Cambiar el mundo

Cómo sentir el amor de Dios

Señor mío y Dios mío, muchas veces veo cómo la gente intenta sentir tu Amor, tienen realmente sed de experimentarlo, quieren encontrarlo. Yo misma me encuentro en esa búsqueda muchas veces. He pasado y paso a lo largo de mi vida por momentos en los que lo siento más profundamente y otros en los que creo haber perdido esa conexión con el Cielo. Es difícil de explicar y a veces un poco desesperante, pero creo haber sacado una conclusión de estos encuentros y desencuentros que puede ayudar a alguien más a entenderlos y, en definitiva, a encontrarte.

Me he dado cuenta de que lo que me acerca a Ti no son los “ticks” en mi lista de propósitos, mis logros en mis deberes, mis metas conseguidas. Lo que me ayuda a sentirte conmigo es ver las casillas en blanco de esa lista, las derrotas, mis fracasos; porque son estos los que me hacen sentir criatura frente a su Creador y con ello sentir la infinita necesidad que tiene mi ser de Ti, Dios mío.

Muchas veces nos auto-animamos diciéndonos a nosotros mismos lo “cracks” que somos, rememorando todo lo que hemos conseguido, recordando que ya lo hemos hecho y convenciéndonos de que podríamos hacerlo de nuevo. Que graciosos somos ¿verdad Jesús? No nos damos cuenta de que el que puede eres Tú, que si algo hemos conseguido ha sido por Ti y por tu gracia.

Pero el problema no es que seamos un poco motivadillos, lo cual puede quedarse en una graciosa ingenuidad. El problema es que caigamos en una fría y ceguera soberbia que nos lleve a ignorar nuestros defectos y pecados. No nos damos cuenta de que con ella brindamos al demonio el mayor de los placeres; pues nos creemos fuertes y capaces, permaneciendo ajenos a nuestra necesidad de Dios, ¿y qué mejor regalo para el demonio que nuestro delirio de omnipotencia al creernos suficientes e independientes?

Si ignoramos nuestros pecados, ya sea por falta de examen de conciencia o por soberbia, acabaremos por desconocer nuestra fragilidad, la cual bien reconocida nos conduciría directos a los brazos del Padre. Por lo que, no deberíamos tener miedo de sentirnos frágiles y débiles, sino que muchas veces -cuando estemos confiando demasiado en nuestras propias fuerzas y creyéndonos más de lo que somos- debemos buscar reconocernos pobres y pequeños porque será eso lo que nos lleve a sentir la compasión y el Amor de Dios ante un corazón humilde y contrito; el identificarnos como criatura necesitada de su Creador. Y un creador que no dicta sino que ama, consuela y protege.

Con todo, la respuesta que yo he encontrado a estos encuentros y desencuentros con el Amor de Dios es la necesidad de ahondar en el conocimiento de dos realidades. Por un lado, en mi misma, en mi pequeñez y dignidad, en mis deseos de hacer el bien y, al mismo tiempo, mi inclinación al mal. Por otro, en la infinita sabiduría de Dios, su bondad ilimitada, su omnipotencia.

Contemplarme débil me ayuda a sentirme criatura, limitada, frágil, necesitada. Ya decía un santo que: “Solo los soberbios se sorprenden al ver que tienen los pies de barro”, más los humildes de corazón no se sobresaltan ante sus fracasos, sino que se reconocen pequeños y acuden a su Padre. “Quien adquiere el pleno convencimiento de su nada, se vuelve idóneo para adorar a Dios”.

A su vez, aceptarme Hija de Dios me ayuda a no caer en el desánimo por tanta falta y pecado. Saber que Dios me quiere pequeña (y perseverante) me anima a no rendirme, sino a luchar por ser la pequeña más ilusionada del mundo por subir pronto a las rodillas de mi Padre.

Es necesario que asuma que nada soy, nada tengo, nada puedo. Pero igual de relevante es saber que Él es todo lo que necesito, que si lo tengo a Él nada me falta, y que es omnipotente. Y lo más importante, que quiere que lleve esa nada ante Él para que me llene de Vida, Paz, Felicidad, Amor; para que mi nada se colme de gracias, se llene de Dios.

¿Qué no sientes el Amor de Dios en tu corazón? Empieza por reconocer que necesitas ese Amor. Que no eres el guay que a veces quieres parecer. Que no eres indestructible como pretendes aparentar con esa coraza. Que polvo eres y en polvo te convertirás. Pero que hay todo un Dios moldeando barro para hacer auténticas obras de arte, simplemente, hazte moldeable rompiendo esas sequedades que la soberbia, la falta de auto conocimiento, la tibieza en el examen de conciencia… dejan en ti. Partiendo de ahí, empezarás a sentir sus Manos abrazándote, y moldeándote el corazón con delicadeza, cuidado y cariño. Y no hay amor que se sienta más fuerte e intensamente que el de Dios cuando no para de actuar en tu corazón día tras día porque le ruegas que lo haga, consciente de tu propia debilidad.

Tú, hijo mío, eres una pobre criatura llena de miserias, de pequeñez, tantas veces juguete de la soberbia, de la sensualidad. Aun así, Dios te ha escogido, sabiendo cómo eras, sabiendo que podías llegar a ser un instrumento maravilloso”. Y todo, porque hablamos de un Dios enamorado de su criatura hasta la muerte, hasta la Cruz, hasta la comunión, hasta la eternidad.

Marta Mata

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