Testimonios

Dios no nos deja acostumbrarnos a Él

Es algo que comprendí cuando decidí volver a Él. Dios es algo tan inmenso, que desborda con creces nuestra medida, nos debería ser prácticamente imposible “acostumbrarnos” a algo así. Seguir a Jesús es un SÍ constante, poniendo todo el corazón diariamente en ese SÍ, como si cada día fuera la primera vez. Y no es nada fácil no caer en la rutina.

Soy Henar, de 23 años. He crecido en una familia con formación católica. Generalmente se cree que, al criarse en una familia así, y rodearse siempre de “Dios”, ya hace el camino fácil. Sí que ayuda para asentar las bases del camino, pero lo que no se sabe es que muchas veces hay trampa. Si no vivimos intensamente lo que nos han enseñado; con ansias de querer conocerLe cada día más y con ese SÍ diario, al estar siempre rodeados de Dios y religión, nos hace caer en una costumbre. Dios se convierte en algo rutinario: misa diaria o semanal, ratito de oración, rosario… pero sin corazón, sin creer realmente lo que vivimos, por inercia. Se convierte en algo ‘por que toca’, o ‘porque así me lo han enseñado’. Dejamos de vivir con Dios y para Dios.

A mí me pasó exactamente eso. Dios se convirtió en mi rutina. Dejé de ponerle corazón y razón. Dejé de entregarme diariamente a Jesús. Me acostumbré a Él, a tenerlo siempre todo fácil y a mano en lo relativo a la religión. Y dejé de vivirlo. Dejó de ser parte de mi realidad.

Y fue cuando a mi vida llegaron los problemas de verdad, que culpé a Dios de todo, y se me desmontó toda creencia, no tenía una base firme y real. Ahí sí que me acordé de Él de corazón y lo hice participe de todo lo malo que me estaba ocurriendo. Con un corazón lleno de rabia y rencor.

¿Por qué un Dios tan bueno permite tanto mal?” “¿Por qué me haces esto?” “¿Por qué no merezco ser feliz?”

Me alejé de Dios durante más de 4 años. Decidí que no quería saber nada de un Dios tan hipócrita y de una Iglesia que a la hora de la verdad no me podía ayudar, y que fue causante de muchos de mis males. Qué equivocada estaba. Han sido los peores 4 años de mi vida. Me aislé del mundo. No me ha faltado nunca de nada, y lo echaba de menos todo. He estado rodeada de gente, y siempre me he sentido sola. He experimentado el vacío, el no saber a dónde voy y por qué motivo. Y el querer acabar con todo de una vez. Perdí la identidad por completo. Pero siempre necesitamos un culpable, y quien mejor que el Creador.

¿Para qué vivir y afrontar los problemas si no hay esperanza?”

Y cuando toqué fondo, me hizo ver que la vida no tiene sentido fuera de Él, es imposible vivirla con plenitud y encontrarle un sentido. Es imposible sentir que, a pesar de las más grandes dificultades, HAY ESPERANZA. Que Le necesitaba.

Toda esta situación, larga, intensa y dolorosa, me ha hecho experimentar el amor de Dios y el poder de la oración, quién lo iba a decir. En gente que nunca se ha rendido conmigo, que siempre ha confiado, que ha rezado a diario para mi reencuentro con Él. Algo que yo realmente deseaba, pero veía imposible. Siempre es difícil volver y dar el paso inicial. Pero no ha sido imposible, nunca lo es. Dios me mandó tres ángeles de la guarda, quienes nunca dejan de cuidarme.

Con todo esto, Dios me ha hecho entender, que no se puede vivir una vida vacía, rutinaria, por inercia… No es simplemente creer en Él y que existe. Por qué al mínimo problema te desmonta.

Es vivir lo que crees, hacerlo tuyo, ¡PORQUÉ ES TUYO! Él nos lo ha dado todo.

La vida no es fácil. Pero cuando hay un motivo real para vivirla, cuando sentimos esperanza, los problemas se viven de otra forma y dejamos de culpar al Creador. Él es el motivo.

Para vivir una vida plena, no te dejes llevar por la rutina. Vive cada día como si fuera tu primer encuentro con el Señor, vive cada SÍ como el primero. Busca siempre al Amor, es el único motor del mundo. Abraza los problemas, y descárgalos en Él.

De verdad, TODO TIENE UN SENTIDO. Nunca dejes de buscar la Verdad. Es una carrera de fondo.

Henar Moreno

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