Rincón de Pensar

Narcotizados

El pasado domingo quedé con un amigo para tomar el aperitivo después de Misa de 13.00.

Empezamos hablar y, en un determinado momento, salieron algunos nombres de ciertos conocidos. Me contó algunas de sus andanzas, nada ejemplares, entre ironías y risas. Le paré y le dije: pero ¿Qué piensas hacer? Me contesto: nada, mientras tenga fútbol todos los días, Peaky Blinders y mi cervecita del domingo para qué complicarse la vida.

Me llene de cierta amargura al ver cómo se había convertido en un cristiano de sillón, adormecido. Se lamenta y queja de la situación de la sociedad, pero no hace nada. Es verdad que no hace malo, pero tampoco nada bueno: hace bien su trabajo, tiene una familia sin muchos problemas y casi -como único agobio- tiene una hipoteca que esta a punto de terminar de pagar.

¿De verdad que los cristianos queremos que cambie el mundo? Pues eso supone que abandonemos la mesa-camilla y salgamos fuera. El problema de los cristianos, como dijo el Papa Francisco en un Ángelus del domingo, es que no rezan. Van a Misa los domingos, pero después nada más. Su vida cristiana se reduce a 45 minutos a la semana ¿Se puede cambiar el mundo de ese modo?

Robert Tyrrel

 

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