Cambiar el mundo

Sin Dios nada se puede, ni nada sirve

Queridos amigos, echaba en falta escribiros por este mes, espero que sigáis todos bien y que estéis lo mejor posible.

Ya terminamos un mes del año y el siguiente avanza lento pero inexorable, realmente el tiempo es fugaz y se escapa como agua entre las manos. A menudo escuchamos, por fechas navideñas y próximas a fin de año el tan clásico “año nuevo, vida nueva.” Y aunque es buen propósito la verdad es que nada sucede “por arte de magia” y por supuesto nada cambia porque el calendario pase a tener 12 páginas más. Más bien diría que es lo contrario, los problemas parece que crecen, situaciones que se llevan arrastrando mucho tiempo, estallan, crecen los enanos en definitiva.

Aquí me di cuenta, observando a mi alrededor que la falta de fe es uno de los problemas más graves que tenemos entre nosotros, entre los propios cristianos. Viene un problema, viene la tribulación y “pum”, todos a correr. ¿Dónde queda Jesús?. En ocasiones le buscamos como niños desesperanzados que corren a los brazos de su padre, y en otras huimos, presas de nuestro miedo, pensando que nada nos puede ayudar. Y es aquí donde aparecen más problemas, buscamos pequeños “idolillos” en los que refugiarnos, cosas que nos hagan sentir, cosas que nos hagan creer que todo estará bien, y nos olvidamos de que el mensaje no era ese, si no: “coge tu cruz de cada día y sígueme.”

Jesús no prometió una vida sin dolor, ni una vida sin sufrimiento; prometió que a pesar del dolor y del sufrimiento estaría con nosotros hasta el final de los días y que no tuviésemos miedo. A menudo nos cuesta mucho creer estas palabras, nos suenan bonitas al leerlas pero que difícil es llevarlas luego a la práctica. Se que algunos de vosotros estáis pasando por problemas importantes, se que os resulta difícil tener la paciencia y el sosiego que se requiere en estas ocasiones, donde el temor nos hace pensar que ese problema tiene la última palabra. Pero me gustaría mandaros un mensaje de ánimo, nada está perdido y por supuesto que todo tiene solución, aunque sea a última hora.

Insisto, se que os puede resultar difícil pero creedme que cuando afirmamos que para Dios no hay nada imposible, es porque es así. Nada se escapa a su Amor. Ahora bien, necesitamos mucha mucha fe, para poder creer en esto. Me gusta leer nuevos propósitos por el nuevo año, y ver como las personas nos proponemos ser un poco mejores y corregir nuestros defectos; pero debemos recordar que sin Dios nada se puede hacer. De nada sirve proponernos ese “voy a tratar de ayudar a esta persona que no me cae bien” o “este año estudiaré al día” si no lo ponemos en manos de Dios. Confianza amigos, nosotros somos frágiles, pero Dios todo lo puede, y a buen seguro creo, que por mal que parezca ir todo, todo acabará bien. ¡Ánimo!.

Carlos G.M.

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