Cambiar el mundo

“Papá, ¡no hemos rezado!”

¡Papá, papá!” “¡Papá, papá!”… gritaba mi hija sin parar, hasta que, de mala gana, contesto un desabrido, “¡qué!”. “Papá, ¡que no hemos rezado!”. Con tres años recién cumplidos, la pequeña de la casa, me recordaba la importancia de la oración, especialmente antes del descanso nocturno.

Mi desgana, no era producto de estar haciendo algo más importante (¿hay algo más importante que rezar?). Liándome el cigarro que separa el estrés de la tarde-noche con la supuesta calma de acabar de acostar a mis hijos, me las prometía muy felices hasta que la oí gritar.

En ese instante, a pesar del mal humor inicial, por tener que interrumpir mis cosas, me vinieron a la cabeza, los momentos de oración en familia de mi niñez, la paciencia de mi madre rezando conmigo junto a mi cama o incluso, mi abuela, cuando en alguna ocasión estaba enfermo y me quedaba en su casa a dormir, porque mis padres trabajaban.

Los días siguientes, fui pensando en la delicadeza del aviso, en la ternura de Dios para conmigo que me mandaba un mensaje sin encriptar o, como decimos los futboleros, “cortita y al pie”. Y fui pensando en tantas y tantas veces, en las que no he estado atento a las llamadas, en las que he postergado o eliminado la oración en beneficio de cuestiones superficiales.

¡Qué importante es rezar con nuestros hijos! ¡Qué importante es la oración en la vida familiar! Cuando iba al colegio, recuerdo cómo el sacerdote nos explicaba en clase la anécdota de un convicto, que después de una aciaga vida, a punto de ser ejecutado, pedía la asistencia de un confesor. Y cómo, entre lágrimas y avergonzado por sus pecados, le decía a ese sacerdote que, recordando las tres avemarías que su madre le enseñó a rezar de pequeño, Dios había tenido la misericordia de inspirar su petición.

Dios llama siempre. No deja de llamar para que busquemos la intimidad con Él. Unas veces lo hace directamente, y otras, se vale de lo que nos rodea para mandarnos un aviso, un recordatorio, una alerta.

Que no nos coja desprevenidos su llamada y si se encuentra el mensaje de la operadora diciendo “está apagado o fuera de cobertura en este momento” que los gritos de nuestros hijos pequeños, nos vuelvan a conectar con lo que de verdad importa.

Francisco Javier Domínguez López

Artículos relacionados

No se han encontrado resultados.

Últimas entradas

Menú