Cambiar el mundo

Vida: ¿experiencia o proyecto?

Desde la televisión, la radio y las redes sociales se nos bombardea constantemente con todo tipo de experiencias: viajes, relaciones de todo tipo, comidas, diversos placeres, emociones, fiestas, etc. ¿Pero te has parado alguna vez a pensar si la vida debe ser así?

Ni nuestra relación con Dios, ni el matrimonio o noviazgo, ni nuestra relación con nuestra familia y amigos han de ser una experiencia que vayamos coleccionando ya que es una concepción individualista (y por tanto egoísta) de la vida y dicha concepción vital es incompatible con lo que Dios nos propone a cada uno de nosotros. ¿Y por qué esto es de esta manera?

Es de esta manera porque la «experiencia» nos hace adquirir un estado pasivo frente a la vida. Es decir, pasamos a estar en una constante espera aguardando siempre algo más de los demás, posicionándonos como centro de todo y de todos.

En cambio, el «proyecto» requiere de voluntad, de esfuerzo, de fe y de compromiso. El mejor ejemplo de esto lo hallamos en María. Ella, con su fiat, salió al encuentro de su prima Santa Isabel para asistirla en lo que necesitase. María podría haber optado por permanecer en Nazaret (quizás dando paso a la angustia y a la preocupación) reflexionando sobre las palabras del Arcángel y divagar sobre el qué podría pasar en un futuro. Sin embargo su fe, su confianza en Dios y su amor por Él la empujó a entregarse al prójimo de una forma abnegada.

El hágase de María se traduce en un activismo amoroso que lleva a Nuestra Madre olvidarse de sí misma. Gracias a su vida de oración («María guardaba todo esto en su corazón») María es capaz de abandonarse en Dios para que transforme su vida.

Manuel de Toro

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