Testimonios

Tras las huellas de Calazanz

He encontrado en Roma la manera de servir a Dios, haciendo el bien a los pequeños y no lo dejaré por nada de este mundo” – San José de Calasanz

Me llamo Lucía Tornero, tengo 21 años y actualmente estudio el Doble grado de Educación Primaria + Infantil en Valencia al tiempo que trabajo en la biblioteca de un colegio y soy coordinadora de tiempo libre en la Organización Juvenil Española.

Desde pequeña la escuela ha sido un lugar maravilloso, admiraba profundamente a todos mis profesores y disfrutaba embelesada de cada una de las clases porque no lograba entender como una persona podía saber tanto (imaginaba que empleaban todo su tiempo libre en leer por eso seguí su ejemplo). Adoraba cantar en las Eucaristías de mi colegio y cuando hice la Comunión me sentí una princesa. Por otra parte, mi madre, que es un ejemplazo para mí, también es maestra de inglés y recuerdo cómo llenaba sus clases de canciones y teatrillos. Según me hice mayor toda la inquietud que tenía por la fe se fue disminuyendo hasta tal punto que llegué a pensar que Dios me había dejado de lado por no seguir su camino.

Tengo la suerte inmensa de tener amigos estupendos que me tomaron de la mano en el momento en que más lo necesitaba para llevarme a una adoración de Hakuna en la que descubrí que Dios no me había abandonado, todo lo contrario, seguía mirándome con ojos de amor y ternura y se encontraba allí esperándome. Verlo ahí en la forma me ayudó también a afianzar mi vocación por servir a los más pequeños “Quien no vive para servir, no sirve para vivir” y a seguir formándome y creciendo en la fe junto con la preciosa familia que es la Iglesia.

Lucía Tornero

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