Testimonios

Mis padres me presentaron a Dios

Todos los días les agradezco a mis padres haberme presentado a Dios, y a Dios que me haya regalado el don de la fe. Ese regalo intento utilizarlo siempre y compartirlo con todas las personas de mi entorno. En casa, en el trabajo, con los amigos e incluso con personas que apenas conozco o que me he cruzado ese mismo día. Para mi sentirme hija de Dios hace inmensamente feliz.

Tener fe en el mundo en el que vivimos es complicado. Somos personas que queremos las cosas lo antes posible, nos gusta tener lo mejor e ir a la última. Pero todo de una forma muy superficial. Muchas veces cuando rezo le pido a María que me ayude a ser como Ella, a aceptar la voluntad de Dios como Ella lo hizo. Pero esas palabras me dan pánico “hágase Tu voluntad”. La mayoría de las veces la voluntad de Dios y la mía no van muy de la mano, pero son tantas las veces que Dios me ha demostrado que caminando con Él todo es mejor, que me resigno y las pronuncio “aquí estoy Señor, haz lo que quieras”. Entonces es cuando me despreocupo de todo y empiezan las cosas a salir bien.

Yo vivo la fe desde que me levanto. Lo primero saludar a Jesús y a María, y pedirles que me ayuden a tener una buena jornada. Normalmente suelo ofrecer el día por alguna intención personal o por la intención de otra persona. Cuando tú Les saludas, Ellos te devuelven el saludo con un recargo de batería del 100%. Salgo a la calle feliz y con una alegría que intento llegue a cada una de las personas con las que me voy cruzando. Esa felicidad que me da Dios, siento que debo compartirla. Esto lo recomiendo. A veces no somos conscientes como una sonrisa a un extraño puede cambiarle el día. Al igual que la misa diaria. Suelo ir todos los días, pero sí que intento ir por la mañana, tengo comprobado que la jornada se hace más amena.

En el trabajo soy consciente de que tanto el director del bufete como mis compañeros son unos regalos de Dios. No todos los días son buenos, ni siempre estamos de buen humor. Pero tengo a cuatro angelitos que me enseñan a cerca de todas las materias, me quieren, se preocupan por mí y siempre están dispuestos a ayudarme en lo que necesito. Cuando no entiendo algo, cuando voy justa de tiempo o cuando las cosas no han salido como esperaba. Ahí está Dios. O cuando llega un cliente al despacho pidiendo asesoramiento jurídico. Ahí está Dios, dándonos la oportunidad de entregarnos a los demás a través del trabajo. Es maravilloso. Creo que a veces no somos consciente de cómo servimos a Dios de esta manera. O en casa ayudando a mis padres cuando me necesitan, el mero hecho de colaborar en las tareas, escuchándoles, pasando momentos con ellos, disfrutando de mis hermanos, de mis familiares. Ellos son angelitos de Dios en la tierra, y cuando los veo a ellos le veo a Él, y me siento súper afortunada de tener tantas cosas maravillosas sin haber hecho nada para merecerlas.

Este año le pedía a Dios que me diera la oportunidad de darme a los demás, salir de mi zona de confort, y otro de sus angelitos en la tierra me dio la oportunidad de colaborar en Caritas de la parroquia que está al lado de casa. No era el tipo de voluntariado que buscaba. Pero ahora soy consciente que ayudar a las personas que tengo a mí alrededor, es increíble. Nos somos conscientes de que no hay que irse a determinados sitios a ayudar. Servir al que tienes al lado es maravilloso, y saber que todo es obra de Dios más aun.

Así vivo la fe, sirviendo a los demás, llevando mi felicidad al prójimo, valorando todos los regalos que cada día me da Dios, y por supuesto acudiendo a la oración. Eso me da la vida.

Almudena González Martín

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