Cambiar el mundo

¿Picas piedras o construyes catedrales?

Jerónimo Nadal, discípulo y amigo de San Ignacio de Loyola, fue un jesuita que acuñó el término “contemplativos en la acción”. Esto es algo que podemos traducir como contemplativos del día a día.

El término se trata precisamente de eso, encontrar a Dios en el día a día, en lo cotidiano, en la rutina, en el camino a la universidad o al trabajo, en aquella persona que busca nuestra ayuda o que vemos que necesita un empuje, en el estrés diario, en nuestra pequeña oración, en las horas de ocio…en definitiva, buscar su presencia en todas las situaciones, porque así, cobraran sentido.

El ritmo actual de nuestras vidas nos lleva a correr el riesgo de sumergirnos en nuestra rutina, nos hace herméticos ante las alegrías y problemas de los demás, aislados de sentir o pensar. En una sociedad en la que lo tenemos todo al alcance de nuestra mano, cada uno hemos encontrado una forma de evadirnos, de encerrarnos en nosotros mismos y no dejar que nos toque la realidad. Este es el camino más rápido para endurecer nuestro corazón.

Necesitamos aprovechar nuestra rutina para darle un sentido más profundo, agradecer todo lo bueno que esconde nuestro día a día, todas esas oportunidades y regalos que puede que otros no tengan.

Por otro lado tenemos que mirar al prójimo y ver sus necesidades. Si puedes hacer sonreír a alguien que lo necesite, hazlo. Si puedes ayudar, ayuda. Si puedes poner compañía donde hay soledad, no dudes.

El día que nacemos Dios nos dice: ahí tienes la vida, ¿Qué eres capaz de construir con ella?

¿Y tú? ¿Picas piedras o construyes catedrales?

Hay una parte de la carta a Diogneto, que lo dice todo.

Los cristianos no se distinguen de los demás hombres, ni por el lugar en que viven, ni por su lenguaje, ni por sus costumbres. Ellos, en efecto, no tienen ciudades propias, ni utilizan un hablar insólito, ni llevan un género de vida distinto. Su sistema doctrinal no ha sido inventado gracias al talento y especulación de hombres estudiosos…pero los cristianos son en el mundo lo que el alma es en el cuerpo.

Me gustaría terminar con una frase que San Juan Pablo II repetía mucho: El amor me lo ha explicado todo.

Adrián González

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