Testimonios

«Ve y prende fuego a todo»

Esta es la frase que dijo San Ignacio de Loyola a San Francisco Javier cuando partía a anunciar el evangelio. Y es que Jesús en la Biblia dice algo parecido Lc 12, 49: “He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo”

Jesús está deseando que la tierra arda en el fuego de su amor, quiere que todas las almas le conozcan, quiere desbordar su amor sobre ellas y para eso nos necesita a ti y a mí.

Me llamo María, tengo 21 años. Soy la mayor de 4 hermanos y la verdad es que vivido siempre muy cerca de Dios. Mis padres me enseñaron desde pequeñita quién era Jesús y como dirigirme a Él y esto continuó en el colegio, donde no solo me enseñaron a sumar y a restar, sino que recibí una formación integral, humana y religiosa. Fue en el cole donde conocía a mis amigas, a mis “compañeras de vida”.

En los últimos años de colegio empecé a ir por mi parroquia, Santa María de Caná, ahí recibía formación, iba a las adoraciones, comencé a tener dirección espiritual y conocí el grupo de jóvenes (o mejor dicho grupazo, porque gente así no se encuentra en cualquier sitio). Descubrí un lugar donde podía vivir mi fe en comunidad.

Y fue en ese momento en el que me paré un poquito a pensar… miraba mi vida y solo podía dar gracias, lo había recibido todo, una familia unida, amigos con la mirada puesta en el Cielo, una formación integral, ¡MI FE!… Tenía tantas bendiciones que tenía que hacer algo. Cuando eres feliz, te sale hacer partícipe de tu felicidad a todo el mundo y yo solo quería que todas las personas pudieran conocer esto que yo tenía. Y un día salió el tema con el grupo de amigos y todos coincidíamos, nos lo habían dado todo, así que algo teníamos que hacer ¿pero, el qué?

Así, en 2020, surgió WeCat, 6 amigos, con ganas de calmar esa sed de Jesús, creamos una cuenta de Instagram de jóvenes para jóvenes, en la que subimos videos hablando de diferentes temas, desde la oración hasta el Rosario pasando por el Sagrado Corazón de Jesús. WeCat se convirtió en nuestra manera de responder al deseo de Jesús de prender fuego al mundo.

De forma paralela, yo seguía con mis estudios, por aquel entonces había empezado ya Medicina en la universidad pública y estaba enfrentándome a otra etapa de mi vida. En la universidad me encontré con gente estupenda con ideas totalmente opuestas a las mías, pero esto no impidió en absoluto que surgiera entre nosotros una gran amistad. Sin embargo, a medida que avanzaba en la carrera notaba que mi formación se basaba únicamente en datos teóricos, me faltaba una visión humanista de la medicina. Yo había entrado en Medicina con la ilusión de cuidar, de curar a personas, de proteger su dignidad y no encontraba asignaturas que me hablaran de esto en la carrera. Además, en ese momento comenzaron a surgir dilemas, se hablaba cada vez más de la eutanasia y de la posibilidad de que esta fuera aprobada por la ley.

Con estas preocupaciones en la cabeza conocí Ápex, una asociación universitaria de bioética que defiende la vida y la dignidad de la persona. Está formada por estudiantes dispuestos a enfrentarse a un mundo que parece que descarta a las personas más vulnerables y ofrece formación a los universitarios organizando unas jornadas cada año con ponencias impartidas por referentes en el mundo de la medicina.

Fui conociendo esta asociación y esta se convirtió en otra manera de responder al deseo de Jesús de prender fuego al mundo. Dios quiere médicos valientes que cuiden a cada paciente como merece, respetando su dignidad en todo momento, médicos que tengan criterio propio y no se dejen llevar por lo que la sociedad impone.

Y ¿Por qué cuento todo esto? Pues porque soy una chica normal, que de vez en cuando olvida lo importante, se agobia por tonterías, se enfada y desvía la mirada del Señor, pero que, (¡y esto es lo que nos hará santos al final!) vuelve a poner la mirada fija en Él, una y otra vez.

A veces pensamos que tenemos que ser extraordinarios o hacer cosas gigantes para responder a la llamada de Dios, pero no creo que sea así, Dios nos pide que seamos creativos, que allí donde estemos, sea donde sea, en la universidad, en casa, con los amigos… respondamos a su llamada. Porque el amor es creativo y cuando tienes algo tan grande por lo que dar gracias, lo natural es que quieras compartirlo con el mundo entero.

Por eso te animo a que te pares delante de un Sagrario y preguntes: “Señor, ¿Qué quieres de mí? ¿Cómo puedo calmar tu sed?” Y déjale a Él que responda, cuando quiera, como quiera y donde quiera.

¡El Señor tiene sed, tiene sed de ti, tiene sed de almas!

María Chiva

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