entonces soy poderoso”.

A principios de dos mil veintiuno, tras una placa de rayos x y varias pruebas TAC, me
comunicaron que tenía un linfoma de Hodgkin. Quizá lo hayas oído antes porque es el
mismo tipo que tuvieron la tenista Carla Suárez y el actor Dani Rovira, ambos ya recuperados.

No me lo podía creer. Era una mujer sana, que rara vez bebía, que no fumaba, y era
joven, tenía solo treinta y ocho años. En estos casos las preguntas suelen ser por qué a
mí, por qué ahora y cuánto tiempo de vida me queda. En mi caso, además, surgió la
pregunta de qué sería de mi hijo, que entonces tenía doce años.

El cáncer ha sido siempre algo tabú, un tema del que nadie habla bien y que para muchos, incluida yo, significa muerte. O significaba. Porque ahora que he vivido lo que es tener una enfermedad grave, una enfermedad que realmente tiene amenazada tu vida y toda la maquinaria médica que se pone en marcha, he aprendido que la manida frase “hay esperanza” es algo real y tangible.

Mi diagnóstico era un linfoma de Hodgkin estadio III.a, es decir, un cáncer avanzado en
el sistema linfático compuesto de varios tumores en los ganglios linfáticos que ocupaban un tercio de mediastino (caja torácica). Esto al principio suena muy grueso y grave. No era algo menor, desde luego. Las estadísticas dicen que algo más del ochenta por cierto de los pacientes consiguen la curación tras el tratamiento con quimioterapia.

De la quimioterapia asusta que no sabes realmente cómo te va a afectar, no solo a corto plazo, sino también a largo. Eso y, para qué engañarnos, el trauma que supone quedarte sin pelo. Aunque uno sabe que es algo temporal, que el pelo vuelve a crecer y todas esas consignas que se repiten para tratar de quitarle hierro al asunto cuando se habla con quien está enfermo, la única realidad es que el pelo es lo que nos estigmatiza: la caída del pelo de la cabeza, las cejas y las pestañas.

Personalmente yo no me he reconocido nunca en el espejo. Es más, he tratado de evitar mirarme en él porque esa chica no soy yo. Yo soy otra cosa pero no eso. Yo soy alguien vital, enérgica, con proyectos, con ideas, con ganas de avanzar y no alguien enfermiza, débil, permanentemente cansada, floja y sin ánimo.

Sin embargo, cierto es que así he estado en muchos momentos. Precisamente en esos momentos, a través de mi cuenta de Twitter he podido explicar todo mi proceso, contando cada día cómo me sentía. Y una de las cosas que más me han sorprendido han sido los cientos y cientos de mensajes de personas que me escribían para darme su apoyo y que me tenía en sus oraciones. Familias enteras que pedían por mí. Y la inmensa mayoría de esas personas no me conocen en persona. Es algo que me deja sin
palabras.

He recibido cartas con cintas de San Fermín o de la Pilarica. Postales de todas partes del mundo, y cuando digo de todas partes, me refiero a todos los continentes, desde Australia, América, Europa… ¡Increíble!

En octubre terminé el tratamiento tras doce sesiones de quimioterapia, que me modificaron en el primer Pet-Tac de control porque no me estaba haciendo todo el efecto que esperaban los hematólogos. Estaba feliz. Iba a recuperar mi vida. Pero en diciembre me comunicaron que, aunque la quimioterapia había dado resultado, era un resultado parcial. Si bien se había deshecho toda la masa tumoral que invadía mi mediastino, quedaban varios puntos pequeños activos. Lo suficientemente activos como para tener que retomar la quimioterapia y plantear un trasplante de médula autólogo (de mí para mí).

La nueva quimio que me dieron no me hizo nada, por lo que pasé al plan b (siempre
hay un plan b) que es la inmunoterapia, que estoy recibiendo en la actualidad. Si todo
va bien, podremos hacer el trasplante de médula.

Quiero dar muchas gracias a toda la comunidad católica que se preocupa por mí y por
todos aquellos que me tienen en sus oraciones. Dios quiera que algún día pueda decir
que estoy curada. Confiemos.

Mientras tanto, me acompañan las palabras de 2 Corintios 12:10 “cuando soy débil,
entonces soy poderoso”.

Esther Sanz García

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