Testimonios

¡Queridos Jóvenes no tengan miedo de dar todo, Cristo nunca defrauda!

Hace mucho tiempo, antes de entregarle mi vida a Jesús encontré entre algunas imágenes una frase de la Madre Teresa de Calcuta que dice “Ama hasta que duela, si duele es buena señal” y al terminar me enfurecí porque no entendía la verdadera esencia de lo que esta hermosa frase conlleva ni tampoco entendía muchos significados que tiene la vida, pero sobre todo jamás había descubierto tan puro amor misericordioso y pleno como el de Dios. Antes de acudir verdaderamente a su llamado me recuerdo vacía y rota en todos los aspectos, sumergida en las grandes tentaciones del mundo y sobre todo sin ningún rumbo al que ir; la chica de ese entonces se jactaba de decir que Dios no existía y que lo único que importaba era ser buena persona, disfrutar la vida a como diera lugar y dejar que los demás vivieran la suya y, aunque muchas veces parecía ayudar o preocuparme por los demás realmente en el fondo no me interesaba nadie más que yo a pesar de ser introvertida.

En la universidad alguien me invitó a formar parte de un coro católico al que entré por un tiempo corto y después viví una velada juvenil integrándome a la comunidad de Jóvenes Discípulos de Jesús, donde por primera vez vi mas allá siendo Jesús Eucaristía quien se encontraba frente a mí y me dejé llenar de él, vivía crecimientos, labores, misas y todo aquello que me hiciera participe de él; sin embargo aun estando dentro del movimiento me volví a poner la venda en los ojos y solamente escuchaba y veía a mi conveniencia cuando me llegaban las pedradas de lo que mis pecados estaban haciendo en mi vida; literalmente me estaba yendo a la perdición porque me sentía como pieza en un rompecabezas queriendo encajar en donde simplemente no era mi lugar siendo así que me deje absorber por diferentes cuestiones: ser pro aborto y apoyar movimientos feministas con ideologías absurdas y egoístas, amistades falsas y personas que no aportaban más que dolor y sufrimiento pero sobre todo en situaciones de fiestas, alcohol y drogas que me estaban dejando vacía y que me alejaban de lo realmente importante: Mi señor Jesús.

Continué por algún tiempo en esas situaciones viviendo un desierto espiritual sin sentir a Dios o siquiera pensar en él y poco a poco apagando el brillo de mi alma hasta que un día realmente toqué fondo y me hundí por completo; recuerdo que ese día insistí en ir a una fiesta de la escuela, realmente no tenía muchas ganas de asistir pero la tentación era inmensa que podía sentir una ansiedad ahogándome y con las ganas de llenarme por un momento de lo que fuera, sabía que el ambiente sería pesado y turbio pero no me importó porque me encontraba con “amigos y personas que me querían y que cuidarían de mí, comencé bebiendo poco pero mientras más se acercaba la madrugada más y más era el deseo de tomar, de fumar y de envolverme en la fiesta por completo; por un momento cerré los ojos y cuando los abrí me encontraba en mi cama con una resaca insoportable, me sentía asqueada, avergonzada, desorientada y con la incertidumbre de saber que había pasado porque muy dentro de mi sabía que me había expuesto a situaciones sucias y peligrosas. Más allá de perder cosas materiales, la buena comunicación con mi papá y materias de la universidad, me perdí a mi misma; era tanto el dolor de mi cuerpo y de mi alma que sentía una vergüenza tan grande de mi persona, mis inseguridades aumentaron, mis miedos y la poca dignidad que me quedaba se convirtió en un simple escape al que recurría cada vez que me atormentaba el momento, si soy sincera me aterraba presentarme frente a Jesús de nuevo para entregarle cada una de mis heridas, entregarle mis pecados y las ideologías erróneas del mundo, antes de que yo pudiera pronunciar un perdón en su nombre el ya me había perdonado: Él es mi salvador.

Acudir verdaderamente al llamado de Dios, aceptar su evangelio y su voluntad en nuestro día a día es dejar de ser para convertirte en un discípulo fiel, fue justo cuando finalmente pude entender la frase del principio: amar y que te duela es olvidarte de ti mismo y ser para los demás, es ser fiel testimonio del amor que Dios tiene para con sus discípulos, es dejarte inclusive para después si alguien a quien amas te necesita primero, es reconocerte como pecador y desprenderte de hábitos, tentaciones, actitudes o comportamientos que te cuesta soltar para hacerte un mejor cristiano y con ello un mejor ser humano. Amar hasta que duela no significa otra cosa más que buscar la felicidad de mi prójimo y entregar si es necesario la vida como el la hizo en esa cruz por nosotros, para mi Jesús también es un amigo y en él un tesoro, nos habla con la verdad y sin titubear nos dice las cosas que tenemos que escuchar y no las que nos gustaría oír, nos corrige con dulzura y nos muestra la ternura de su amor exigente (porque si también nos exige) sin olvidar que siempre nos da la libertad de elegir.

Día con día vivo conforme a la palabra de Dios, buscando siempre ser testimonio viviente no solo en la relación con el sino también en mi contexto, serlo no con el fin de destacar o ser más que otros, si no con la certeza de que todo está en los pequeños; en mi familia al respetar, amar, cuidar y obedecer a mis padres, en mi comunidad y en mi ministerio al servir fielmente y ser un hermano para los demás y en mi noviazgo siendo amorosa, sencilla y comprensiva compartiendo la vida con la persona que también comparte su vida conmigo, trabajo cada día para parecerme más a María y ser como ella en bondad en compasión pero sobre todo en humildad para decir sin titubeos “he aquí la esclava del señor, hágase en mi según tu palabra” y alcanzar algún día la santidad, ayudar al hermano que está necesitado o al que se ha quedado vació es ayudar a Dios mismo, defender la vida y decir si a ella desde el momento de su concepción, acudir a misa y pasar tiempo frente a Jesús eucaristía también son parte de lo que soy, pero sobre todo quiero siempre amar, servir y perdonar como Jesús lo hace.

Quiero decirles a todos los jóvenes que no teman y no duden porque la fe si mueve montañas y la oración es escuchada por Dios, y que a través de nuestros dones y talentos podemos hacer grandes cosas, el mundo necesita de nuestra hermosa juventud, de nuestra entrega y carisma, de nuestra felicidad y nuestra vida sin excusas como lo dice el papa Francisco: ¡Queridos Jóvenes no tengan miedo de dar todo, Cristo nunca defrauda!

Claudia Castañeda

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