Cambiar el mundo

Sacerdotes en el rural

Hoy he leído en “Atlántico Diario” un reportaje, firmado por Marisol Oliva, sobre los sacerdotes en el rural de la diócesis de Tui-Vigo, en la que estoy incardinado.

Nuestra diócesis tiene una población de algo más de seiscientos mil habitantes. Geográficamente, es muy pequeña. Creo que es la más pequeña de las diócesis peninsulares de España: mil setecientos dieciocho kilómetros cuadrados. Equivale a la mitad sur de la provincia de Pontevedra, en la Comunidad Autónoma de Galicia.

Cuenta, en total, con doscientas setenta y seis parroquias, agrupadas en catorce arciprestazgos. En la diócesis hay ciento setenta y cuatro sacerdotes, muchos de ellos ya jubilados y retirados.

En el reportaje de “Atlántico Diario” se recogen los testimonios de algunos sacerdotes que ejercen su ministerio en el ámbito rural. Aparece Daniel Goberna, párroco de Oia y de otras parroquias. Un músico excepcional, canónigo responsable de la música en nuestra catedral.

Aparece Gonzalo Otero, un sacerdote joven, que desempeña su labor pastoral en cuatro parroquias de Ponteares. Y don Isaac de Vega, con quien tuve el honor de colaborar como voluntario en el Centro Penitenciario de A Lama. He podido, gracias a esa colaboración, conocer un poco más una prisión desde dentro.

También se recoge el testimonio de un sacerdote ya veterano, don Avelino Rodríguez, párroco de Cabral, en el entorno de Vigo. Tiene ochenta y cinco años y ahí sigue, dándolo todo.

Entre los más jóvenes, aparece Sebastián Castro, que ha acompañado a nuestro Sr. Obispo en su reciente visita “ad límina”. Sebastián era, cuando se ultimó lo de la visita, el secretario del Sr. Obispo. Y también José Antonio Eiró, que no hace mucho se licenció en Teología, en la especialidad de Teología fundamental, en el Instituto Teológico Compostelano.

De los más jóvenes he sido profesor en el Instituto Teológico. Y veo que han salido unos sacerdotes muy bien preparados. De los que son un poco mayores, soy compañero y amigo.

Con todas las limitaciones y defectos, que se deben a nuestra condición humana, marcada por el pecado, creo que no hay, en todo el mundo, una institución tan admirable, tan benefactora, tan próxima a las personas como la Iglesia.

En este reportaje se da cuenta, sobre todo, del aspecto humano y social de la labor de los sacerdotes. Pero eso es solo el significante, o parte del significante. El significado es más profundo. La Iglesia es el cuerpo de Cristo: “la Iglesia es en Cristo como un sacramento, o sea signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano” (Lumen Gentium 1). Lo que se ve, el aspecto humano y social, remite a lo que no se ve, la comunión con Dios.

Cuando está de moda hablar mal de los sacerdotes, reconforta leer un reportaje como el de “Atlántico Diario”. Y reconforta porque lo que dice es verdad. Simplemente.

Estoy convencido de que la mayoría de las personas aprecian a los sacerdotes. Sin embargo, esta estima no suele reflejarse en los medios de comunicación. A veces sí se refleja, gracias a Dios.

Guillermo Juan Morado

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